Cómo podemos afrontar la competencia desleal china

El nacionalismo, el proteccionismo y la imposición de supercampeones europeos no son la solución

Cómo podemos afrontar la competencia desleal china

Es evidente que China ha sido la gran beneficiada de la última fase de liberalización del comercio mundial y de su entrada en la OMC. Últimamente ha crecido el malestar –no solo en EE UU, sino también en Europa y otros continentes– respecto al limitado alcance de la apertura de los mercados chinos a la competencia exterior, el ritmo demasiado lento de su apertura y sus condicionantes, así como el apoyo desleal del Estado chino a sus empresas claves.

Hay asimetría, de­sequilibrio y falta de la adecuada reciprocidad y tanto las empresas como las instituciones europeas e internacionales lo manifiestan ya sin ambages ni disimulos. El enorme crecimiento del poderío chino en múltiples frentes (incluyendo el tecnológico, cada vez más importante) hace más flagrante todavía el desequilibrio y evidente que los tiempos en que a China se la podía tratar como un país en desarrollo o ser condescendiente con las dificultades internas en sus avances hace tiempo que debían haber pasado a la historia. Su política internacional expansiva en Asia y otros continentes (África, Latinoamérica, entre otras zonas) incrementa la importancia de las distorsiones competitivas y de mantener un mismo campo de juego a nivel global.

No es pues de extrañar que la Comisión Europea aprobase el pasado 12 de marzo una nueva comunicación sobre su visión estratégica de las relaciones UE-China (EU-China-A Strategic Outlook) en la que se explicita un giro de su visión y de su política sobre China. Reclama una relación económica más equilibrada y mayor reciprocidad. Reconoce abiertamente las limitaciones de los instrumentos europeos actuales para hacer frente a los efectos en el mercado común y sobre los intereses europeos de operadores fuertemente apoyados y/o financiados por sus Gobiernos. Por ello, la Comisión se declara dispuesta a explorar vías para cerrar esta laguna y dotarse de instrumentos eficaces para hacer frente a estos desafíos. Además, propugna la necesidad de una renovada estrategia europea de política industrial.

La nueva Comisión, que pronto empezará su mandato, tiene por delante un importante desafío a este respecto: lograr una adecuada combinación entre, por un lado, la defensa de la libre competencia/libre comercio que siempre ha defendido y debe seguir impulsando, y, por otro lado, la lucha contra la competencia desleal y falta de reciprocidad de actores globales y el impulso a una política industrial y tecnológica esencial para que Europa pueda competir en los mercados globales.

Huelga decir que la respuesta no puede ser un cambio radical del modelo europeo. El nacionalismo económico, el proteccionismo y la imposición de supercampeones europeos a toda costa no puede ser la solución.

Es buen ejemplo la decisión de la CE de prohibir la fusión de la alemana Siemens y la francesa Alstom en el sector ferroviario. Una decisión que levantó una gran polémica en algunas capitales, en especial en París y Berlín, que habían ejercido presión para que la Comisión autorizase la operación. Argumentaban que debía tenerse muy en cuenta la competencia global, en especial la del principal operador chino, CRRC. Tanto las empresas como los Gobiernos francés y alemán insistían en que era una magnífica oportunidad para promover un campeón europeo que pudiese hacer frente al nuevo gigante chino y que Europa no debía ni se podía permitir prohibir la operación. El veto ejercido por la Comisión Europea levantó críticas muy duras contra la propia Comisión y su política de la competencia: la tacharon de anticuada, obsoleta y de no tener en cuenta la nueva realidad de la competencia global; defendieron que debe haber otra forma de interpretarla y que, en caso contrario, habría que reformarla para adaptarla a la globalización y muy en especial al desafío chino.

¿Son estas críticas acertadas? ¿Verdaderamente no se tuvo en cuenta el escenario global y se requiere una reforma de la normativa? No y no. La normativa actual permite tener en cuenta la existencia de otros competidores no solo actuales, sino potenciales, incluyendo a los globales. Si estos existiesen y ejerciesen suficiente presión competitiva sobre la proyectada nueva entidad fusionada, se autorizaría la concentración. En Siemens/Alstom, la Comisión sí valoró si la empresa china CRRC podía jugar ese papel, pero llegó a la contundente conclusión de que CRRC no podía ejercer una presión competitiva significativa ni en el EEE ni en el mercado mundial fuera de China, Japón y Corea del Sur, dado que: ni había obtenido ninguna licitación ni se le estaba ni siquiera invitando a presentar ofertas futuras dentro del EEE; y a nivel mundial, fuera de los tres países asiáticos arriba mencionados, solo había ganado una no competitiva, concedida a través de una negociación directa entre Gobiernos. No era pues realista considerar que pudiera ejercer la presión competitiva necesaria para compensar la fuerte reducción de la competencia que la fusión supondría. De este modo, la Comisión defendió los beneficios de la competencia en el mercado único para los consumidores europeos negándose a favorecer artificialmente la creación de un supercampeón europeo.

Europa debe seguir siendo adalid de la libre competencia y el libre comercio, pero sin ingenuidades, dotándose de los instrumentos necesarios que le permitan afrontar la competencia desleal a nivel global y luchando firmemente contra ella, presionando para eliminar las asimetrías y la falta de reciprocidad, pero sin dejarse llevar por la tentación de entrar en una deriva proteccionista que no es parte de nuestro modelo ni nos conviene. Deseamos mucha suerte a la nueva CE en esta trascendental tarea.

Jerónimo Maillo es Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad CEU San Pablo