Así afectan los tipos negativos al sector financiero

Los márgenes se han estrechado y ha aumentado la presión para que haya fusiones

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La materia prima del sector financiero es el dinero. Así que, cuando el dinero no vale nada, ¿cómo pueden lograr beneficios los bancos, las aseguradoras o los gestores de inversiones? Despejar esta incógnita es la prioridad número uno de los directivos de la industria desde hace años.

Las soluciones no son evidentes. Los tipos cero han acelerado los procesos de concentración bancaria (cuando se fusionan varias entidades pueden reducir sus costes y mejorar su rentabilidad) y han llevado a las aseguradoras a buscar un mix de producto en el que tuvieran menos peso los seguros de vida-ahorro, muy condicionados por los tipos de interés. El sector de la gestión de activos se ha visto además obligado a apostar por fondos más baratos y productos alternativos (para tratar de arañar algo de rentabilidad).

Algunas patronales del sector, especialmente las alemanas, han empezado a hacer sonar las señales de alarma por la prolongación indefinida de los tipos bajo cero. Varios trabajos académicos apuntan a que está provocando una debilidad tan grande en el sector bancario que está haciendo que se resienta la correa de transmisión de la política monetaria: bancos tan endebles que no consiguen que los bajos tipos de interés lleguen a todos los particulares y empresas que quieren financiación barata.

“Los tipos cero están provocando muchas distorsiones y riesgos morales. Se premia en exceso al endeudo y se penaliza al ahorrador. Traerá consecuencias”, se queja el presidente de una de las grandes gestoras españolas.

1. Banca

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Ningún sector ha sufrido tanto por los tipos cero como los bancos. Su negocio consiste en captar recursos (vía depósitos o con emisiones de deuda) y prestarlo a particulares y empresas, a un precio mayor. Una de las principales métricas de gestión de la industria es el margen de intereses, la diferencia entre lo que les cuesta el dinero y los intereses que ingresan por dar crédito. Es una de las principales señales de la salud de una entidad, pero en España, y también en Europa, lleva cinco años a la baja.

El anuncio por parte del Banco Central Europeo (BCE) de que va a prolongar de forma indefinida su política de tipos cero ha sido un jarro de agua fría para el sector. En los últimos cinco años, la cotización bursátil de los 60 mayores bancos europeos se ha desplomado de media un 23,8%. La pérdida de valor habría sido mayor si no hubiera sido por la aportación positiva de filiales fuera de la zona euro. El sector cotiza con un descuento del 30% sobre su valoración en libros, y en el caso de entidades como Bankia, el descuento roza el 60%

Para tratar de fomentar que los bancos presten más dinero a la economía real, el BCE estableció en 2016 un tipo negativo en la facilidad de depósito. ¿En qué consiste esta medida? En que a las entidades les penaliza llevar sus puntas de liquidez al banco central, porque les cobra un 0,5% anual. Esta medida se ha prolongado tanto tiempo que el sector se ha visto obligado a aplicar un coste en los depósitos de los grandes clientes: corporaciones, gestoras de fondos, administraciones...

De acuerdo con los cálculos de la Asociación de Bancos Alemanes, los tipos cero le costaron a la banca el año pasado 7.500 millones de euros.

La política monetaria se han juntado con varios reveses judiciales que han ampliado su efecto. Es el caso de las cláusulas suelo. Era una salvaguarda del sector para seguir ganando dinero aunque los tipos del BCE estuvieran en mínimos históricos. La Justicia tumbó la inmensa mayoría por considerarla una cláusula abusiva, y la banca tuvo que devolver miles de millones de euros que había cobrado de más.

Ahora, la estrategia hipotecaria pasa por comercializar hipotecas a tipo fijo. Mientras el precio del dinero siga tan bajo, al menos se garantizan un margen en los créditos, algo que con los tipos variables casi no tenían.

Pero este tipo de medidas paliativas no son suficientes. Para tratar de sobrevivir en la era de los tipos negativos, el sector ha buscado reconvertirse y buscar otras fuentes de ingresos, más allá de los préstamos. Desde hace cinco años, todas las entidades han puesto el foco en negocios generadores de comisiones, como es la venta de pólizas de seguros, fondos de inversión y planes de pensiones. En algunos casos, como CaixaBank, esta ha sido la gran tabla de salvación del grupo.

En los primeros años de la década de los 2000, todavía había muchos bancos que hacían bandera de las comisiones cero, pero a partir de 2014 ese tipo de prácticas comerciales fueron desapareciendo, y los bancos volvieron a cobrar por las tarjetas, por los ingresos, por el mantenimiento de cuenta. Entre los grandes bancos españoles, los ingresos por comisiones ya representan casi un tercio de los ingresos.

Además de vender fondos o seguros, otra de las fórmulas que ha buscado la banca es volcarse en el asesoramiento. En lugar de lograr una comisión dentro de los vehículos de inversión, cada vez más entidades ofrecen a sus clientes la posibilidad de firmar un contrato de gestión discrecional de carteras.

De todas formas, las medidas parecen insuficientes. “La expansión de las políticas de bajos tipos de interés aboca a la banca a una nueva ronda de fusiones. Es la única forma que tienen para seguir siendo rentables”, explica Ricardo Cañete, gestor de fondos de Bestinver.

2. Seguros

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Las compañías de seguros europeas también han sufrido por la prolongada política de bajos tipos de interés. Este tipo de negocio se basa en captar recursos de sus clientes, en forma de pólizas, a cambio de cubrirles ante riesgos futuros. Pero el impacto de los tipos cero es muy diferente según el ramo. En el caso de los seguros de vida y de ahorro es mayor que en el resto.

Un caso paradigmático es el de las aseguradoras alemanas. Durante los años 2000 comercializaron seguros de vida que prometían unas rentabilidades garantizadas del 3% al 6%. Tras el desplome de los tipos, las compañías ya no encuentran bonos en los que invertir para lograr esos rendimientos por lo que esos productos se han convertido en una fuente permanente de pérdidas.

En España, el sector ha librado mejor porque consiguió que el regulador aceptase un modelo de cálculo de capital que obliga a las compañías a vincular las rentabilidades y los vencimientos de los productos comercializados, con las rentabilidades y rendimientos de los bonos en los que invierten. “Si no hubiera sido por la figura del casamiento de pólizas e inversiones, las aseguradoras habría sufrido mucho más”, suele recordar la presidenta de la patronal aseguradora (Unespa), Pilar González de Frutos.

Aunque los tipos cero no han provocado casi pérdidas, sí que han hecho que las pólizas de ahorro tradicionales pierdan su atractivo, porque apenas pueden ofrecer rendimientos. Una de las alternativas ha sido empezar a vender seguros de vida ahorro en los que el tomador asume el riesgo de la inversión. En estos casos, el activo subyacente es un fondo que puede invertir no solo en bonos, sino también en Bolsa.

“Todas las aseguradoras europeas estamos en proceso de transformación impulsado, en parte, por la política monetaria del BCE. Una de las salidas que estamos analizando es crecer en la gestión de activos”, explica José Luis Jiménez, director de inversiones del grupo Mapfre.

La mayor aseguradora española acaba de cerrar una alianza con la firma de banca privada Abante, y se plantea crecer con alianzas con otras gestoras y bancas privadas. Hace tres años tomó una participación en la gestora de fondos francesa La Financiére Responsable (LFR). “Creemos que ampliar la oferta de un producto puramente asegurador a una visión más global, que incluya productos financieros, puede beneficiar mucho al cliente”, reflexiona Jiménez.

Mapfre no es la única aseguradora que ha emprendido esta vía. Santalucía, líder en seguros de decesos, compró hace tres años el negocio de Aviva en España, que incluía una potente gestora de fondos. Mutua Madrileña ha adquirido participaciones en una firma de banca privada y dos gestoras. Y firmas como Caser o Axa han creado divisiones especializadas en clientes de altos patrimonios.

La ampliación de la oferta de productos ha permitido al sector salvar los muebles y mantener un nivel de ingresos recurrentes que atrae mucho a los inversores. En los últimos cuatro años, la aseguradoras europeas se han revalorizado un 14,1%. Con el temor a una posible recesión global, han sido muchos los fondos que han visto en el seguro un sector sólido para capear el temporal.

3. Fondos

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El principal ingreso de las gestoras de fondos de inversión y de planes de pensiones son las comisiones que cobran a sus clientes. Estas suelen ir del 0,5% al 2%, en función del riesgo. Los fondos de Bolsa llegan a cobrar un 2,5% y los de bonos aplican comisiones mucho más bajas.

En España, el perfil del comprador de este tipo de productos financieros es muy conservador, por lo que predominan los fondos y planes garantizados y de renta fija. Con el 40% de la deuda pública europea cotizando con rendimientos negativos, ganar algo de dinero para los clientes se han convertido en misión imposible. Por ejemplo, los fondos monetarios (que invierten en depósitos y deuda a muy corto plazo), han perdido de media un 0,24% anual en los últimos tres años. En los fondos de renta fija europea a corto plazo la pérdida media anual ha sido del 0,19%. Los fondos mixtos han ganado un pírrico 0,34%, de acuerdo con datos de Inverco, la asociación del gestoras.

Como las firmas no logran rendimientos atractivos para sus clientes, han tenido que ir reduciendo las comisiones. En 2015 todavía superaban el 1% anual, pero ahora están por debajo del 0,8%.

“Los tipos cero nos obligan a reinventarnos, a buscar otro tipo de activos y especialidades para aportar valor a nuestros clientes”, apunta el presidente de una de las grandes gestoras españolas.

Una de las tendencias del sector en todo el mundo es empezar a ofrecer la opción de invertir en activos que no son Bolsa ni bonos. Esta misma semana, la gestora de Renta 4 Banco lanzó una nueva gama de fondos de capital riesgo, que invierten en compañías que no cotizan en los mercados. Eso sí, la barrera de entrada para este mundo no está al alcance de todo el mundo: el importe mínimo de inversión supera los 100.000 euros.

Otra tendencia ante el estrechamiento del margen en la industria pasa por potenciar los fondos indexados. En lugar de contar con un equipo de analistas y gestores que profundicen en los balances de las compañías y hagan una gestión activa, las gestoras lanzan fondos que se dedican a replicar la evolución de índices bursátiles o índices de bonos. Al tener menos gastos pueden cobrar comisiones mucho más baratas.

“Creemos que hay una zona gris entre la gestión pasiva y la gestión activa, que tiene muchísimo potencial, porque le puede aportar mucho al cliente”, explicaba el consejero delegado de J.P. Morgan Asset Management, George Gatch, en un reciente encuentro con periodistas. La firma, una abanderada de la gestión activa, decidió hace cuatro años comenzar a comercializar fondos indexados y ya tiene más de 30.000 millones de euros bajo gestión.

Otro de los movimientos que están provocando los tipos de interés cero y el estrechamiento de márgenes es una tendencia a la concentración del sector. En los tres últimos ejercicios se han producido una decena de operaciones corporativas en España. La gestión de activos es un negocio de escala. Se puede gestionar con los mismos recursos una cartera de 500 millones, que una cartera de 5.000 millones, pero los ingresos son 10 veces mayores en el segundo caso.

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