UE

Johnson recaba el apoyo a su plan del partido conservador

Dublín rechaza la propuesta, que otorga al parlamento de Stormont poder de veto

El primer ministro Boris Johnson gesticula ayer en su discurso en la conferencia del partido conservador.
El primer ministro Boris Johnson gesticula ayer en su discurso en la conferencia del partido conservador. Getty Images

El plan para el Brexit anunciado ayer por Boris Johnson está superando hoy un test que propuestas anteriores no consiguieron: el apoyo de las dos alas del partido conservador: la euroescéptica y la más europeísta. Con apenas 28 días de margen antes de que se cumpla la fecha límite del 31 de octubre, el Gobierno de Londres fíala salida negociada de la UE al  plan del primer ministro, que en todo caso debe superar la prueba de convencer a la Unión Europea.

El proyecto ha sido presentado al Gobierno en la mañana de hoy, y se espera que en la sesión de la Cámara de los Comunes o bien el propio Johnson o el ministro para el Brexit, Steve Barclay, tendrán que responder a las preguntas de los diputados. De momento, los euroescépticos Steve Baker y John Baron, que en su día rechazaron los acuerdos de Theresa May, han respaldado, con cautelas, el plan de Johnson, que  permite "vislumbrar un aciuerdo tolerable".

Mientras, el ex secretario del Tesoro Phillip Hammond, expulsado de su partido tras votar contra Johnson el mes pasado, ha asegurado que el plan tiene un "tono constructivo", matizando no obstante que además de a los euroescépticos y a los unionistas, Johnson debe convencer a la Unión Europea.

El proyecto de Johnson, que amenaza con un Brexit sin acuerdo el 31 de octubre en caso de no pactar una salida negociada, intenta salvar el escollo de Irlanda del Norte mediante una fórmula mixta: el Ulster será parte del mercado común (por lo que el tránsito de personas y mercancías es libre) pero no de la unión aduanera, por lo que tampoco habrá una barrera comercial entre Irlanda del Norte y la isla de Gran Bretaña. El plan obliga, no obstante, a realizar controles aduaneros sobre las mercancías que cruzan la frontera en la isla, un aspecto sobre el que Johnson no ha ofrecido detalles.

Esta noche Johnson tiene prevista una conferencia telefónica con el presidente del Consejo de Europa, el polaco Donald Tusk. Fuentes de Downing Street han indicado a Bloomberg que Londres trabaja con el escenario de 10 días de intensas negociaciones antes de la cumbre europea del día 13. La respuesta de ayer de Bruselas fue agridulce: la propuesta británica recoge demandas europeas, especialmente la ausencia de una frontera física, pero por otro lado la salvaguarda queda condicionada a la aprobación de la Asamblea de Irlanda del Norte. Sin ella, caducará a los cuatro años y volvería la frontera. Una posibilidad que Bruselas y Dublín rechazan de plano porque contradice los acuerdos de paz de Viernes Santo.

Ayer el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, habló con Johnson, nada más recibir su carta con las nuevas propuestas. "El presidente señaló que aún hay puntos problemáticos que necesitarán más trabajo en los próximos días (...) El delicado equilibrio que logran los Acuerdos del Viernes Santo debe preservarse", señaló la Comisión, que en todo caso reconoció a Johnson "avances positivos" en asuntos que habían formado parte de la postura negociadora europea en la defensa de su mercado único: el alineamiento regulatorio para el intercambio de mercancías y el control aduanero en bienes que lleguen a Irlanda del Norte desde el resto del Reino Unido.

Desde Dublín, el ministro de Asuntos Exteriores, Simon Coveney, ha asegurado que el Ejecutivo nunca firmará un acuerdo que otorgue poder de veto a la asamblea norirlandesa sobre las medidas que deben prevenir una frontera dura. "No tienen sentido propuestas que dan a una de las partes, incluso a una minoría de ellas, poder de veto".

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