Bruselas no debe ceder a un plan de Brexit que solo beneficia a Londres

La propuesta de Johnson supone dejar al Ulster con un pie dentro y otro fuera de la UE hasta 2025

Con la arrogancia que le caracteriza, Boris Johnson anunció ayer en la clausura del congreso anual de su partido una nueva propuesta de plan para el Brexit “razonable y constructiva”, pero, sobre todo, inamovible. El acuerdo que quiere imponer a Bruselas incluye modificar la denominada salvaguarda irlandesa para dejar al Ulster sin controles fronterizos, pero con un pie dentro y otro fuera de la UE hasta el año 2025. La solución de Johnson prevé que Irlanda del Norte abandone la unión aduanera, pero siga dentro del mercado único durante cinco años más. La ventaja de este esquema –ventaja para Londres, naturalmente– es que mantendría la libre circulación de personas y bienes entre las dos Irlandas y al tiempo permitiría a Reino Unido firmar acuerdos comerciales. Su punto flaco, que Johnson no ha explicado aún, es cómo se puede aplicar esa solución sin establecer controles duros en la frontera del Ulster, tal y como correspondería a un territorio que deja la unión aduanera europea. Esos interrogantes hacen que la propuesta parezca, al menos a primera vista, un ejercicio de terco voluntarismo político llevado a cabo al margen de toda realidad práctica o quizá, como sostiene la oposición laborista, un intento de forzar el Brexit duro bajo la apariencia de haber hecho todo lo posible para cerrar un último intento de acuerdo. No en vano, Johnson advirtió ayer de que la alternativa a un rechazo a su plan es una salida con portazo.

Bruselas ha acogido la propuesta con una buena dosis de frialdad, aunque sin cerrar la puerta a la posibilidad de discutirla. No parece probable que Europa ceda la salvaguarda irlandesa, una cláusula legal que prevé mantener al Ulster en el mercado único y en la unión aduanera de forma indefinida como fórmula para evitar la frontera dura entre el norte y el sur de Irlanda. La solución de Londres, que solo estaría vigente hasta 2025, supone abordar en cinco años una salida total del Ulster de la UE, lo que garantiza el apoyo de los unionistas irlandeses, clave para el Gobierno de Johnson, pero sobre todo implica exigir a la UE todas las ventajas del mercado único sin que haya que asumir ninguna de las obligaciones.

Europa no está en una posición de debilidad en las negociaciones sobre el Brexit, sino todo lo contrario. Será Londres y no Bruselas quien deberá asumir la mayor parte de la abultada factura de este divorcio, por lo que no parece justificado realizar una concesión como la que propone el Gobierno británico y que no beneficia a nadie más que a este.