Las empresas se lanzan a improvisar el guion

Los espectáculos de cine y teatro inmersivo permiten al público alterar las tramas

En España, las compañías recurren cada vez más a estas experiencias para adiestrarse frente a los imprevistos

Un actor hace el papel de mesonero e interactúa con el público mientras sirve sus bebidas en mitad de la representación inmersiva de 'Westworld'.
Un actor hace el papel de mesonero e interactúa con el público mientras sirve sus bebidas en mitad de la representación inmersiva de 'Westworld'.

Sin previo aviso, un actor saca de su gabardina una pistola de juguete y apunta a la cabeza de un espectador que pasea por el escenario acompañado de su pareja: “¡Quiero que os deis un verdadero beso de amor!”. Los dos tratan de salir del paso con un breve ósculo, fugaz, casi inapreciable. Pero no hay manera: “¡Maldita sea! ¡Os he dicho que quiero ver un verdadero beso de amor! Si no, te juro que le vuelo a tu novio la tapa de los sesos!”. A la segunda, la pareja se enfrasca en un largo beso de tornillo que se prolonga hasta que el actor se despide de ellos: “Y recordad, esto es Chicago”. A escasos metros, ataviado como un personaje de la mafia, Rubén Cano, director escénico, se confunde entre los actores y se aproxima a la cantante del casino para besar su mano mientras prununcia: “Estás preciosa esta noche”. Es la señal convenida: ha llegado la escena de la redada.

“¿Te imaginas? A lo mejor esos dos llevaban meses o años sin darse un beso así. Fue un momento mágico”. Ha pasado un tiempo desde aquello. pero, desde la plaza de Santa Ana de Madrid, Cano recrea la escena del beso como si la estuviese viviendo. Él fue la persona escogida por Spectacular! para dirigir una experiencia de teatro inmersivo con la reinterpretación de Los intocables de Elliot Ness, que llevó a cabo la compañía en los alrededores del Museo del Ferrocarril de Madrid en 2017. El espectáculo contempló, además de la proyección de la película, la recreación durante un par de horas de todo un universo, el del Chicago de los años 30, con el que los espectadores podían interactuar hasta el punto de alterar incluso ciertas tramas argumentales, al estilo de la popular serie de HBO Westworld. “Nuestra idea en estos shows es que hay cosas que tienen que suceder, otras que a lo mejor suceden o a lo mejor no, y cosas que no tenemos previsto que sucedan, pero suceden”, explica Cano.

La comparación con Westworld no es baladí. Conscientes de la semejanza entre la idea sobre la que gira la serie y las este tipo de experiencias, desde HBO España se pusieron en contacto con Spectacular! para organizar un evento de cara al estreno de la segunda temporada de la serie en el país. Andrés García, director creativo, coguionista y persona que está detrás de todo el proyecto, resume aquel reto: “Al acabar, pedimos a HBO que nos dijeran en qué podíamos mejorar, qué cosas querían distintas. Estaban tan emocionados que casi no nos dijeron nada. Fue muy positivo”.

Aquella no fue, ni mucho menos, la primera ni la última petición particular que recibía Spectacular! por parte de una empresa. Cansadas de las dinámicas de grupo clásicas, explican, cada vez son más las compañías que se animan a contratar las representaciones teatrales inmersivas para mejorar habilidades como la capacidad de trabajar en equipo o los reflejos a la hora de salir de situaciones inesperadas. Se trata de una tendencia al alza: en España, cuesta encontrar una compañía teatral dedicada a la improvisación que no reserve un espacio en su web para reservas de espectáculos para empresas. La propia Spectacular! organiza, de hecho, de cara al próximo otoño su nueva película inmersiva: la icónica Desafío total.

“Sin duda, los empresarios se preparan cada vez más para improvisar. Está claro que los conocimientos técnicos son importantes, pero saber comunicarlos en todas las situaciones es clave”, explica Mercedes Segura, profesora de la escuela de negocios Esade que lleva décadas aplicando técnicas dramatúrgicas a sus clases. Así, convierte por ejemplo una lección sobre derecho matrimonial en un juego de improvisación en el que dos alumnos deben ser una pareja separándose y un tercero el abogado que debe responder a las actitudes que se vayan dando.

Muchos actores explican que la clave de una buena improvisación reside en la escucha. Cano va más allá: “Para inventar, muchas veces no hace falta partir de cero, sino que basta con tomar los elementos que tienes alrededor y darles un giro. De eso, aquel señor sabía mucho”, dice mientras señala con la mirada la estatua de Federico García Lorca que, como un centinela, custodia en el centro de la plaza, frente al Teatro Español, la capacidad de crear de los actores, los dramaturgos y, ahora, también la de los espectadores.

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