El gran consumo español se apunta a los PPA

Unef contabiliza 4.000 megavatios adquiridos de forma bilateral

El gran consumo español se apunta a los PPA pulsa en la foto

Los contratos de compraventa de energía a largo plazo, los conocidos en el sector como PPA (power purchase agreement, por sus siglas en inglés), ganan atractivo entre las empresas. Y hoy son una pieza clave en el impulso de las renovables. Si bien la eólica era la tecnología preferida entre las grandes corporaciones, la fotovoltaica cobra protagonismo y compite ahora casi a la par que el viento, de acuerdo con el último informe de BloombergNEF.

Hasta mayo de este año, las compañías han suscrito acuerdos PPA por un volumen total de 5,58 gigavatios de tecnología limpia, de los que 2,80 son de eólica y los 2,78 restantes son de solar, detalla el reporte (ver gráfico). Solo en dicho mes se firmaron 11 contratos por un valor de 1,9 gigavatios.

Su adopción es lenta en Europa por las distintas estructuras de mercado

Desde 2008 –cuando BloombergNEF comenzó a publicar esta estadística–, las empresas han adquirido unos 35 gigavatios de energía verde a través de esta fórmula. El mayor pico registrado hasta ahora fue 2018, con 12,61 gigavatios. Norteamérica, Estados Unidos en concreto, sigue dominando, con el 86% de las operaciones en lo que va de este ejercicio y el 69% en el acumulado, destaca el informe. Le siguen las regiones de Europa-Oriente Próximo y Asia-Pacífico.

En España, sin embargo, han llegado con retraso, desde mediados de 2017, por las trabas administrativas, lamentan desde el sector renovable, pero se espera una eclosión. “Hemos contabilizado más de 4.000 megavatios de PPA en un año y prevemos que cada vez se firmen más en nuestro país. Y van a desempeñar un papel fundamental en el desarrollo renovable y, más concretamente, en el fotovoltaico para los próximos años”, apuntan desde la Unión Española Fotovoltaica (Unef).

Engie y Cox Energy, dos firmas muy activas en este negocio, cuentan con una cartera de 2.000 y 1.300 megavatios, respectivamente

Pero también favorece la reducción de costes, ya que proporciona una mayor competitividad y transparencia al sistema energético, según el reciente informe Clean energy, coming of age (algo así como las energías limpias, alcanzada su madurez) del banco privado suizo Julius Baer. “Los PPA, que solo se suscriben en países con sectores energéticos liberalizados, garantizan aún tarifas fijas [durante periodos de entre 10 y 20 años] y que los precios de compraventa sigan las tendencias del mercado, a la baja en la actualidad tanto en solar como en eólica, por debajo de 50 euros el megavatio hora”, indica el documento.

Su adopción en Europa ha sido lenta –recuerda el informe– por las diferentes estructuras jurídicas y de mercado de los Estados miembros. En 2018, los contratos de este tipo se duplicaron en la Unión Europea, hasta los 13 gigavatios, recoge la patronal europea Solarpower, citada por el banco.

Jugadores

En España, empresas como Cox Energy, con presencia también en Chile, México, Panamá, Colombia y Portugal, cuentan con una cartera de PPA de 1.300 megavatios tanto públicos como privados, informan fuentes de la compañía. De hecho, en marzo pasado firmó uno con la comercializadora de electricidad Audax de 660 megavatios. El gigante de la distribución estadounidense Walmart figura también entre sus clientes.

“Son cada vez más atractivos tanto para grandes consumidores como para productores. Su crecimiento será exponencial en los próximos años porque está relacionado con el descenso de los costes de producción de estas tecnologías, específicamente de la fotovoltaica. En la actualidad es rentable operar una planta solar yendo al mercado directamente, sin primas ni ayudas”, comentan.

Además, “garantiza la venta de una parte o de la totalidad de la producción a un precio fijo durante 10 o 20 años, por tanto, unos ingresos asegurados y previsibles y con un riesgo mucho menor que la retribución directa del mercado. Mientras que los consumidores pueden garantizarse un precio que reduzca o minimice la volatilidad que tiene el sistema eléctrico”, subrayan.

Engie es otro de los jugadores en este negocio. En la primavera de 2018 suscribió uno por 12 años para garantizar la viabilidad del proyecto eólico Goya, en Zaragoza, que agrupa los 300 megavatios adjudicados a Forestalia en la primera subasta renovable de 2016, y en el que participa como constructor, accionista, gestor y comprador de energía. O el también eólico Phoenix, 10 nuevos parques en Aragón, con Mirova y Forestalia, de 342 megavatios, firmado este año, y del que Engie es igualmente accionista y gestor.

El grupo Adisseo, filial de la multinacional química Bluestar, y los centros deportivos Go Fit son otros dos clientes de Engie. Con el primero cerró un acuerdo de 10 años por un volumen de 45 gigavatios, y con el segundo, a 12 para cubrir el consumo –cantidad de megavatios no especificada– de sus casi 19 instalaciones. Su cartera de PPA es de 2 gigavatios en total en el mundo.

Peculiaridades

El gran consumo español se apunta a los PPA

Tipos. Los acuerdos PPA varían según cada caso. Si se trata de instalaciones nuevas se negocia una validez superior a 15 años y, en el mejor escenario, para toda su vida útil: 25 o más, puntualizan desde la Asociación Empresarial Eólica (AEE).

Puntos de discusión. Cantidad de energía suministrada, duración, precio y garantías (riesgo de impago, regulatorio, fiscal...), “que se lleva el 90% del esfuerzo de negociación”, son los cuatro puntos que se ponen sobre la mesa, destacan en la AEE.

Categorías. Son tres, según dicha asociación; con línea eléctrica directa entre, por ejemplo, un parque eólico y el consumidor. Utilizando las redes existentes para llevar la energía. O mediante contratos financieros de cobertura de riesgos del precio del mercado (sin transferencia física de electricidad).

Relevancia. Evitan el riesgo de volatilidad del pool y dan predictibilidad necesaria a los proyectos. Y es indispensable, en algunos casos, para conseguir parte o todo el crédito. “En España siempre han existido, pero hasta ahora nunca se habían usado para financiar instalaciones nuevas como sucede en EE UU”, afirman.

Retos. Su potencial es limitado, ya que los consumidores son insuficientes frente al volumen inversor. Y la falta de previsibilidad y simultaneidad de la producción y el consumo lo dificultan, entre otros factores.

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