Cómo desbloquear una negociación estancada

Los expresidentes González y Aznar critican la falta de pactos y consensos

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Los expresidentes del Gobierno Felipe González y José María Aznar debatieron este miércoles sobre los peligros de la falta de consenso e instaron a superar el bloqueo político durante el Foro DigitalES Summit 2019 en el Palacete de los Duques de Pastrana (Madrid). EFE

Casi tres meses después de las últimas elecciones generales, y a pesar de que el pleno de investidura se celebrará el próximo lunes 22 de julio, las negociaciones entre el PSOE y Unidas Podemos parecen rotas. Las posturas de los líderes de ambas formaciones están cada vez más enfrentadas en un parlamento especialmente dividido, en el que resulta utópico tratar de gobernar sin pactos.

Un nuevo contexto político que requiere también la revisión de posturas que parecían irreconciliables. Es el caso de los expresidentes del Gobierno Felipe González y José María Aznar, quienes a pesar de su enemistad durante las décadas de los 80 y 90, alertaron este miércoles durante el Foro DigitalES Summit 2019 sobre los peligros de la falta de consenso e instaron a superar el bloqueo político. No hacen falta gobiernos “de amplia mayoría sino políticas pactadas y de consenso para afrontar la transformación”, insistió el exdirigente socialista. Por su parte, Aznar señaló que la “irresponsabilidad política en España es máxima” y lamentó que no se explique qué se quiere hacer con el país ni “forjen mayorías sociales”.

Los expertos tampoco acaban de comprender un estancamiento en el que todos tienen más posibilidades de perder que de ganar. “En todas las negociaciones hay momentos en los que se avanza y otros de bloqueo, un profesional puede utilizar estos últimos para pensar, pero quien no lo sea, se encaprichará y tratará de que sea el otro el que ceda”, explica el director del máster en Mediación Profesional de la BSM-Universidad Pompeu Fabra, Javier Wilhelm. Una obstrucción que no solo resulta una pérdida de tiempo, sino también el riesgo de que no se logre el objetivo que se perseguía en un principio.

El primer paso a la hora de enfrentarse a una situación así es averiguar si existe de verdad la intención de llegar a un acuerdo. “Cada vez hay más tácticas, que no son negociaciones, sino que obstruyen los canales de comunicación porque nadie quiere debatir, sino dejar pasar el tiempo”, critica el profesor de dirección y organización de personas de Esade, Carlos Royo.

Una estrategia que, según la directora del máster en Mediación, Negociación y Resolución de Conflictos de la Universidad Carlos III, Helena Soleto, es útil a la hora de convencer a la opinión pública. “Las cosas que se consiguen pronto no tienen valor. Van a llegar a un acuerdo, pero de cara a los votantes, tienen que escenificar, hacer ver que no es fácil, que el otro está sufriendo,... porque si no, los votantes de ambos lados les van a castigar”, apunta la experta.

En el caso de que haya una voluntad real de pactar, “tensar la cuerda nunca es una buena estrategia porque siempre vas a tratar de dejar al otro mal parado, y eso no es una negociación, sino una competición. Hay que optar por la colaboración, ver al otro como alguien con quien solucionar un problema común”, explica Wilhelm. Una idea con la que comulga el profesor de Esade, para quien la cuestión es que se tiende a ver al contrincante como una amenaza, lo que entorpece la comunicación. “No queremos hablar con quienes consideramos enemigos”, apunta.

La confidencialidad también es clave para el portavoz de la Pompeu Fabra, quien recomienda pactar unos mínimos antes de empezar a hablar. “Si mandas negociaciones paralelas, estás rompiendo la confianza”, ilustra, mientras asegura que le preocupan más las opiniones vertidas en redes sociales que los mensajes que se lanzan a través de los medios de comunicación. “Son monólogos abiertos a la opinión pública que suman partidarios y detractores, y parece que esto les da fuerza para negociar, pero no es verdad”, insiste el experto, quien cree que esto solo añade la presión de más agentes externos, lo que dificulta el debate.

Cambiar las personas al frente de la negociación está reservado para las situaciones más extremas, cuando las negociaciones están más encalladas y no sin antes tantear otras posibilidades. “Primero conviene cambiar el contexto de las discusiones, desde el lugar de reunión al orden en el que se tratan los temas, con el objetivo de transformar las percepciones”, apostilla Royo. Por su parte, Wilhelm considera que es preferible incorporar a nuevos miembros o introducir la figura de un mediador neutral antes que cambiar por completo al equipo. “Lo contrario supondría empezar de cero y no saber con quién se está debatiendo”, explica el experto, quien añade que el contenido debe ser pactado por técnicos, y la forma, por las figuras políticas. “La legitimidad es muy importante, no se trata solo contar lo que se está haciendo, sino de comunicarlo bien, pues si el público no lo entiende, generaría más confusión”, justifica.

Los expertos coinciden en que ha habido un cambio de paradigma al que los representantes políticos aún no se han adaptado. Para Royo, el problema reside en que el contexto social ha cambiado, pero los dirigentes, a pesar de pertenecer a una nueva generación, no han evolucionado por completo. “Han sido educados en un entorno de perder o gana en el que las creencias de fondo son pensar que lo que es bueno para el otro es malo para ti”, ilustra. También lo ve así Wilhelm, quien alude a los países del norte de Europa, donde cuentan con una larga trayectoria de Gobiernos de coalición. “Estamos intentando resolver el mapa actual con técnicas del siglo pasado”, critica.

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