Una economía que por ahora funciona sola, pero necesita reformas

España ostenta todavía una fortaleza envidiable, aunque debe alimentarse adecuadamente para que no pierda fuelle

La ministra de Economía en funciones, Nadia Calviñp, anunció ayer que el Gobierno retocará al alza las previsiones de crecimiento de la economía española este año y el próximo, sin especificar el dato, pero apuntando a que se hará “en línea con algunos de los que ya han revisado la previsión”. A la cabeza de esas revisiones figura la de la propia Comisión Europea, que el miércoles elevó dos décimas, hasta el 2,3% el dato de crecimiento de España para este año, aunque dejó intacto el de 2020. Pero también las de varios servicios de estudios, entre ellos, el del Banco de España, que en los últimos tiempos han corregido sus números al alza respecto a los indicadores de actividad en nuestro país.

La primera conclusión que se puede extraer de esta mejora compartida de cifras es la aparente impermeabilidad de la economía respecto al bloqueo en que se halla instalada la vida política española y sus muchas dificultades y desencuentros para forjar alianzas y formar Gobierno. Como reconocía ayer el propio comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, al comentar la mejora de las perspectivas españolas, “no sería la primera vez que hay incertidumbre en España”, lo cual no solo es cierto, sino que apunta a una más que probable sobrevaloración del papel de los Gobiernos en el impulso de las economías.

Pese a ello, España no es una isla, sino un Estado europeo y una economía que forma parte de una coyuntura global en la que los riesgos no han desaparecido y se ciernen como un plomizo cielo gris sobre el futuro inmediato. Pese al amago de tregua planteado en la última reunión del G20, EE UU y China no han bajado sus armas comerciales. Lo mismo ocurre con otras políticas proteccionistas de Washington o con el embrollo de un Brexit que sigue sin resolverse, cuantificarse y descontarse en los mercados. En medio de una Europa de crécimiento anémico, España ostenta de momento una fortaleza envidiable, pero esta debe alimentarse adecuadamente para que no pierda fuelle –sectores como el del turismo están experimentando ya un inicio de desaceleración– y sea capaz de capear el enfriamiento económico mundial.

Ello supone contar con un Gobierno solvente y equilibrado, que huya de viejas recetas económicas que han demostrado sobradamente su ineficiencia y logre aprobar un Presupuesto dirigido a realizar el juste fiscal de 15.000 millones que España tiene que realizar en los próximos dos años, así como abordar reformas estructurales pendientes, como la de avanzar hacia un sistema de pensiones sostenible y seguir flexibilizando una economía capaz de enfrentarse al futuro.

 

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