Sí, la guerra comercial cercena el crecimiento

Muchos expertos afirman que estas tensiones conforman el nuevo escenario geopolítico. Si fuera cierto, sería peligroso

Sí, la guerra comercial cercena el crecimiento

Se ha puesto de manifiesto, sobre todo en bocas de muchos líderes políticos, el deseo de seguir conviviendo con tensiones comerciales entre determinados país, apoyando los discursos en errores como el proteccionismo. El mismísimo Donald Trump sigue en su intención de batallar con China por el comercio global, aunque las consecuencias de estos afecten negativamente a la economía. Estos deseos e intenciones que, de forma arbitraria, determinados países adoptan y pretenden convertirlos en la nueva normalidad diplomática. Una normalidad que, pese a que las consecuencias se maquillen en buenos datos de crecimiento, dejan unas consecuencias que trascienden mucho más allá del crecimiento esperado. Unas repercusiones que afectan negativamente a la economía.

El escenario económico es delicado. La economía muestra una ralentización de forma generalizada que, aunque se presente de forma más intensificada en determinadas economías, en el cómputo global, los indicadores adelantados y de ciclo ya muestran un claro reflejo de que la economía ya pierde ese dinamismo logrado en el primer trimestre del año. Todo ello ante la impasible actuación de los líderes políticos. Llamar impasible a la actuación de los líderes también podría ser un término equivocado, sobre todo si observamos lo ocurrido en el nuevo escenario geopolítico y vemos las decisiones que dichos mandatarios adoptan. Cuando se toman decisiones que afectan negativamente a la economía mundial, sí es cierto que no podemos hablar de actuaciones impasibles. Muchos expertos y analistas opinan sobre el escenario actual y, entrando en valoraciones, indican que la sociedad no es capaz de entender el nuevo escenario geopolítico. Un escenario donde las economías viven cada vez más confrontadas, como ya podemos observar. Sin embargo, es difícil entender un escenario donde las decisiones adoptadas van en contra de aquello que nos permite prosperar. El comercio global, históricamente, ha sido un factor determinante para el progreso de las sociedades y la economía. Como contribución al Producto Interior Bruto, el comercio global, en economías cada vez más globalizadas y conectadas entre sí, es un gran aporte al crecimiento del PIB Mundial. En los últimos diez años, este fenómeno no ha dejado de incrementarse, llegando a marcar récords históricos en los flujos de capital.

Ante el nuevo escenario que se presenta, la Organización Mundial del Comercio (OMC), organismo encargado de coordinar las relaciones comerciales bilaterales entre los países partícipes en el mercado global, ya pronostica moderaciones de los crecimientos del comercio global. De hecho, el organismo, que a priori pronosticaba unos mejores resultados, ya ha aplicado revisiones a la baja, provocadas principalmente por las tensiones entre China y Estados Unidos.

Para darle mayor rigor al asunto, la propia Christine Lagarde, presidenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), también advirtió de que las decisiones que ha tomado Trump en base a su política comercial dañarían la recuperación que muchos países precisan, ralentizando la misma y provocando una mayor desaceleración. Unas declaraciones que el mismo Warren Buffet, padre del Value Investing, secundaba con valoraciones negativas a lo planteado por Trump. Las negociaciones entre China y Estados Unidos culminarán, eso no cabe duda. El problema de esto es saber cuándo será el momento en el que esta tensión comercial se materialice en un acuerdo que, de una forma u otra, devuelva al comercio global y al escenario económico esa normalidad, y estabilidad, que este necesita. El tortuoso escenario solo agrava la situación y los líderes siguen alentando, replicando más escenarios en otros países con gran peso en la economía mundial.

Como ya vimos en Davos, el nuevo escenario, el de verdad, requiere de una cooperación internacional que permita, trabajando conjuntamente, propiciar escenarios en los que los crecimientos se muestren de una forma inclusiva y sostenida en el largo plazo. Las confrontaciones, por supuesto, quedarían fuera de este nuevo escenario que, los principales organismos globales, recomiendan.

La economía precisa de estabilidad, de eliminación de incertidumbres y de calma para crecer y hacerlo de forma sólida. El escenario actual, para algunos el nuevo escenario permanente, es un agregado de incertidumbres y tensiones que lastran todo lo logrado en materia de recuperación, así como su capacidad de destruir acuerdos y separar, ficticiamente, economías que, hasta ahora, mantenían grandes lazos vinculantes.

 Francisco Coll Morales es Director adjunto de HAC L&M School of New York

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