Análisis

La aventura espacial de Red Eléctrica

La urgencia financiera del vendedor y la del operador del sistema de evitar trabas políticas han puesto punto y final

La aventura espacial de Red Eléctrica

En su afán de diversificación y considerando que el negocio de los satélites se complementa con el de la fibra óptica (aún oscura) que en 2015 adquirió a Adif, los responsables del operador del sistema eléctrico español y titular de las redes en alta tensión que explota en régimen de monopolio, pusieron el ojo en Hispasat, que, por avatares de la historia, estaba en manos de la concesionaria de autopistas Abertis.

El enlace llegó en enero de 2017 de la mano de la SEPI, holding público con un 20% del capital de REE y otro 7,41% de la propia Hispasat. Tras varias reuniones entre el consejero delegado, Juan Lasala, con el entonces presidente de Abertis, Francisco Reynés, e Isidro Fainé, máximo ejecutivo del principal accionista de la concesionaria, La Caixa, las partes llegaron a un principio de acuerdo. REE compraría el paquete cercano al 90% de Hispasat en manos de la concesionaria y la francesa Eutelsat por 950 millones, lo que suponía valorar la sociedad en unos 1.050 millones. El restante 10% seguiría en manos de la SEPI y el CDTI.

La empresa gala, que había desistido hacía tiempo de su deseo de controlar el grupo de satélites español, mantenía una opción de venta de su paquete a un precio cerrado. Cuando quiso ejercerla, a finales de 2016, Fainé ya andaba en tratos con la italiana Atlantia para venderle su participación en Abertis lo que la obligaría a lanzar una opa por el 100% y, en paralelo la venta de Hispasat a REE. Con esta operación resolvía dos problemas: la eléctrica se subrogaba la obligación de comprar la parte de Eutelsat, con lo que Abertis no tendría que desembolsar ese dinero, y facilitaría la opa italiana ante el Goierno, al traspasar un grupo estratégico, que cuenta con una filial de defensa, Hisdesat, a otra pública, REE. Ya se las apañarían para acallar las fuertes críticas que le lloverían (y le han llovido) a una empresa con un 90% de sus ingresos regulados, que proceden directamente de la factura de los consumidores.

El presidente de Red Eléctrica Española, Jordi Sevilla
El presidente de Red Eléctrica Española, Jordi Sevilla

Todo se fue al garete cuando, en marzo de ese año, a punto de cerrarse el acuerdo con REE, y para sorpresa de sus responsables, que dijeron no conocer la operación, Atlantia lanzó su opa sobre Abertis antes de lo previsto. El vendedor de Hispasat reconoció que llevaba tiempo negociando con los italianos, pero que el compromiso era lanzarla en verano. De ser cierto, un grave error de Atlantia, que le llevaría, por presiones del PP, a tener que compartir finalmente su oferta con ACS.

La operación se escapa al análisis de la Sala de Regulación de la CNMC, al ser la matriz la que realiza la compra

 

Si Abertis hubiese vendido Hispasat a REE antes de conocerse la opa, su máximo opositor, el exministro de Energía (y telecomunicaciones), Álvaro Nadal, no se habría amparado en la naturaleza estratégica de Hisapasat para bloquear a Atlantia la compra en solitario.
Salvaguardada la españolidad de Abertis, con la ayuda de ACS, que lanzó una opa conjunta con una rendida Atlantia (esta compró un el 50% más una acción, y ACS y su filial alemana, Hochtief, el resto), la actitud de Nadal: tras reconocer un exceso de celo, dio el ok a la operación.

Pero REE se topó con un nuevo problema: ACS, para justificar el precio pagado por Abertis, elevó el precio del grupo satelital en unos 200 millones: 656 millones por su 57% original (este incluía una prima de control) y 302 millones por el de Eutelsat. Con todo, entre el fin de la opa, el 8 de mayo pasado, y la moción de censura que dio el poder a Pedro Sánchez, se alcanzó otro acuerdo a un precio intermedio entre lo que REE acordó pagar inicialmente y las aspiraciones de los nuevos accionistas de Abertis.

Una vez más, todo se fue al traste. Con el nombramiento del exministro Jordi Sevilla como presidente de la eléctrica, la estrategia cambió. De cara a la galería, según ha reconocido el mismo, y como táctica negociadora, Sevilla dio a entender que Hispasat no le interesaba, “que no era su prioridad” e, incluso, que su adquisición afectaría negativamente al rating de la compañía. Pero le interesaba y mucho, según diversas fuentes. A los pocos días de acceder al cargo, contactó con el Ministerio de Transición Ecológica, cuya titular, se opuso y se opone a este tipo de aventuras por parte de las empresas regulada. También con Economía y Defensa que, aunque interesadas, no quisieron mover ficha (este último ministerio tiene una opción de compra sobre Hisdesat que, a las malas, puede ejercer).

Ha sido finalmente el vendedor y otras circunstancias políticas, las que han puesto (de momento) fin a la historia. La urgencia financiera del socio italiano de Abertis, que amenazó con vender Hispasat a un fondo árabe y su aceptación del precio inicial han facilitado el acuerdo. También a REE, más interesada que el Gobierno, pese a la leyenda, en comprar Hispasat, le urgía: su presidente ha querido adelantarse a las intenciones de la CNMC de establecer límites al apalancamiento de las compañías reguladas (deseo que comparte con el Gobierno) y, además, al ser la matriz la que realiza la compra, la operación se escapa al análisis de la Sala de Regulación de la CNMC.

En cuanto a las críticas de por qué comprar el 90% de Hispasat si una participación de control (ACS y Atlantia vendían todo o nada) era suficiente y menos onerosa para accionistas y consumidores, Sevilla se adelantó ayer al asegurar que buscará un socio con quien compartirla.

Normas