Un claro mensaje frente a iniciativas de contrarreforma del mercado laboral

No es tiempo de recuperar las rigideces que lastraron durante años el mercado de trabajo en España

Desde los peores momentos vividos durante la crisis económica, el mercado de trabajo español ha pasado por todas las fases propias de una enfermedad grave, ha superado después una esperanzadora convalecencia y se ha ido fortaleciendo hasta convertirse en los últimos años en una máquina de creación de empleo que funciona. El balance del año 2018, con 564.000 nuevas afiliaciones a la Seguridad Social y un aumento récord de los contratos fijos, es una sólida prueba de esa fortaleza y ese buen funcionamiento. La cifra de afiliación total al sistema ha superado ya los 19 millones, algo que no se lograba desde 2008, y el empleo no solo está creciendo, sino que lo está haciendo por encima del ritmo de la economía.

Un vistazo a los datos publicados ayer revela que la construcción, la educación y la sanidad son los sectores donde la actividad está generando un mayor número de puestos de trabajo. La paulatina recuperación del mercado inmobiliario ha vuelto a convertir el ladrillo en la principal fuente de empleo del mercado por segundo año consecutivo. Ello no puede interpretarse de momento como una señal premonitoria de una posible burbuja, dado que el número de afiliados a la construcción supone hoy todavía casi la mitad de lo que era a finales de 2007, pero sí como una muestra de la renovada vitalidad del sector inmobiliario, que se resquebrajó brutalmente empujado por sus propios excesos, pero que hoy vuelve a recuperar el pulso y el buen color. También la demanda de profesionales científicos e informáticos, que ha aumentado por encima de un 8%, es una señal positiva, que apunta hacia lo que debería ser un nuevo modelo de crecimiento para la economía española, así como hacia la imparable digitalización de la actividad. Los ratios de empleo en el sector turístico son bastante más moderados y reflejan la coyuntura que vive actualmente el sector, y aunque el trabajo en la industria crece, lo hace a un ritmo más suave que en 2017.

Más allá del análisis pormenorizado y en detalle, el mensaje que deletrean estos datos constituye una seria advertencia frente a iniciativas de contrarreforma sobre un mercado de trabajo que funciona razonablemente bien. Ello no significa que la legislación laboral española se haya convertido en un corpus intocable que no admite mejoras, pero sí que todas ellas deben facilitar y no obstaculizar la lucha contra el desempleo. No es tiempo de recuperar las rigideces e inflexibilidades que lastraron durante años el mercado laboral en España, sino de avanzar hacia una mayor eficiencia, un objetivo que no puede lograrse aplicando viejas recetas que ya han sido largamente probadas y superadas.

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