Una legislación europea capaz de hacer frente a la ofensiva china

Las empresas SOEs o empresas públicas del país se han transformado y hay grandes jugadores en todos los campos

La Comisión Europea ha decidido recientemente la adopción de una normativa por la cual los Estados miembros tendrán derecho a veto en relación a la posible compra de una empresa doméstica por otra extranjera que se considere peligrosa para la seguridad nacional. Este veto, si la operación afecta a varios Estados, deberá también informarse a la Comisión.

Parece que, tras casi dos décadas de fuerte apuesta por la UE y su tejido empresarial para ser un actor destacado en el fenómeno de aperturismo de China y participar activamente en la economía del país más poblado del mundo, se están dando cuenta de la falta de armonía de marcos regulatorios asimilables con otros mercados. Esta norma no es una regulación ad hoc para China, pero si es cierto que la única amenaza consistente proviene del país asiático y su fortaleza económica.

Desde la entrada de China en la OMC en 2001, el tejido empresarial europeo fortaleció su apuesta por este mercado; si bien es cierto que con un difícil equilibrio por el apetito en transferencia de tecnología y know how por parte de China. Durante este tiempo se alzaba recurrente la voz por parte de las empresas europeas para que la Comisión exigiese “reciprocidad” en la forma en que China aplicaba las posibilidades en su mercado.

Si bien es cierto que la situación a principios de siglo era muy desfavorable a China, esto ya no es así. Las SOEs (Empresas públicas Chinas) han sufrido una fuerte transformación y han aparecido grandes jugadores en todos los campos, industrial, tecnológico, transporte etc. no exento de quejas de una clara copia de la tecnología suministrada. Tarde o temprano tendríamos que enfrentar enEuropa una competencia desleal a la hora de adquirir empresas de interés estratégico por parte de China y este interés va en varias direcciones: tecnológico, industrial y logístico, por este orden.

Las adquisiciones se llevan produciendo desde la crisis de 2008 ya que la posición económica de China acudió al rescate en forma de inversiones de muchos conglomerados del viejo continente, pero esta tendencia no ha hecho más que intensificarse. Alemania ha sido el gran objetivo; y claro, Alemania es la gran potencia de la UE. Compras como el aeropuerto de Hahn, a 120 km de Francfort, el 10% de Deutsche Bank por parte de HNA o la adquisición de la división de motores de Bosch son un ejemplo.

Con esta coyuntura han saltado las alarmas y se intentan ahora poner paños calientes. Lo cierto es que no es fácil esta relación ya que Europa tiene muchos intereses económicos en China, pero debería haberse trabajado más intensamente en la equiparación de marcos regulatorios con estándares similares, pero no se ha hecho así. Esperemos que ahora se profundice en este sentido.

Ha pasado el tiempo en el que China jugaba a ser país en vía de desarrollo, o desarrollado según le convenía.

Ramón Gascón es Profesor de EAE Business School.

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