El G20, la gran cita para enfriar la guerra comercial: ¿qué espera el mercado?

El mercado sigue con interés el encuentro de Trump y Xi Jinping, aunque su rivalidad no se zanjará a corto plazo

El ruido político ha agravado la gestión de activos en un momento difícil, próximo al cambio de ciclo

Atlas

La cumbre del G20 que este fin de semana se celebra en Argentina es el punto culminante a un año con una agenda política particularmente intensa, que ha marcado a fuego el rumbo del mercado. Los inversores han seguido con nerviosismo las elecciones celebradas en 2018 en Italia, Turquía, México y Brasil, las difíciles negociaciones del Brexit –que aún debe superar una votación clave en el Parlamento británico–, el desafío presupuestario lanzado por Italia y el último capitulo de la guerra comercial que mantienen EE UU y China y que se desarrolla este fin de semana en Buenos Aires. La elevada incertidumbre política ha agravado este año por tanto la ya complicada tarea de lograr rentabilidad en la parte final del ciclo económico, con los bancos centrales en retirada. Invertir de espaldas a los mensajes de los líderes mundiales se ha convertido en una tarea casi imposible.

A falta de un mes para el cierre del ejercicio, todavía quedan importantes frentes políticos abiertos, que previsiblemente se prolongarán al próximo año. El primero y más impactante es el referente a las tensiones comerciales que existen entre EE UU y China. Toda la atención de los inversores está puesta en la reunión que mantendrán este fin de semana el presidente de EE UU, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, en el marco de la cumbre del G20. El encuentro de las 20 mayores economías del mundo se produce justo 10 años después del que mantuvieron en Washington para abordar la solución al estallido de la crisis. El resultado de aquella cumbre histórica fue la reforma del sistema financiero mundial. El escenario actual dista mucho del vivido en 2008. Aunque cada día son más las voces que apuntan una ralentización de la economía, los fundamentales siguen siendo sólidos pero la oleada proteccionista iniciada por Donald Trump se ha convertido en el tema que más preocupa ahora a los inversores y da a esta cumbre del G20 una especial trascendencia.

En las últimas semanas funcionarios del Ejecutivo de Donald Trump y representantes del gigante asiático han mantenido conversaciones para tratar de acercar posturas de cara al encuentro de sus dirigentes y la expectativa es que se alcance un acuerdo que permita rebajar la tensión. La gran duda es si Trump renunciará o no a nuevas sanciones a productos chinos y si irá adelante con el aumento de aranceles a partir de enero del 10% al 25% sobre productos chinos por 200.000 millones de dólares. El encuentro entre ambos líderes será un nuevo termómetro para medir el pulso que mantienen los dos gigantes por el dominio global de la economía del futuro y pese a la expectativa de que un acuerdo pueda impulsar las Bolsas, los expertos se muestran cautos.

“La guerra comercial está siendo rentable para Trump en términos políticos y eso nos hace pensar que a pesar de que el tono se relaje en algún momento no va a haber un acuerdo concreto satisfactorio. Las disputas continuarán prácticamente en cualquier escenario”, afirma Diego Fernández, director general de inversiones A&G Banca Privada. En la misma línea se muestra Richard Turnill, director mundial de estrategia de inversión en BlackRock, que subraya que la disputa entre los dos países se extiende más allá de las cuestiones de comercio y es probable que perdure. Las esperanzas que existen en un futuro pacto se han visto acrecentadas por los acuerdos logrados entre Trump y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en julio o el alcanzado con México y Canadá este mismo viernes. Sin embargo, Turnill advierte que la situación con China es bien distinta porque lo que está en juego aquí es el dominio de la tecnología y la industria del futuro. “Una tregua temporal no será suficiente para despejar las nubes a largo plazo”, remarca.

Los expertos de UBS afirman que no esperan demasiado en el encuentro de este fin de semana. Desde la entidad explican que aunque por decreto Trump quisiera modificar cualquier acción de las anunciadas, ya sea para aumentar o disminuir las sanciones, no habría tiempo suficiente antes del 1 de enero.

Lograr un pacto no es tarea sencilla porque “la brecha entre lo que EE UU demanda a China y lo que esta está dispuesta a dar parece demasiado grande para llegar a un acuerdo”, afirman desde ING. Trump quiere que el gigante asiático ajuste sus planes estructurales para desarrollar su economía y exige que China reduzca a la mitad su superávit comercial bilateral con EE UU para 2020. Esto significaría una disminución de 190.000 millones en dos años. Lo máximo que ha llegado a ofrecer China es importar solo 70.000 millones. Si esto parece un obstáculo insalvable más lo es el hecho de que China tenga que renunciar a parte de sus planes de desarrollo económico. “Se trata de una injerencia en la política nacional china”, explican los expertos de la entidad.

A estas discrepancias se suma la idea de que el equipo comercial de Trump está integrado por personas que ven a China como el gran peligro. Es el caso del asesor comercial Peter Navarro o el representante comercial, Robert Lighthizer. Estas voces han ido arrinconando a las fuerzas más moderadas como el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, que ha perdido terreno en la Casa Blanca.

Pero las incertidumbres políticas no se circunscriben solo a las relaciones entre EE UU y China. Europa está atravesando este ejercicio su particular calvario con Italia y las negociaciones para el Brexit como principal foco de inestabilidad.

Brexit e Italia, las otras amenazas

El pasado 25 de noviembre la UE de los 27 y Reino Unido firmaron un acuerdo para hacer efectivo su divorcio. Ahora toca que ese pacto sea aprobado por Westminster. “Es muy probable que el parlamento británico se niegue a respaldarlo”, señalan los analistas de Macroyield. A la negativa de los laboristas se suman las voces discrepantes dentro del partido de la primera ministra británica. “Un porcentaje suficientemente relevante de los conservadores no quieren el acuerdo o no quieren a May en el Gobierno”, remarcan.¡

El Banco de Inglaterra emitió el miércoles un informe en el que señalaba que un escenario de Brexit duro, la economía británica se contraería entre un 7,75% y 10,5% a cierre de 2023 con respecto a los niveles alcanzados en mayo de 2016, un mes antes de que se celebrar el referéndum, y la libra caería un 25%. La situación sería mucho más optimista si finalmente May logra sacar adelante la votación. Con un Brexit negociado la caída del PIB se limitaría al 1,25%-3,75%.

Si el Parlamento rechaza el acuerdo, la ley británica contempla un periodo de 21 días para que el Gobierno replantee un nuevo proyecto. Las intenciones de Reino Unido pasan por un plan B. El modelo noruego es su referencia. Es decir, pretenden que la economía británica siga siendo un socio prioritario en las relaciones comerciales con la UE, aunque en Bruselas recuerdan que el acuerdo pactado no se va a tocar.

La zona euro tiene su particular desafío con Italia. Después de que Bruselas rechazara el presupuesto por exceso de déficit, Roma ha abierto la puerta a recortarlo. En concreto, el Ejecutivo de Giuseppe Conte estaría dispuesto a rebajarlo del 2,4% al 2-2,1%. Eso sí, siempre y cuando esto no ponga en peligro las medidas estrella como la reforma del sistema de pensiones y la renta universal. Los expertos consideran que esto es una quimera y que si Italia sigue adelante con estas propuestas su déficit se podría disparar al 3%. Se abre ahora un periodo de negociaciones entre Roma y Bruselas, con las elecciones al Parlamento Europeo en el horizonte. Los analistas confían en que finalmente se llegue a un entendimiento, a la vista de que la deuda soberana italiana está sufriendo un castigo que hace temer por su sostenibilidad en el futuro. El bono a diez años llegó a escalar al 3,6% y la prima de riesgo ha alcanzado los 327 puntos básicos. En juego vuelve a estar la disciplina fiscal y presupuestaria del proyecto europeo y la pérdida de confianza de los inversores hacia Italia provocaría un efecto contagio amenazante para España. En definitiva, en los próximos meses seguirá siendo inevitable excluir la política de la marcha del mercado.

López Obrador inicia su mandato en México

Cinco meses después de su victoria en las elecciones, Andrés Manuel López Obrador inicia el lunes su mandato al frente del Ejecutivo en México. En las últimas semanas una de las iniciativas que más incertidumbre está generando es la intención del nuevo Gobierno de limitar los ingresos de los bancos vía comisiones, que el nuevo presidente tendrá ahora que concretar.

La iniciativa legislativa anunciada pasa por erradicar las comisiones por la de retirada de dinero en cajeros, consulta de saldo o las de transferencias a otras entidades, que ha hecho sufrir en Bolsa a BBVA. La filial mexicana es la principal fuente de ingresos de la entidad. En el tercer trimestre el volumen de las comisiones netas obtenidas por BBVA solo en México ascendía a los 900 millones, incluyendo los fondos de inversión.

La otra medida que ha afectado a las cotizadas españolas es la cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto internacional de México DF. El proyecto estaba considerado como una de las mayores obras de infraestructuras de Latinoamérica, valorado en 4.000 millones, y que en 2016 había sido adjudicado al conglomerado empresarial de Carlos Slim en el que participaban FCC y Acciona.

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