CEOE evaluará incluir a las empresas en su cúpula directiva

Rosell, partidario de esta medida, no logró llevarla a cabo durante sus mandatos

Garamendi no ha tomado una decisión pero estará en su agenda

El presidente de CEOE, Juan Rosell (izquierda) conversa con Antonio Garamendi, presidente de Cepyme.
El presidente de CEOE, Juan Rosell (izquierda) conversa con Antonio Garamendi, presidente de Cepyme.

El presidente de Acciona, José Manuel Entrecanales, disparó la semana pasada a la línea de flotación de la gran patronal CEOE-Cepyme. Ante un amplio auditorio de empresarios en el congreso anual del IEF, del que Entrecanales fue presidente, arremetió contra el papel de la principal organización empresarial española: “nuestros interlocutores sociales, no es que no hayan sido empresarios ejemplares, es que ni siquiera han sido empresarios”, dijo.

Tras esta crítica llegaron otras en este mismo foro. El presidente de Mercadona, Juan Roig, se sumó a las críticas por estas supuestas carencias de representatividad empresarial al animar a los empresarios a que “salgan del armario” para defender su participación en la formación de las políticas públicas. Y no fue este el último reproche. El presidente de los hoteles Barceló, Simón Pedro Barceló, arremetió, sin citar nombres contra los presidentes de la Comisión de Turismo de CEOE “que desgraciadamente no han sido empresarios ejemplares”.

Distintas fuentes de CEOE-Cepyme han asegurado públicamente no haberse sentido atacados por estas declaraciones. “No hay una guerra fría con el Instituto de la Empresa Familiar; muchos de sus miembros están directa o indirectamente en CEOE y Cepyme y les tengo absoluto respeto porque son gente que genera mucho empleo y riqueza”, decía ayer mismo Juan Pablo Lázaro, presidente de la patronal madrileña (Ceim) y vicepresidente de CEOE.

Otra cosa es cuando se les pregunta en privado. “No es, como mínimo, elegante que incluso formando parte de CEOE y cuando están llamando por teléfono interesándose por como van las negociaciones de esta organización con el Gobierno acerca de sus asuntos, estén a la vez lanzando públicamente estos ataques”, señalaba un alto directivo de la principal organización empresarial española.

Tras este episiodio, no parece que haya cundido el pánico en las filas patronales por estos ataques. Aunque estas críticas sí han servido para volver a poner encima de la mesa un viejo proyecto del actual presidente de CEOE, Juan Rosell, para incorporar a los órganos de dirección de esta organización a las empresas que pagan sus cuotas directamente y no a través de una organización territorial o sectorial de la patronal.

En la actualidad la participación en los órganos directivos de CEOE-Cepyme están limitados a los representantes de las asociaciones territoriales y sectoriales de la Confederación empresarial. Mientras que hay unas 150 empresas que pagan anualmente una cuota, al margen de su participación en otras patronales incluidas en CEOE-Cepyme.

Hace ya casi una década que CEOE dio el paso de afiliar directamente a las empresas que así lo quisieran para conseguir más financiación para la organización. Sin embargo, su participación termina ahí.

“Rosell intentó llevar un proyecto para que las empresas socias participaran en la dirección, pero fue sumamente complicado y al final no le dio tiempo”, aseguran fuentes cercanas al presidente saliente, que dejará la dicrección de CEOE el próximo día 21 de noviembre y será previsiblemente sustituido por el actual presidente de Cepyme, Antonio Garamendi.

Fuentes conocedoras de los planes del futuro presidente de CEOE aseguran que, pese a que la decisión no está tomada, sí estará en la agenda de Garamendi, aunque no sea un asunto prioritario. “Se trata de un tema que está ahí” y que “habrá que abordar tarde o temprano, porque la participación de estas empresas en los órganos directivos es algo lógico; y no solo porque paguen, sino por lo que representan”, dicen estas fuentes.

Fuentes de CEOE reconocen que Garamendi se encontrará con las mismas dificultades que tuvo Rosell para poner en marcha este proyecto. Se referían al rechazo, sobre todo, de las organizaciones territoriales, de carácter más político que las sectoriales y que se resisten a perder peso dentro de CEOE-Cepyme, según explican en esta confederación.

Asimismo, desde la patronal advierten a quienes les critican que “las cosas cambian cuando hay que sentarse a negociar con el Gobierno y los sindicatos”. De hecho, el propio Garamendi se refería ayer a esto sin citar la polémica con el IEF, al avanzar que tiene la intención de “mantener la independencia desde la moderación, con sentido de Estado y lealtad institucional”.

Juan Pablo Lázaro (CEIM): "Nos tienen que pagar por la negociación colectiva"

El presidente de la patronal madrileña (CEIM), Juan Pablo Lázaro, advirtió ayer que la economía española “aunque sigue yendo bien” debe prepararse para la desaceleración que ya afecta a la economía mundial.

Entre las reformas que, según Lázaro necesitaría España, está la creación de medidas que aumenten la productividad y competitividad de las empresas, porque, de lo contrario, será imposible que los empresarios cumplan con el acuerdo de negociación colectiva firmado con los sindicatos y que prevé un salario mínimo de convenio de 14.000 euros anuales. “Hemos firmado (con los sindicatos) un acuerdo muy duro en el que aceptamos un salario mensual de 1.000 euros y eso le supone al empresario pagar un coste laboral total de 1.500; esto no se va a cumplir si no mejora la productividad”, dijo Lázaro en el Foro Europa.

Siguiendo con las relaciones laborales, el líder patronal madrileño fue tajante al retomar una vieja reivindicación de los empresarios: “Nos tienen que pagar por la negociación colectiva”, reclamó. Así abogó porque “se establezca de forma clara y transparente una cuota por trabajador que repercuta en empresarios y sindicatos y que haga el modelo de negociación de convenios colectivos sostenible”.

El también y vicepresidente de CEOE arremetió contra los Presupuestos Generales del Gobierno, “porque creen que las empresas lo aguantan todo”. Muy al contrario, advirtió que solo el 40% de las pymes tiene beneficios y, alertó de que todo incremento de impuestos se repercutirá sobre los precios finales.

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