La industria maderera lucha por salvar los pinos de la banda roja

La enfermedad ataca la principal materia prima de aserraderos y carpinterías

Pinos banda roja
Pinos afectados por la banda roja en Alto de San Miguel, en Elgoibar. Baskegur

La enfermedad de la banda roja, que tiene en vilo a la industria maderera vasca, no es nueva en los bosques de Euskadi. La primera manifestación data de 1975. Pero el cambio climático ha exacerbado las condiciones que favorecen su multiplicación y es la razón por la que este verano ha atacado con tanta virulencia a los pinos radiatas, principal materia prima del sector.

“Las esporas de los hongos se propagan más rápido en ambientes húmedos y cálidos y este verano hemos tenido temperaturas muy altas y más del doble de precipitaciones que el año pasado”, señala Oskar Azkarate, director general de la Asociación de la Madera de Euskadi (Baskegur).

La enfermedad, que debe su nombre al tono rojizo que adquieren los árboles infectados, ataca únicamente a coníferas, que representan el 48% de la población arbórea del País Vasco. Las especies frondosas, como robles, hayas y eucaliptos, que suponen el 52%, son inmunes a ella.

Más del 80% de las coníferas plantadas en el territorio son pino radiata, de ahí que esta especie sea la más afectada por la epidemia. El problema es grave porque de la superficie dañada sale el 70% de la madera que consumen los aserraderos, las carpinterías y papeleras locales. El 28% viene de otras comunidades y el 2% restante son importaciones.

Según el último reporte oficial, la enfermedad afecta a 40.914 hectáreas de pinos, un tercio del total de la superficie de pinares. De acuerdo con medios locales, algunas autoridades han considerado la tala como solución.

Sin embargo, Baskegur sostiene que no hay necesidad de llegar a ese extremo y que todavía se está a tiempo de frenar el avance de los hongos. “Existen diferentes tratamientos en los que estamos trabajando con expertos de Nueva Zelanda, donde los gestores forestales conviven con la banda roja desde 1966 y su control forma parte del día a día”, indica Azkarate.

Para encontrar el remedio hay que conocer cómo actúa la enfermedad. Los tres hongos que la ocasionan atacan las hojas de las coníferas, que primero se ponen amarillas, luego marrones y rojas hasta que finalmente se secan y caen.

Al perder las hojas, la planta no puede tomar la energía del sol a través de la fotosíntesis. El árbol responde echando un segundo y hasta tercer brote. Los hongos vuelven a la carga y el ciclo se repite hasta que la planta agota sus reservas y muere. “Todo el proceso tarda entre tres y cuatro años. Mientras haya un brote verde, podemos salvar el pino si somos capaces de ayudarlo a completar la fotosíntesis”, explica.

Baskegur, el centro de investigación forestal Neiker, los técnicos de las diputaciones y los expertos neozelandeses prueban en fincas experimentales el uso de abonos naturales y tratamientos fitosanitarios que ayuden en ese sentido.

Especies sustitutas

El cambio climático va a obligar al sector a acostumbrarse a brotes de banda roja más frecuentes e intensos, por lo que una solución a largo plazo es la búsqueda de especies sustitutivas del pino radiata que sean inmunes o más resistentes a la enfermedad.

En esa búsqueda, Basquegur recomienda priorizar especies que favorezcan el desarrollo de un modelo de gestión forestal más sostenible.

La industria maderera está conformada por 1.494 empresas que aportan el 1,53% del PIB vasco y generan 20.000 empleos, 13.000 de ellos directos y 7.000 indirectos.

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