Sombras que superar, lecciones para aprender

La crisis socavó el sistema de confianza que ocupaba el centro de las economías de mercado

Sombras que superar, lecciones para aprender

La caída de Lehman Brothers ejemplifica la gran crisis financiera. Entender las diferentes etapas de la crisis nos puede proporcionar importantes lecciones a los inversores. La primera etapa de la crisis empezó realmente más de un año antes del colapso de Lehman, cuando la burbuja del mercado inmobiliario de Estados Unidos comenzó a estallar, el miedo comenzó a instalarse en los inversores y se apoderó de los mercados de crédito.

Septiembre de 2008 marcó la segunda etapa, cuando Lehman Brothers se convirtió en el primer gran banco en quebrar. Fue el momento en el que los problemas en el sector bancario se hicieron demasiado difíciles de soportar, estalló el pánico y todo el sistema financiero quedó al borde del colapso. El pesimismo e incluso la depresión marcaron el panorama entre los inversores.

La etapa de recuperación comenzó cuando los políticos se pusieron en marcha para encontrar soluciones a la calamidad, cuando el drama en los mercados financieros se filtró a las economías. El mercado estadounidense tocó fondo en marzo de 2009, después de que volviera algo de confianza tras la reunión del G20 en abril en la que se diseñó un plan de recuperación.

Muchos elementos de esta fase de recuperación de la crisis y de los años de intervención han sido positivos, incluyendo la respuesta de los reguladores. Los bancos están generalmente mucho mejor capitalizados de lo que lo estaban. El modelo de negocio que llevó a los bancos a la crisis, la dependencia de la financiación a corto plazo y la producción de productos que no se entendían, en gran medida han desparecido. También hay señales positivas que prueban que la cultura de la banca ha cambiado. La toma de riesgo excesivo está mal vista y la prudencia se ha instalado. Los bancos están ahora mucho más dispuestos a definir su propósito como apoyar a la economía a través de la concesión responsable de crédito. Las provisiones que han puesto en marcha los reguladores globales significan que los bancos están, ciertamente, más capacitados para resistir la clase de crisis que experimentamos hace una década.

Los mercados alcistas crecen en el escepticismo y maduran en el optimismo. La recuperación de la economía global se retrasó de nuevo por la crisis de la Unión Monetaria Europea, que en sí misma tiene implicaciones duraderas para Grecia e Italia. De cualquier forma, las medidas tomadas en los difíciles años posteriores a la crisis han dado su fruto en el crecimiento global, una reducción importante del desempleo y mejores resultados empresariales. El mercado estadounidense ha triplicado su valor desde marzo de 2009 mientras que el FTSE 100 se ha más que duplicado.

Algunos aspectos de aquellos eventos de hace diez años todavía proyectan una sombra sobre nosotros. De forma más notable, la crisis socavó el sistema de confianza que estaba en el centro de las economías occidentales de libre mercado. Hemos vivido un periodo en el que a algunos les parecía que los bancos estaban siendo recompensados por su mala gestión, con rescates financiados por los contribuyentes hasta la austeridad fiscal, una caída de las subidas salariales y los desequilibrios financieros exacerbados por los programas de expansión cuantitativa. El vínculo que une al sistema capitalista es la idea de que las finanzas funcionan en interés de todas las personas. La crisis financiera tensó relaciones casi hasta el punto de ruptura porque la gente ya no sentía que podía confiar en el capitalismo para proporcionarle un mejor futuro.

¿Qué podemos aprender de aquello?

Las diferentes fases de la crisis me recuerdan tres lecciones principales. La primera etapa enfatizó que las reacciones instintivas son el peor tipo de reacción. Cada día durante ese período inicial de la crisis trajo peores noticias, más pánico y nuevos mínimos bursátiles.

Fue increíblemente difícil luchar contra el impulso de ir en contra de la corriente y comprar cuando otros estaban vendiendo. Aquellos que lo hicieron recompensaron de forma generosa a los clientes que les confiaron su dinero.

La segunda lección es que la confianza, una vez perdida, es muy difícil de recuperar. El restablecimiento de la confianza que las instituciones financieras perdieron en la crisis es una enorme tarea que tomará años, quizá décadas. La comunidad de gestores de fondos podría parecer una pequeña parte en este debate sistémico y de mayores proporciones. Pero como custodios de los ahorros de los ciudadanos responsables de su futuro financiero, desempeñamos un papel fundamental.

Otra lección es unir los puntos. En agosto de 2008, cuando la cotizada Royal Bank of Scotland publicó sus resultados semestrales –incluyendo provisiones por 5.900 millones de libras por la exposición al mercado hipotecario estadounidense en crisis– el precio de sus acciones subió por el optimismo de que lo peor ya había quedado atrás. El banco fue nacionalizado 66 días después.

El hecho de que muchos inversores no vieran las señales de peligro que alertaban sobre la dimensión de la crisis nos debería mantener humildes. Es importante recordar que las suposiciones siempre deben ser puestas a prueba y las preguntas difíciles han de ser respondidas. Ningún proceso de inversión puede capturar todos los riesgos todo el tiempo, pero los clientes deberían tener la seguridad de que están tan protegidos como se puede.

La crisis también reveló problemas sobre la forma en la que algunas compañías en el núcleo del sector financiero estaban siendo gestionadas. Esto hizo que muchos inversores se preguntasen por qué los fallos del gobierno habían sido pasados por alto. En realidad, muchos de estos fallos fueron identificados, aunque no se hicieron los cambios necesarios y las advertencias no fueron atendidas.

Merece la pena recordar que la reputación de los gestores de activos como custodios del dinero ajeno depende de que tomemos una posición activa y responsable sobre las compañías que no están actuando en interés de nuestros clientes.

Somos los responsables últimos de ayudar a proporcionar un futuro financiero para los ciudadanos. Este simple deber de hacer lo correcto para nuestros clientes debería estar en el centro de todo lo que hacemos. Si queremos desempeñar nuestro papel en la recuperación de la confianza, este debería ser nuestro objetivo.

Martin Gilbert es CEO de Aberdeen Standard Investments

 

 

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