El automóvil tiene una carrera contra reloj hacia su futuro

El profundo cambio de tecnología para desplazarse requiere políticas más activas de las Administraciones

Los fabricantes de automóviles se enfrentan a su carrera más difícil: reducir las emisiones contaminantes de los coches nuevos para cumplir con los objetivos marcados por la Unión Europea, 95 gramos de CO2 por kilómetro. A la dificultad de la tarea se une el hecho de que esta sea una carrera contra reloj. Porque el límite de tiempo para alcanzar la meta está a la vuelta de la esquina, en 2021, un plazo que los expertos consideran tan escaso como para asegurar que el sector está lejos de llegar a tiempo. Ante este escenario, la espada de Damocles que se cierne en forma de potenciales sanciones sobre la industria automovilística alcanza la gigantesca cifra de 14.000 millones.

Según cálculos de la consultora IHS, en 2021, los coches eléctricos solo representarán el 4% de las ventas en Europa y los híbridos, el 19%. Esto indica a las claras todo el camino que le queda a la industria por recorrer y a la demanda de los consumidores por cambiar para reducir las emisiones de gases contaminantes de los coches.

Pero ese profundo cambio de modelo de negocio por parte de la industria y de tecnología para desplazarse por los ciudadanos requiere políticas mucho más activas de las Administraciones. Nadie discute el objetivo de mejorar el impacto del automóvil en el medio ambiente y, sin embargo, en Europa, países como España y en mayor medida aún Alemania o Reino Unido están muy lejos de las metas marcadas por la UE.

Mientras esto ocurre, el desarrollo del mercado del coche eléctrico, fundamental para reducir las emisiones, se enfrenta a contradicciones. La prueba está en que a los ambiciosos objetivos que ha marcado, Bruselas no ha ligado el desarrollo urgente y eficaz de una infraestructura europea de puntos de carga para eléctricos.

Se trata de acelerar hacia vehículos sin emisiones y, para ello, la industria reclama un ritmo manejable, que proteja la viabilidad de las empresas. El entorno de feroz competencia a que se enfrenta, unido al cambio de paradigma, requiere acciones comunes y coordinadas de todos: el sector, los ciudadanos y las Administraciones. Lo que no ayudan son iniciativas improvisadas, como la lanzada por el Gobierno contra el diésel, mientras España está aún muy lejos de ofrecer una red de puntos de recarga eléctrica suficiente para poder ofrecer autonomía a los vehículos.

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