Una hoja de ruta para un nuevo Gobierno

España debe apurar todas las reformas que tiene pendientes, empezando por la fiscal

Pedro Sánchez junto a su equipo de Gobierno.
Pedro Sánchez junto a su equipo de Gobierno. REUTERS

Desde que la economía española saliera de la recesión en la segunda mitad de 2013, “progresa adecuadamente”, gracias a las reformas implementadas, pero también en gran parte a los tantas veces mencionados vientos de cola.

En esa corriente, el anterior Gobierno logró recuperar dos de los cuatro millones de empleos perdidos en la crisis, reducir la tasa de paro 10,4 puntos, generar un superávit externo de casi 25.000 millones de euros, reducir el déficit público al 3,07%, disminuir la posición neta deficitaria de inversión internacional 20 puntos de PIB, y reducir la ratio deuda privada/PIB hasta situarla muy cerca de la media de la eurozona.

Pero si en lugar de poner las luces cortas ponemos las largas enfocando el horizonte, la visión es mucho menos optimista, ya que se avista un excesivo endeudamiento de las Administraciones Públicas, el déficit público más elevado de la UE-28, la segunda tasa de paro más alta de la UE-28, una precariedad en el empleo, un aumento de la desigualdad y una baja tasa de crecimiento de la productividad.

En este contexto, el reto del recién estrenado Gobierno es conseguir que la economía siga progresando adecuadamente corrigiendo los desequilibrios mencionados, algo que no va a ser fácil teniendo en cuenta que los vientos de los que se benefició el anterior Ejecutivo soplarán con menos intensidad, con un petróleo más caro y una subida de los tipos de interés, máxime cuando el BCE acaba de insinuar que es plausible poner fin a la compra masiva de activos en los mercados. Solo este viento (bajada de tipos) explica que las empresas y familias paguen hoy 45.000 y 38.000 millones de intereses menos que en 2008, respectivamente.

La composición del nuevo consejo de más ministras que ministros y con un elevado peso de los ministerios económicos (6 de 17) ha despertado expectación y ha sido bien recibida por los mercados. Me alegra saber que la ministra de economía es una experta en temas presupuestarios (ex directora general de presupuestos de la Comisión Europea), ya que uno de los retos más importantes que tiene España es reducir su elevado déficit público y cumplir los compromisos con Bruselas, algo que el anterior Gobierno debió lograr con más intensidad al abrigo de un ciclo expansivo.

No obstante, los Presupuestos Generales del Estado están en la cartera de la ministra de Hacienda, por lo que confío y deseo que las dos ministras sean conscientes de la importancia de lograr de una vez por todas una de las reformas estructurales que tenemos pendientes como es la fiscal (y no parches como hasta ahora con medidas electorales que han agravado del déficit), ya que tenemos una ratio ingresos públicos/PIB muy reducida en el contexto internacional e incompatible con el estado del bienestar que desean los españoles.

En el ámbito económico-financiero hay otras dos reformas estructurales pendientes: una la de las pensiones, con decisiones del anterior Gobierno que acrecientan aún más el abultado déficit del sistema (como la subida del IPC y el retraso en la aplicación del factor de sostenibilidad); otra la de la financiación autonómica, cuya parálisis retrasa la vuelta al mercado de algunas Comunidades Autónomas y perpetúa las injusticias del sistema vigente. Debería ser prioridad del nuevo Gobierno lograr el consenso necesario para sacar adelante ambas reformas, renunciando a peticiones electoralistas que acrecentarían aún más los problemas.

El nuevo Gobierno tiene que ser muy consciente de que uno de los problemas más importantes que viene sufriendo la economía española desde hace décadas es el paupérrimo resultado que consigue en términos de productividad, como consecuencia entre otras cosas de un reducido esfuerzo inversor en I+D+i y educación. Las declaraciones del nuevo ministro de Ciencia, Innovación y Universidades invitan al optimismo, ya que el “bienestar de las generaciones futuras depende de la ciencia”, para lo que es necesario “dar un apretón para situarnos en el pelotón de cabeza de la I+D”.

Confío que la ministra de Hacienda comparta esta visión y sea consciente de que estamos a años luz (de esto sabe mucho el ministro Pedro Duque) del esfuerzo inversor en I+D de otros países que disfrutan de niveles de bienestar superiores a los nuestros. La inversión en I+D ha retrocedido unos cuantos años, por lo que es prioritario reorientar los Presupuestos Generales del Estado hacia este tipo de inversión más productiva.

Un reto no menos importante es seguir creando empleo teniendo en cuenta que nuestra tasa de paro duplica la de la eurozona. Aunque se está creando empleo a buen ritmo, la precariedad sigue siendo elevada en términos de temporalidad. Soy de los que defienden que la reforma laboral ha dado sus frutos, pero se debe ir más allá para mejorar la calidad del empleo creado, a lo que ayudaría un reparto más equilibrado de las ganancias de renta, ya que los márgenes empresariales se han recuperado a mayor ritmo que los salarios.

Es obvio que con solo 84 diputados el Gobierno lo tiene muy complicado para sacar adelante las reformas estructurales que necesita la economía española, y mi deseo es que se antepongan los interés por sacar adelante reformas no cortoplacistas, a posibles medidas electoralistas con el objetivo de agotar la legislatura.

Joaquín Maudos es catedrático de economía de la Universidad de Valencia, director adjunto del Ivie y colaborador del CUNEF

Normas