Un año del primer ejemplo de utilidad explícita de la unión bancaria

Un año después, varias son las lecciones positivas y varias también las sombras que arroja el final del Popular

Un año después de la crisis y resolución del Banco Popular, la entidad ha recuperado poco a poco su normalidad operativa mientras la agónica secuencia de acontecimientos que terminaron con su adquisición por parte de Santander ha dado paso a un proceso de integración entre ambas entidades que avanza a buen ritmo. En aquellas fechas y en cuestión de apenas cuatro días, Popular fue declarado insolvente por su crítica posición de liquidez, la ausencia de posibilidades de financiación y una sangría de salida de depósitos de 3.000 millones de euros en poco más de tres jornadas. La compra del 100% del capital por Santander a cambio del precio simbólico de un euro convirtió al banco español en la primera entidad intervenida por la Junta Única de Resolución (JUR), lo transformó en una filial de la entidad de Ana Botín y puso un triste y dramático final a sus 90 años de historia.

Hoy, tras doce meses de ajuste e integración con Santander, el horizonte aparece más despejado: las constantes vitales del negocio bancario se están recuperando, la venta del 51% de la cartera inmobiliaria a Blackstone ha reducido la exposición en activos dudosos y el proceso de integración jurídica con la entidad de Ana Botín, paso previo a la unión tecnológica, espera completarse entre septiembre y octubre.

Varias son las lecciones positivas y varias también las sombras que arroja el final del Popular, más aun con la perspectiva del año transcurrido. Entre las primeras, la celeridad y profilaxis con las que se llevó a cabo el proceso, puesto que la solución decretada por la JUR constituye un operación quirúrgica inédita hasta entonces en Europa, ejecutada de forma rápida y cuyo coste no recayó sobre los contribuyentes españoles. También la decisión de Santander de ofrecer una solución a los miles de accionistas y bonistas que perdieron su dinero a cambio de no litigar en los tribunales fue un acierto estratégico, que suavizó en buena parte la judicialización del conflicto, aunque no la excluyó. Entre las sombras que permanecen figura la opacidad de la decisión de la JUR y las dudas que persisten en torno a ella, a la espera de que se publique el segundo informe de la auditora Deloitte, y con varios recursos pendientes ante la justicia europea. A ello hay que sumar la importancia que tuvo en el proceso la mala gestión de negocio y corporativa del banco, cuyo desenlace dio lugar al primer ejemplo efectivo de éxito de la unión bancaria y al nacimiento de un Santander más fuerte, pero también a la desaparición de una entidad casi centenaria.

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