Por qué EE UU se acerca al verdadero pleno empleo

La economía estadounidense es una máquina de crear trabajo, pero exige una reinvención constante

Por qué EE UU se acerca al verdadero pleno empleo

La tasa de paro norteamericana podría ser del 3,8% este año, según los analistas de Bloomberg, WSJ, Moody’s, Fitch, Standard and Poor’s y el Gobierno. Es un nivel no alcanzado desde los años sesenta y que significa verdadero pleno empleo; los salarios crecen (anualizados) 2,7% y el PIB, de continuar la tendencia de 2017, cerraría 2018 en el +3%. No se trata de ningún milagro repentino: Barack Obama puso los fundamentos en febrero de 2009 con su plan de estímulo, la bajada de tipos y el Quantitative Easing: en junio de aquel año, el PIB –tras dos años de recesión– volvió a ser ya ininterrumpidamente positivo; y en octubre comenzó la creación de empleo: 11 millones de nuevos trabajos, creados durante el mandato del presidente Obama.

Sin quitar mérito a Trump, es menester decir que ha heredado las condiciones idóneas para continuar creciendo y creando empleo. En 2018, la media mensual de nuevos empleos ha sido de 202.000. Similar a la de Obama. El PIB del primer trimestre, del 3% anualizado. Los analistas afirman que, en junio, Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal subirá los tipos. La reforma fiscal está motivando el consumo y la inversión. El círculo virtuoso económico incentiva la producción y, por tanto, la creación de empleo. En abril, la manufactura fue el segundo sector en creación de empleo. El primero fueron los servicios profesionales (negocio y tecnología).

Un alto en el camino. Los empresarios se quejan de no poder contratar más trabajadores porque, los que hay, no tienen las nuevas cualificaciones requeridas por la economía del conocimiento. Pareciera que Norteamérica podría generar empleo ad infinitum. Y, aunque resulte fuerte leerlo, la realidad es que sí, puede hacerlo, hasta acabar con el paro completamente, ofreciendo empleos a los colectivos que más lo necesitan; por este orden: mujeres, blancos con poca formación y edad media, afroamericanos, latinos y asiáticos. Las primeras están encontrando trabajo en la Sanidad, sector en el que, por no haber podido Trump derogar Obamacare, se sigue creando trabajo: 300.000 empleos en 2018, casi todos femeninos y bien pagados. El resto de colectivos, para llegar al (absoluto) pleno empleo, necesitan vencer barreras socio demográficas y económicas.

Primero, aquellas/os con más experiencia, los baby-boomers se están jubilando en grandes números. Vivieron su edad de oro profesional en la época de Clinton y ahora quieren disfrutar de una jubilación tranquila, con ahorros. Pero, la fuerza laboral pierde personas con conocimiento y experiencia, no fácilmente reemplazables. Al menos, no en el corto plazo. Por este motivo, porque los norteamericanos no dan más de sí, Tim Cook, presidente de Apple, por ejemplo, ha pedido al presidente Trump que “le deje contratar a 100.000 ingenieros de habla inglesa, porque en América ya hemos contratado a todos los que había”. Eso significa, como indica Fareed Zakaria –autor del famoso libro de cabecera de Obama The post-American world– abrir las puertas a una inmigración meritocrática en la que sean condición sine qua non el hablar inglés, tener conocimientos técnicos y “aportar riqueza al país”. Los millennials podrían ser un tercio de la fuerza laboral norteamericana, pero, en vez de buscar un oficio en la industria o la construcción, mayoritariamente optan por estudiar.

EEUU tiene una sociedad muy competitiva y, los que tienen estudios superiores encuentran más fácilmente trabajo que los que se quedaron en el instituto o en la formación profesional. Es en este ámbito, geográficamente en el norte, centro y sur del país, donde se encuentra el votante de Trump. Al menos el elector/a de hace dos años que compró el mensaje de Trump de: “el América First traerá empleos a la manufactura”. La realidad es que, desde que Trump es presidente, en ese sector se ha creado poco empleo. E, incluso, cuando el presidente saca pecho de que “Apple va a repatriar la producción a Estados Unidos creando cientos de miles de trabajo”, es difícil saber si es consciente de que el trabajador de Apple no tiene nada que ver con el minero o el agricultor que le votó. La gran mayoría de las empresas tecnológicas tienen sede en la Costa Oeste (Silicon Valley, San Francisco, San José, California, en definitiva) y los servicios financieros (banca y seguros) que dan empleos a millones de trabajadores –con la excepción de Wells-Fargo– están fundamentalmente asentados en la Costa Este (Nueva York, Boston, etc). Y, en ambas costas hay servicios, entretenimiento, música, cine, teatro… poco o nada que ver con la América rural y post-industrial del “territorio Trump” antes descrito.

En general, la sociedad norteamericana, tanto empresarios como trabajadores, son conscientes de que, para que la economía crezca y se genere empleo, Estados Unidos debe reinventarse…, de nuevo. Tienen la ventaja de que están acostumbrados a la adaptación al cambio, a pesar de que, según Gallup, el 70% de norteamericanos sufre de angustia y/o ansiedad debido a esa continua necesidad de reinvención profesional. América y los americanos saben que, si hace veinticinco años, la reinvención era sinónimo de computación y TIC, hoy, la tendencia triunfante es la digitalización.

En Europa se habla mucho de digitalización. En Estados Unidos se hace digitalización. Y ya sabemos lo que dice el refrán: “del dicho al hecho, hay mucho trecho”. Para ventaja de los estadounidenses, Obama, ya advirtió este fenómeno en su programa electoral de 2008 y, en política económica, actuó coherentemente.

La consecuencia positiva, hoy, es que, como con Clinton, una persona abandona su puesto de trabajo o es despedida en América y, en breve, vuelve a encontrar trabajo. Otro refrán: “no es lo mismo predicar que dar trigo”. Los estadounidenses andan sobrados de trigo y más que van a tener si continúan por la senda descrita anteriormente.

Jorge Díaz Cardiel es Socio Director Advice Strategic Consultants Autor 'Clinton vs Trump' y 'Trump year one'

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