Bruselas teme verse sin Comisión ni presupuestos

El declive electoral de populares y socialistas complica la sucesión de Juncker

La CE advierte de graves consecuencias si no se pactan las cuentas de la UE antes de un año

El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker. EFE Aris Oikonomou
El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker. EFE/ Aris Oikonomou

A principios del próximo mes de mayo, la Comisión Europea tiene previsto aprobar el proyecto del nuevo marco presupuestario de la UE (2021-2027), con vistas a lograr un principio de acuerdo antes de las elecciones al Parlamento Europeo (mayo de 2019). Esos comicios marcarán el inicio del relevo de los altos cargos al frente de las instituciones comunitarias. Un calendario apretado. Muy ambicioso. Y probablemente irrealizable. 

Bruselas parece a punto de contagiarse del virus del "gobierno en funciones" que ha atenazado durante meses a varios socios de la Unión Europea. Las próximas elecciones al Parlamento Europeo (del 23 al 26 de mayo de 2019) apuntan a un hemiciclo tan fragmentado que la designación de un presidente de la Comisión Europea se anuncia muy complicada y sometida a un regateo político y geográfico más intenso que de costumbre.

Los dos grandes partidos, populares (PPE) y socialistas (S&D), acusan tal declive electoral que parecen abocados a perder o, al menos, compartir, el poder en las instituciones europeas. Y la entrada de actores nuevos, como el movimiento impulsado por Emmanuel Macron, forzará una negociación a varias bandas que podría retrasar la formación de una nueva Comisión, prevista para el 1 de noviembre de 2019.

Bruselas teme que la incertidumbre política afecte también al próximo marco presupuestario de la UE. La Comisión actual, presidida por Jean-Claude Juncker, desea un principio de acuerdo sobre las nuevas cuentas en la cumbre europea del 9 de mayo de 2019 (en Sibiu, Rumanía), justo antes de los comicios europeos.

El objetivo de Juncker es que el pacto presupuestario lance un mensaje de confianza y estabilidad en un club que la próxima primavera (29 de marzo de 2019) perderá por primera vez a uno de sus socios con la salida del Reino Unido.

Pero el calendario se antoja demasiado apretado para cuadrar unos presupuestos con ingresos menguantes (Londres deja un agujero neto de unos 10.000 millones de euros al año) y partidas de gasto en aumento (defensa, seguridad, inmigración).

La CE airea catastróficos escenarios para agricultores, investigadores o becarios Erasmus si las cuentas no quedan listas antes de los comicios europeos. "Más de un millón de jóvenes podrían quedarse sin posibilidad de beca Erasmus en 2021", advierte el organismo de Juncker.

El retraso también le costaría el empleo a unos 5.000 investigadores por mes, según la CE, y la cancelación de ayudas a unas 200 publicaciones científicas. La construcción de numerosas infraestructuras se retrasaría, entre ellas, por ejemplo, la conexión ferroviaria entre España y Portugal a través de Extremadura.

A pesar de tan negros presagios, la experiencia muestra que las negociaciones presupuestarias en la UE derrapan hasta el último momento. En la última negociación (para las cuentas de 2014-2020) el retraso acumulado superó los seis meses y provocó, por ejemplo, la cancelación de unas 30.000 becas Erasmus.

Esta vez la incertidumbre es mucho mayor. Y la UE podría encontrarse dentro de un año con un socio menos (Reino Unido), sin mayoría clara para elegir al sucesor de Jean-Claude Juncker y con un presupuesto prorrogado para 2020. Un escenario similar al sufrido por varios socios en los últimos años.

España se pasó casi todo 2016 con un gobierno en funciones y ha empezado 2018 con un presupuesto prorrogado y especulaciones sobre elecciones anticipadas. Alemania también tiene este año prorrogado el presupuesto. Y tras las elecciones de septiembre de 2017, la canciller Angela Merkel ha tardado seis meses en formar un gobierno de coalición... con el principal partido de la oposición.

Las elecciones de marzo de 2017 dejaron a Holanda con un gobierno en funciones durante siete meses. E Italia acaba de cumplir un mes en la misma situación tras los comicios del 4 de marzo, que ha transformado el bipartidismo tradicional en un bipartidismo de los extremos, con 5 Estrellas a la izquierda y la Liga a la derecha.

El desenlace de las elecciones europeas también apunta a una erosión del apoyo de los dos grandes partidos, que a principios de este siglo copaban más del 66% de los escaños y en las últimas elecciones (2014) apenas superaron el 50%.

Populares y socialistas ven peligrar tres de sus principales filones electorales -Francia, Italia y España-, que en los comicios de 2014 les aportaron más del 27% del total de escaños que obtuvieron (109 sobre 406). El brexit dejará a los socialistas, además, sin los laboristas del Reino Unido, su tercer grupo nacional más numeroso.

La primera decisión importante del nuevo Parlamento será el nombramiento del futuro presidente de la Comisión, que requiere el voto favorable de la mayoría absoluta (353 sobre 705). Los grupos políticos salientes insisten en que el sucesor de Juncker sea elegido entre los candidatos designados por cada partido político, como ocurrió en 2014. Pero el Consejo Europeo, con Macron al frente, prefiere reservarse la posibilidad de elegir a su propio candidato.

Esa discrepancia podría desencadenar el primer choque. El Tratado de la UE estipula que si el Parlamento rechaza al candidato del Consejo, deberá elegirse un nuevo aspirante en el plazo de un mes, que también requerirá el voto favorable de la mayoría absoluta de los europarlamentarios. Una secuencia que recuerda peligrosamente al bloqueo sufrido en los últimos meses en varios países. Y que podría dejar a Bruselas sin Comisión ni presupuestos.

 

 

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