Solo Macron encara 2018 con cierta tranquilidad

España confía en recuperar protagonismo en la UE durante los próximos meses, pese a la crisis en Cataluña

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Emmanuel Macron saluda a Mariano Rajoy a las puertas del Elíseo el pasado 12 de diciembre. / AFP/ ALAIN JOCARD

La Unión Europea deja atrás el año de la gran incertidumbre electoral, un 2017 en el que sus dos grandes socios, Francia y Alemania, y otro puñado de países (Holanda, República Checa, Austria...) celebraron comicios.Pero 2018, según valoran fuentes europeas, no se presenta mucho más tranquilo a pesar de la aparente ausencia de grandes citas con las urnas.

A las dudas sobre la formación de gobierno en Alemania y la probable convocatoria de elecciones en Italia se suma la inestabilidad de los ejecutivos en más de media docena de países. Según fuentes europeas, solo París y Madrid encaran el nuevo año con una aparente tranquilidad por la que nadie hubiera apostado unos meses atrás. Los otros dos polos de presunta estabilidad para 2018 dentro de la UE son aún más inesperados si cabe: Portugal y Grecia.

En el caso de España, sin embargo, la estabilidad pende de un hilo catalán que podría romperse en cualquier momento. Aun así, la situación era mucho más volátil hace poco más de un año. España y Francia destacaban entonces como dos de los socios europeos con un futuro político a corto plazo más incierto.

Francia se adentraba en un período electoral con los dos grandes partidos descabezados frente a la fuerza emergente de la ultraderechista Marine Le Pen, partidaria en aquel entonces de abandonar la zona euro. Y España sufría una parálisis legislativa (hasta mediados de 2016) como consecuencia de la imposibilidad de formar un nuevo gobierno, lo que llevó a repetir las elecciones celebradas en noviembre de 2015.

Las tornas han cambiado y el presidente francés, Emmanuel Macron, surgido de una tercera vía de creación personal, se ha convertido en el eje de rotación de un Consejo Europeo dominado durante más de una década por la canciller alemana, Angela Merkel, que ahora vive sus días más inciertos.

Mientras Merkel sigue sin ser capaz de formar gobierno (y no se espera que lo haga hasta primavera, más de seis meses después de las elecciones de septiembre), Macron va modelando su discurso euroentusiasta y tejiendo alianzas entre los socios de la Europa meridional y oriental para intentar sacarlo adelante. Sabe que no puede hacerlo sin Berlín. Pero el francés aprovecha  el viento económico a su favor para asentarse en el poder, a la espera de una Merkel más debilitada que nunca.

El indicador francés de confianza económica ha registrado en diciembre su nivel más alto en una década (112). El optimismo del empresariado se encuentra en cotas desconocidas desde 2007. Y el acelerón del crecimiento en el último trimestre anticipa una excelente cosecha para el año que empieza.

"Un final de año mejor de lo esperado debe llevar a un crecimiento del PIB del 1,8% en 2017", señalan los analistas de ING. Y destacan "la atmósfera positiva de reformas que ha logrado crear el gobierno de Édouard Phillippe [el primer ministro de Macron]".

Los mismos analistas indican que "incluso si la mayoría de las medidas no estarán en vigor en 2018, las expectativas son muy altas y esperamos que las reformas continúen el próximo año". Las proyecciones también apuntan a que la tasa de paro en la Francia de Macron podría caer en 2018 por debajo del 9%, y recuperar así el nivel previo a la crisis financiera iniciada en 2008.

Los datos pueden reforzar el mandato de Macron, que todavía dispone de cuatro años y medio de legislatura. Y con la retaguardia cubierta, parece decidido a asumir un liderazgo europeo e, incluso mundial, aprovechando la ausencia de Berlín y la vacante dejada por Barack Obama.

El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, también entra con buen pie económico en 2018, que podría convertirse en el quinto ejercicio consecutivo de potente crecimiento (2,6% según las previsiones) y creación de empleo (se espera que la tasa de paro caiga al entorno del 15%).

Rajoy se ha convertido, además, en uno de los líderes más veteranos del Consejo Europeo tras seis años en el poder. Y su veteranía será más evidente durante un 2018 en el que hasta una decena de países celebra elecciones (desde Suecia a Hungría, Chipre o Irlanda) y varios presidentes corren un serio riesgo de no volver a las cumbres europeas.  

"Cuando llegas al Consejo Europeo y miras alrededor de la mesa, ves que muchos de los presidentes tendrán serias dificultades para sobrevivir políticamente en 2018", señala una fuente diplomática que asiste a las cumbres europeas. "No es el caso de Rajoy", pronostica esa fuente.

La resistencia del presidente español, sin embargo, se enfrentará a serias pruebas durante los próximos meses. La grave crisis institucional en Cataluña continúa y supone un gran desgaste político para el Gobierno tanto a nivel interno como internacional.

España confía en recuperar presencia en las instituciones europeas durante 2018, tras varios años de deterioro en Bruselas de la marca España. Hasta el Rey Felipe VI ha admitido esa pérdida de influencia durante el discurso de Navidad y ha alentado a corregir la situación: "España debe recuperar protagonismo en el proyecto europeo".

El objetivo fundamental es hacerse con un puesto en el Comité Ejecutivo del BCE, donde quedará vacante la vicepresidencia en mayo de 2018. El ministro de Economía, Luis de Guindos, podría presentar su candidatura en enero. Y él mismo asegura que "el puesto será para el candidato o la candidata que presente España".

El Gobierno reivindica el cargo del BCE y presenta como credenciales la reestructuración del sector bancario, el ritmo de crecimiento (3,1% anual, muy por encima de la media de la zona euro) y la creación de empleo (más de medio millón de puestos de trabajo al año, el dato más elevado de la UE).

Pero el impacto económico del conflicto catalán también puede desbaratar esos argumentos. "El desafío soberanista", según Funcas, "restaría la mitad del crecimiento previsto entre el 1-O y marzo de 2018 en Cataluña, pasando del 3,1% al 1,6%". La repercusión en el resto del país sería inevitable, dado que Cataluña supone casi la quinta parte del PIB español.

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