El retroceso del diésel en Europa, una cuestión de confianza

Los motores de gasolina se han beneficiado de una caída que tiene que ver con las nuevas exigencias ambientales, pero también con los escándalos

El retroceso del diésel en Europa, una cuestión de confianza

El número de matriculaciones de vehículos diesel en Europa ha retrocedido, pero no lo ha hecho (de momento) en favor de los coches eléctricos, sino de los motores de gasolina. Las ventas de los diesel han caído un 8% en 2017, hasta las 6,76 millones de unidades, la cifra más baja de la última década. Los vehículos de gasolina se han beneficiado de ese descenso –han crecido un 11%– y han logrado superar el 50% de cuota, mientras los motores limpios (híbridos, híbridos enchufables y eléctricos) han cerrado el año con una exigua participación en las ventas totales, del 4,8%, aunque se haya alcanzado gracias una crecimiento interanual del 46%.

Esta tendencia decreciente del diésel se explica fundamentalmente por dos razones. La primera tiene que ver con el descubrimiento, a raíz del escándalo sobre las emisiones de VW en el año 2015, de que el diésel no es un combustible más limpio que la gasolina, tal y como la industria afirmaba. Entre otras consecuencias, el caso VW ha adelantado la aprobación de las nuevas fórmulas europeas de medición de emisiones contaminantes, capaces de determinar exactamente lo que contamina un coche. Pero algo se ha roto en ese proceso, algo relacionado con la confianza y con la reputación de este tipo de motor y combustible. Tampoco ha ayudado a mejorar la situación el nuevo escándalo surgido en torno a las investigaciones sobre los efectos nocivos del diésel sobre personas y primates que ha realizado un grupo financiado por las principales automovilísticas.

La segunda razón que explica el retroceso del diésel es la oleada de regulaciones que pretenden desterrar el uso de este combustible por razones medioambientales. En París no se podrá circular con coches diésel a partir de 2020 y existen restricciones horarias en el centro de la ciudad para algunas variedades de este combustible. Lo mismo ocurre en muchas ciudades alemanas y ya hay países, como Noruega, que quieren prohibir tanto los coches diésel como lo de gasolina a partir del año 2025. Si a todo ello le sumamos la lenta –pero tenaz y constante–entrada de los vehículos limpios en el mercado, el futuro parece que no cuenta en exceso con este tipo de vehículos. Conviene tenerlo en cuenta.

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