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Interior de la sede de Airbnb en San Francisco (EE UU).

La gente debe ser el elemento central del espacio de trabajo

La tecnología no puede dificultar los procesos de los empleados: es una herramienta más

Airbnb utiliza su sede como un aliciente para atraer a los mileniales

Hacer las cosas de manera diferente requiere espacios distintos. Una idea que apoyó el consejero delegado de la consultora Barrabés.Biz, Luís Martín, en la jornada Worktech 17, organizada por la consultora inmobiliaria Aguirre Newman y celebrada ayer en Madrid. El directivo defendió que la transformación de los espacios de trabajo ha de ser un pilar importante si se desea cambiar la forma en la que se lleva a cabo el mismo.

Las oficinas deben adaptarse a los empleados y a los procesos que tienen lugar en una empresa. No todo vale. Por eso, Martín hizo hincapié en que lo primero que se debe tener claro son las aspiraciones de la compañía, lo que pretende conseguir. Después, llevar a cabo una comunicación intensa para lograr llegar a la gente, y por último, ejecutar el proyecto también en los propios lugares de trabajo. Estos deben ser espacios concebidos con un propósito concreto y que faciliten el desempeño del trabajo. La tecnología es una herramienta importante en las mismas, pero no debe ocupar el lugar central, sino integrarse con el resto.

En palabras del director de espacios híbridos de Accenture Digital, Juan Antonio Casado, “lo digital y lo físico no son mundos distintos, no podemos detectar las barreras entre estos, sino que deben combinarse entre sí”. El ejecutivo apoyó los espacios híbridos como una solución que aúna tecnología, espacio físico y experiencia del usuario. Una forma de “ser más eficiente, hacer que los empleados estén contentos, y por tanto, se queden, así como ofrecer una imagen corporativa moderna”, desarrolló. En este sentido, puntualizó que se debe estar seguro de que la tecnología cumple una necesidad real y no inventada, y de que esta funcione, para no crear expectativas desmesuradas, que deriven en frustración. Asimismo, para Casado, lo digital no debe dificultar el desempeño de las tareas ni exigir un cambio en el comportamiento de las personas, sino al contrario, adaptarse a sus formas de trabajo.

Un ejemplo que suele tomarse al hablar de espacios de trabajo es el de Google. Sin embargo, este modelo puede no servir a todas las empresas. El director de ventas de la empresa de diseño de mobiliario profesional Herman Miller, Mario Colombo, destacó que muchos clientes acuden a ellos pidiéndoles que recreen las oficinas de la firma tecnológica, pero siempre se niegan. “Lo primero es tener clara la cultura empresarial y adaptar las oficinas a ella. No puedes tener las oficinas de Google si no eres Google”, remató Colombo, para quien una buena oficina debe ser adaptable, dar cabida a las diferentes formas de trabajar de los empleados y tener espacios que animen a la colaboración entre personas. Algo que intentan plasmar desde su proyecto Living Office (oficina viviente), “basado en la observación de la gente que trabaja en una oficina para recabar datos y concluir cuál sería el mejor espacio para ellos”.

Para el fundador y consejero delegado de Cordless Consultants, Philip Ross, Airbnb y PwC son dos de los mejores ejemplos de espacios de trabajo exitosos. El primero busca atraer a los mileniales y su sede de San Francisco (EE UU) es uno de los principales ganchos. Todos los espacios de reunión son diferentes entre sí y persiguen el mismo concepto que los apartamentos que se encuentran en su página web: espacios con un encanto particular. Por su parte, la sede de la consultora PwC en Seattle (Estados Unidos) tiene una orientación muy diferente. Para ellos, las oficinas también son un lugar para los clientes y cuentan con espacios para que estos puedan trabajar, así como para interactuar con ellos.

En definitiva, se trata de poner el foco en las personas a la hora de diseñar las oficinas del futuro.

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