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Contante y Sonante
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Un regreso con previsible colapso judicial

Los fondos comienzan a dudar si invertir en banca ante una posible resolución Este mes Santander explicará las pérdidas de Popular de 15.500 millones en 18 meses

Un hombre permanece cerca del logotipo de Banco Popular
Un hombre permanece cerca del logotipo de Banco PopularREUTERS

Comienza nuevamente la rutina. Prácticamente todos los directivos de la banca española, como los del resto de sectores, llevan aproximadamente una semana en sus respectivos puestos de trabajo. Es lo que pasa con los cargos de responsabilidad, sus vacaciones no superan las tres semanas seguidas. “Ojalá pudiera tener un mes”, bromeaba a finales de agosto un destacado ejecutivo de la banca española.

El regreso a la rutina siempre genera un cierto grado de depresión, aunque para los banqueros que todavía quedan en el sector tras la debacle sufrida en los últimos años la vuelta al trabajo tiene poco o nada que ver con el retorno de hace justo 10 años. Hace una década, el 9 de agosto de 2007, se produjo el primer aviso de que se avecinaba una dura crisis financiera.

Por primera vez se cerró el mercado interbancario. Los bancos no podían prestarse entre ellos. Se había cerrado el grifo de la liquidez. Ese día, los primeros ejecutivos de los bancos de todo el mundo regresaron de sus vacaciones. Las alarmas se habían encendido.

Pese a ello, el sector financiero español se creía ajeno a esa crisis. Pensaban, inocentes, que no iba a afectar al país, que se quedaría en Estados Unidos y en algún otro país, como Reino Unido o Alemania, donde comenzaban a detectarse también signos de debilidad y las hipotecas subprime o basura habían desembarcado en sus bancos envueltos en productos de alto riesgo, pero también de alta rentabilidad.

Pasado el susto del 9 de agosto, los banqueros españoles decidieron seguir sus vacaciones. Eso sí, con el móvil pegado al cuerpo. El susto había hecho mella, pero parece que menos de lo que el primer aviso de crisis supuso para los mercados.

Un año después, los banqueros españoles volvieron a irse de vacaciones. Los avisos de nubarrones en el sector no les impidió descansar Pero la tormenta llegó a España, y con una virulencia que nadie había previsto. Y si no que se lo digan a los miembros del Banco de España, cuyo informe de la crisis financiera en el país publicado en julio reconoce que no estaban preparados para el tsunami financiero que llegó en 2008 y del que no se ha salido hasta casi el pasado año. De hecho, aún hay alguna que otra secuela de ella.

La quiebra del gigante financiero Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008 quitó de un plumazo a todos los banqueros la posible depresión posvacacional.

Pero en esta ocasión todo parece volver a la rutina entendida como normalidad, a esa que nunca debió de faltar en el sector.

Solo a la cúpula de Banco Santander se le ha acumulado el trabajo este verano. El equipo de Ana Botín ha tenido que concretar todos los planes para llevar a cabo la absorción de Banco Popular, y entre los que se encuentran también la búsqueda de vías para que los clientes de este banco mantengan sus ahorros en la entidad.

De momento, este mes está previsto que el gigante bancario comience a compensar a gran parte de los pequeños accionistas de Popular a cambio de ser fiel al nuevo grupo y a renunciar a emprender acciones legales contra Santander.

La excúpula de Popular, sin embargo, recibe nuevos varapalos por su gestión en la entidad tras la publicación de las cuentas de la entidad del primer semestre del ejercicio. Santander ya anunció a finales de julio, cuando presentó sus resultados correspondientes al primer semestre del año a finales de julio, que las pérdidas del banco intervenido superarían los 12.000 millones de euros tras los saneamientos llevados a cabo.

Estos números rojos se sumarían así a los casi 3.500 millones de euros de pérdidas alcanzados en 2016. Nada más y nada menos que 15.500 millones de euros de agujero, cifra a la que se llega justo un año después de que Popular realizase una ampliación de capital por 2.500 millones de euros, una cifra que ahora parece ridícula dada la inmensidad de las pérdidas.

Es muy posible que una vez que Santander dé a conocer los resultados de Popular a finales de septiembre se disparen aún más las demandas de pequeños y, sobre todo, de grandes inversores, que tendrán bajo su mira no solo a los gestores del banco absorbido, sino también a su auditor, PwC.

De momento, todos los despachos de abogados se frotan las manos, incluso muchos internacionales. Se prevé un invierno calentito para los juzgados españoles –cláusulas suelo, reclamaciones por la ampliación y resolución de Popular, y por una serie de comisiones o gastos llevados a cabo en las firmas de las hipotecas que no está claro que sea el cliente el que deba asumir–.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) se enfrentará también al mayor reto judicial al que se ha sometido Europa por una sola causa. Las demandas contra el Estado español y contra el FROB, que a su vez es también el contribuyente, se agolparán en las ventanillas de los juzgados.

Y mientras, los grandes inversores internacionales analizarán muy atentamente el resultado de los distintos fallos judiciales del caso Popular. “La resolución de Popular, en el que accionistas y bonistas han perdido todo de un día para otro bajo una intervención que se considera opaca, sin precedentes y precipitada, puede conllevar un duro golpe para el sector ya que los fondos preferirán a partir de ahora invertir en sectores más seguros, en los que la caída de una empresa no tenga que suponer por fuerza perder todo tu dinero”, señalan fuentes vinculadas a grandes inversores internacionales .

También se complica la labor de los consejeros de los bancos, señala otra fuente.

Pero mientras que Bruselas intenta modificar alguno de los puntos más conflictivos sobre la resolución de la banca, con Popular como conejillo de Indias, las entidades han regresado a sus tareas en un panorama económico más relajado que en años anteriores. Esto se refleja en sus cuentas de resultados, que vuelven a recuperar la normalidad, y en sus balances.

Los niveles de provisiones han recuperado el peso anterior a la crisis financiera, la morosidad sigue en descenso y la rentabilidad mejora. Aun así, la consigna es seguir reduciendo costes, lo que implica más cierres de oficinas y disminución de plantilla.

Pero el crédito sigue sin dar el salto definitivo. Está por debajo de sus previsiones. La digitalización ha llegado para quedarse y todas las entidades deben adaptarse a los nuevos modelos.

De momento, el comité de Basilea remitió al sector el pasado jueves una consulta sobre las implicaciones de la fintech para el sector financiero. Y es que la banca debe convivir con estos nuevos actores del sector.

ste mes las juntas de Bankia y BMN aprobarán su fusión y el Gobierno quiere aprovechar para vender un nuevo paquete de Bankia (ya con BMN) en el mercado.

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