¿Qué pasaría si los bancos centrales desaparecieran de los mercados?

Las cotizaciones se ven afectada pues hoy el comprador de referencia es el Gobierno

Bolsa de Frankfurt.
Bolsa de Frankfurt.

Los mercados financieros, formados fundamentalmente por acciones y bonos, se encuentran en un momento dulce. Una recuperación cíclica de la economía global y de los beneficios empresariales, al mismo tiempo que una política monetaria que sigue fuertemente acomodaticia, suponen un coctel tónico incluso a prueba de correcciones. Previsiblemente, los próximos meses continuarán por la misma senda a pesar de que algunos analistas y gestores avisen de excesos y de que el mercado ya ha corrido mucho, quizás demasiado, en los últimos tiempos.

Efectivamente, la única amenaza seria a la recuperación cíclica, que va a continuar en los próximos meses o trimestres, sería un fuerte endurecimiento de la política monetaria. En nuestra opinión, la economía global y norteamericana no están preparadas para una subida de tipos clásica que lleve a estos a un par de puntos porcentuales por encima de los niveles actuales y más en línea con su norma histórica para los guarismos de crecimiento del PIB e inflación actuales. Simplemente los niveles de endeudamiento son demasiado elevados, y su impacto sobre el crédito y el consumo, motor de las economías desarrolladas estos últimos años, potencialmente muy dañino.

Entre los muchos cálculos sobre el impacto de tipos en los costes de servir la ingente deuda que han acumulado la mayor parte de economías desarrolladas, les destacamos el de uno de los gestores alternativos que seguimos, Maurizio Novelli de Lemanik. Según sus cálculos en 1999, justo antes de la explosión de la burbuja tecnológica, los Estados Unidos necesitaban un 19% de su PIB para servir el coste de la deuda. En 2007, en el pico de la burbuja inmobiliaria con un cúmulo de deuda de 14 billones de dólares, ese coste subió hasta el 23% del PIB. En la actualidad, a pesar de los históricamente ultra bajos tipos de interés, el coste es de un 17% del PIB. Solo una subida de un punto porcentual de los tipos, llevaría ese coste al 20% del PIB. Esta situación se debe precisamente al aumento del crédito al consumo que se ha doblado desde el año 2007. Nos estamos acercando, por tanto, a ese nivel de coste del 20% que parece el punto donde se torna en demasiado gravoso para que la economía sea capaz de digerirlo.

Las autoridades monetarias son plenamente conscientes de ello por lo que una continuación de políticas de tipos (demasiado) bajos es lo más probable. Sin embargo, aunque en Europa cualquier acción sobre los tipos está descartada a corto plazo, ya se empieza a especular sobre el potencial comienzo de una retirada de las inyecciones de liquidez vía programas de compra de bonos, el conocido tapering. En el caso norteamericano, se descuentan dos subidas de tipos al menos este año, siendo segura la de este mes de junio en la reunión de la próxima semana. Uno de los riesgos de ser demasiado acomodaticios con los costes de financiación es el desarrollo de burbujas en los mercados financieros, algo que algunos defendemos se vienen formando desde hace tiempo.

El problema, sin embargo, no es solo que los mercados se han apoyado en unos costes de financiación artificialmente ultra bajos, sino que ha habido enormes programas de compra de activos (todavía los tenemos en Europa y Japón). La compra de bonos gubernamentales y de empresa ha sido masiva e indirectamente de acciones. El resultado son unos mercados que se ponen en cuestión como tal porque existe un gran comprador artificial, en el sentido de que no se mueve por razones financieras, que son las autoridades monetarias. Dadas las estrechas relaciones entre autoridades monetarias y sus respectivos Gobiernos, en última instancia se puede decir que el comprador de referencia en los mercados estos últimos años son los propios Gobiernos.

La formación de precios en los mercados financieros viene dada por los agentes que compran y los que venden y con qué potencia (cantidad de dinero) compran y venden. Resulta totalmente legítimo y razonable preguntarse qué cotizaciones resultarían de retirarse ese nuevo actor comprador de activos independientemente de su bondad como inversión rentable. Igualmente resulta razonable especular sobre qué sucedería si buena parte del resto de agentes del mercado perdiera en algún momento su confianza en este último comprador de última instancia y/o en el propio mercado. El mercado bursátil norteamericano cotiza a un ratio precio/beneficios (PER) de más de 20 veces y el europeo, tras las últimas subidas, también. Este tipo de elevados descuentos solo se dan cuando las empresas generan crecimientos de negocio y beneficios abultados de doble dígito. Sin embargo, en los últimos años, ese tipo de aumentos de los resultados empresariales brillan por su ausencia, lo que es consistente con unas economías y una productividad que apenas crecen o lo hacen de forma anémica.

Adicionalmente, puede defenderse que incluso dichos bajos crecimientos están sustentados en el fuerte aumento del crédito, los déficits fiscales y los ultra bajos tipos de interés. De nuevo, en ausencia de estos factores cabe preguntarse si de manera más o menos autónoma hubiéramos sido capaces de generar crecimiento.

La principal conclusión para el ahorrador e inversor es que en vista de la situación descrita, es del todo razonable y recomendable mantener una parte de su dinero al margen de los activos clásicos de riesgo, básicamente acciones y bonos.

Juan Manuel Vicente Casadevall. Eafi Kessler & Casadevall Asesoramiento Financiero. Asesor Multiciclos Global FI

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