Los 'cocos' de Popular, en un punto de inflexión

Se diseñaron para salvar bancos con problemas

Una liquidación sería una oportunidad perdida

Banco Popular
Junta de accionistas de Banco Popular, el 19 de mayo pasado. En el estrado, el presidente, Emilio Saracho.

El lío que rodea a Popular podría ser un punto de inflexión para sus cocos (bonos convertibles contingentes), instrumento diseñado para ayudar a los bancos con problemas. Su precio se ha desplomado, por temor a que se conviertan en acciones o dejen de pagar sus cupones regulares. Lo que suceda a partir de ahora puede mostrar que los cocos son viables en una crisis bancaria del mundo real, o lo contrario.

Los cocos se crearon tras la última crisis financiera para absorber las pérdidas cuando un banco está en problemas pero aún no quebrado, transformando deuda en valores. Los inversores se asustaron el año pasado debido a los temores de que Deutsche Bank recortara sus cupones. Popular ha dado a los titulares de estos híbridos un susto aún mayor. Su bono ha caído a un 60% de su valor nominal en medio de la preocupación por las dificultades que pueda tener para recaudar los fondos necesarios para compensar futuras deudas incobrables.

Los tenedores de 1.300 millones en cocos de Popular podrían encontrarse con dos desafíos. Uno es que puedan tener que renunciar a los pagos de intereses, si el capital tier 1 del banco cae otros 326 millones, según CreditSights –o si lo dice el regulador. El obstáculo es que eso solo aportaría 30 millones inicialmente, y aumentaría los temores de que algo peor aún estaría por llegar.

El paso más radical es convertir los bonos en acciones, que puede ocurrir si la proporción de capital común tier 1 de Popular cae por debajo del 7%, o del 5,125% dependiendo de la emisión. Eso podría ocurrir con, digamos, 3.000 millones de provisiones adicionales. Los tenedores de bonos sufrirían pérdidas de quizás el 60%, pero los 1.300 millones en acciones ayudarían a reconstruir el capital del banco y aumentarían las posibilidades de que pudiera obtener del mercado el resto del capital que necesitara, o de encontrar un comprador.

O puede que no ocurra ninguna de las dos cosas. El regulador puede decidir liquidarlo, pero sería una oportunidad perdida. Un ejemplo de híbridos actuando en el mundo real demostraría que estos instrumentos pueden salvar un banco –que es lo que justifica su existencia, y que todavía está en discusión.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.

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