Día Mundial del Agua | Entrevista

Rafael Mujeriego: “En reutilización de agua hay que actualizar la normativa”

El presidente de la Asociación Española de Reutilización Sostenible del Agua sostiene que España es pionera en la materia, pero debe modernizar y adaptar su normativa a la que prepara la Unión Europea

Rafael Mujeriego, presidente de la Asociación Española de Reutilización Sostenible del Agua (Asersa), en la fuente de Hércules, en Barcelona.
Rafael Mujeriego, presidente de la Asociación Española de Reutilización Sostenible del Agua (Asersa), en la fuente de Hércules, en Barcelona. Cinco Días

Rafael Mujeriego, catedrático jubilado de la Universidad Politécnica de Cataluña, colaboró con el Gobierno en la redacción del decreto de diciembre de 2007 que regula la reutilización de las aguas depuradas. Junto con otros expertos que participaron en la elaboración de la norma, en marzo de 2008 constituyó la Asociación Española de Reutilización Sostenible del Agua (Asersa), que fomenta proyectos en este campo.

Entre 2002 y 2003 trabajó como profesor visitante en el Orange County Water District, de California, agencia pública que gestiona una de las infraestructuras de reutilización más exitosas del mundo.

Pregunta. ¿Reutilización es lo mismo que reciclaje?
Respuesta. Ese es un concepto fundamental que conviene utilizar en contra de las modas. El agua, como cualquier producto de consumo, pasa por dos etapas: fabricación y distribución. Una cosa es extraerla del río y potabilizarla y otra, conducirla por una red para que salga del grifo. A la primera parte, que consiste en darle una calidad en función del uso que va a tener, se le llama regenerar. A la segunda, reutilizar. La población piensa que lo que cuesta es hacer el agua cuando, en realidad, lo que cuesta es distribuirla. Hay la moda de llamar a todo reciclar, pero si aplicamos ese concepto a la primera y segunda etapa, la diferencia entre ellas se difumina y llega un momento en el que no sabemos de qué estamos hablando.

P. ¿Qué fue lo más importante que introdujo el decreto de 2007?
R. Dio un reglamento con el cual poner en marcha proyectos de reutilización legalmente. Hasta entonces, estos se hacían de manera provisional, a la espera de un permiso posterior. Con esta norma, ya podemos tocar la sinfonía porque tenemos la partitura. Ahora que va a cumplir 10 años merece que la adaptemos al progreso.

Rafael Mujeriego
Rafael Mujeriego, presidente de Asersa: "La población piensa que lo que cuesta es hacer el agua cuando, en realidad, lo que cuesta es distribuirla". Cinco Días

P. ¿Qué tipo de proyectos reguló?
R. Se empezó por el riego de campos de golf. En la Costa Brava, un municipio lo autorizó con la condición de que se utilice agua regenerada porque de la potable no había suficiente. A partir de ahí se fue extendiendo al riego agrícola y al de parques y jardines públicos. Regenerar es un poco más que depurar, es subir un poco la calidad del agua para utilizarla en agricultura o baldeo de calles. Madrid, por ejemplo, tiene la M-30 del agua regenerada: una gran conducción que da la vuelta a toda la ciudad llevando agua a todos los jardines y bocas de riego para la limpieza de calles con mangueras. Es un caso emblemático, pero poco difundido, como todos los demás.

P. ¿En qué consiste el proyecto del condado de Orange?
R.La agencia toma el agua del efluente secundario de una depuradora, que antes se iba al Pacífico por un emisario submarino, y la somete a un proceso de regeneración. El agua resultante es igual o mejor que la procedente de fuentes superficiales más lejanas, como los ríos Sacramento o San Jacinto, que están a 800 km al norte, o del río Colorado, que es peor (agua más salina), a 200 km al este. Después depositan dos terceras partes en unas balsas para que se infiltre en el acuífero, y otra la inyectan en una serie de pozos cerca de la costa para construir una barrera contra la intrusión salina [la salinización del acuífero por el avance del agua de mar tierra adentro]. De esta manera, regeneran una fuente que han sobreexplotado durante años.

P. ¿Hay proyectos similares aquí en España?
R. Hay dos. En el Port de la Selva, un pequeño municipio de la Costa Brava que está justo antes de la frontera con Francia, alejado de los embalses y grandes ríos. Tiene una población de 2.000 habitantes en invierno que se multiplica por ocho en verano. El acuífero no se da abasto y se saliniza por completo. Hace unos años se presentaron a un proyecto europeo para demostrar que ejecutar en España un proyecto como el de Orange era factible y en ello están. Durante el invierno depuran y regeneran agua y la dejan infiltrar para que recargue el acuífero. Claro, el Orange County produce 380.000 metros cúbicos al día y ellos 600, pero la solución es la misma. El otro es un proyecto en Barcelona que las restricciones presupuestarias han dejado en hibernación y que regenerará agua para inyectarla en una barrera contra la intrusión salina en El Prat de Llobregat. Antes o después, esa agua terminará siendo parte del acuífero y servirá para abastecer al aeropuerto y otras instalaciones.

"En la Costa Brava hay un proyecto para recargar el acuífero similar al del condado de Orange. Produce 600 metros cúbicos al día frente a los 380.000 de California, pero la solución es la misma”

P. ¿Qué Administraciones son las responsables de estos proyectos?
R. El de El Prat de Llobretag depende de la Agencia Catalana del Agua y lo ejecuta el área metropolitana de Barcelona. El de Port de la Selva es un proyecto del ayuntamiento que coordina y gestiona el Consorcio de la Costa Brava, un órgano asesor formado por la mancomunidad de los 27 municipios de la zona. En España somos pioneros en reutilización del agua, pero debemos modernizar la norma.

P. ¿Por qué la antigüedad de la norma frena el desarrollo de proyectos de reutilización?
R. Hay un detalle que saldrá al debate público cuando la Unión Europea difunda la norma que está elaborando para regular la reutilización de agua en riego agrícola, ya que salvo España, Italia y Grecia, muchos Estados comunitarios carecen de ella. Nuestro decreto manda hacer un seguimiento analítico en todos los puntos de uso. Pero desde que el agua sale, por ejemplo, de la planta de Viveros de la Villa, al sur de Madrid, hasta que llega a la ciudad, atraviesa centenares de bocas de riego. En todas ellas habría que hacer un análisis bajo ciertos parámetros, cada uno de los cuales cuesta dinero. La normativa europea coincide con la californiana en que el análisis se debe de hacer únicamente en el punto de salida, lo cual es más económico. Conviene actualizar eso y contar con que los usuarios se ocupen de que el agua no se ensucie durante el recorrido.

P. ¿Cuánto costaría replicar una experiencia como la del condado de Orange en España?
R. El coste puede estimarse a partir de los datos del proyecto del Orange County Water District: una inversión unitaria de 2,5 dólares por metro cúbico de capacidad anual y un consumo energético de 1,5 kilovatios hora por metro cúbico. El coste del agua producida oscila entre 0,40 y 0,45 dólares por metro cúbico. Estos indicadores son notablemente mejores que los de las plantas desaladoras que se han construido en nuestra costa mediterránea: una inversión de 4 euros por metro cúbico al año, un consumo de entre 3,5 y 4,0 kWh/m3 y un coste de producción de 0,80 euros/m3. Es obvio que la falta de ayudas comunitarias como las que disfrutamos para la implantación de ese amplio parque de plantas desalinizadoras, junto con la falta de fuentes de financiación nacionales por las restricciones presupuestarias, dificultan el desarrollo de proyectos como el californiano.

P. ¿Qué diferencia hay entre California y España en cuanto a la propiedad del agua y cómo influye eso en el desarrollo de proyectos de reutilización?
R. La diferencia tiene una influencia trascendental. En España, al agua de los ríos y de los acuíferos es pública. Las confederaciones hidrográficas autorizan su uso gratuito a través de concesiones. Sólo se paga por llevarla y almacenarla. Pero en California es diferente. Por su tradición minera, el que tiene la tierra, posee todo lo que viene debajo de ella, incluida el agua. Si usted hace un pozo en su jardín, puede sacar el agua sin tener que pagarle a nadie. Y si alguien se la pide porque la necesita, se la puede vender, cosa que aquí no se puede hacer. Las concesiones en España son intransferibles: si no la usa, no la puede vender a nadie. En California sí y eso significa que hay un mercado del agua. Aquí no existe un mercado como tal porque para eso el agua tendría que tener un coste y no tiene ninguno.

P. ¿Le gustaría que en España las concesiones fuesen transferibles y existiese un mercado del agua?
R. No necesariamente. Soy partidario de que el agua sea un bien público y de que se entregue en concesión de uso. Pero debemos actualizar nuestras normas, que son del siglo pasadoDesde que se aprobó la nueva Ley de Aguas, en 1985, se le han añadido artículos y reglamentos que, en la mayoría de los casos, paralizan o bloquean los procesos. Hace falta que las normas sean operativas. El agua puede seguir siendo un bien público, pero necesitamos dotarnos de instrumentos de gestión propios de la vida moderna. 
El planeta tiene la misma cantidad de agua o incluso menos que la que tenía hace un siglo, pero ahora somos 7.300 millones de habitantes. La población de España, afortunadamente, no ha aumentado e incluso ha disminuido a causa de la crisis, pero los usos del agua sí. Debemos actualizar nuestra normativa antes de que el cambio climático nos lleve a situaciones críticas. Debido a nuestra ubicación geográfica, en la franja que separa el hemisferio húmedo de las zonas secas del planeta, estamos abocados a sufrir lluvias irregulares y tensiones muy serias, como las sequías de California. Tendremos, por tanto, que complementar e incluso sustituir las fuentes tradicionales de agua por fuentes nuevas, no convencionales.

"España debe dosificar el uso de las desaladoras"

P. ¿Está de acuerdo con la desalinización?
R. Estoy de acuerdo en utilizar un Mercedes o un BMW, eso no me desagrada. Otra cosa es que pueda permitírmelo. La desalinización es una tecnología fantástica –que en algunos casos, como los de Canarias o Baleares, es la única solución–, pero no debería de ser la opción prioritaria. Hay otras más económicas. En Santa Bárbara, al sur de Los Ángeles, a finales del siglo pasado, construyeron una planta desaladora que funcionó unos meses mientras duró la sequía. Luego vendieron sus componentes (bombas, membranas) a un país de Oriente Medio porque no salía a cuenta.

P. ¿Sugiere que deberíamos de hacer lo mismo?
R. No, porque la UE, que nos ha pagado entre el 70% y 80% de los presupuestos de las plantas, nos recordaría que esas instalaciones son comunitarias. Tenemos que conservarlas y aprender a dosificar su uso. En algunos sitios van a ser necesarias, pero en otros habrá que adoptar soluciones menos costosas en cuanto a inversión y consumo de energía.

P. Las empresas del sector piden que se reactiven las licitaciones de depuradoras. ¿Comparte este clamor?
R. Sí, llevamos casi una década de reducción en la inversión en mantenimiento y el deterioro puede llegar a ser irreversible. La depuración es un moving target [blanco móvil]. No es algo que se consigue y ya está, como subir al Everest. Es un objetivo en movimiento porque hoy los usuarios le echamos al agua muchísimas más cosas que a finales del siglo pasado: productos farmacéuticos, de higiene personal, plaguicidas y no digamos ya drogas legales e ilegales, desde cafeína hasta cocaína. Es como si el Everest creciera cada día un poquito más.

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