El Foco

Hablar de comercio en la era de la posverdad

El reto hoy para los economistas es demostrar que el efecto de la globalización en el ciudadano medio es positivo

Hablar de comercio en la era de la posverdad

Reconozcámoslo: el comercio internacional viene atravesando una crisis. Y no se trata únicamente de la ralentización del comercio mundial o las dificultades de los Gobiernos para celebrar o ratificar acuerdos comerciales. Argüir convincentemente en favor del libre comercio se ha vuelto cada vez más difícil, como lo demuestra el impacto de sus vociferantes oponentes en recientes debates en torno a negociaciones comerciales. Durante algún tiempo fue posible convencer a los escépticos del comercio, proporcionando cifras explícitas basadas en modelos que reflejaban el número total de beneficios económicos agregados futuros del comercio o las pérdidas derivadas del proteccionismo.

Aunque los economistas nunca han dejado de mantener las correspondientes discrepancias y debates sobre los más detallados análisis de los modelos (como se puso de manifiesto en los debates sobre el TTIP), lo que es más preocupante, en nuestra opinión, es que el gran público se ha vuelto indiferente a los debates “basados en datos contrastados”. Esto puede deberse a que no puede sintonizar con las cifras abstractas generadas por los macromodelos o a que dichos cálculos han perdido toda credibilidad a sus ojos. Esta tendencia se refleja, en particular, en los recientes debates políticos en Europa y en otros lugares. Muchos líderes de opinión han incrementado su popularidad cuestionando la credibilidad de conclusiones elaboradas por expertos que muchos economistas considerarían de alta calidad. ¿No dijo uno de los principales impulsores del brexit que “los ciudadanos están hartos de expertos”?

Esta indiferencia pública es una señal de que hemos entrado en una era de economía de posverdad o ¿se trata de que simplemente los economistas no están generando el tipo de cifras que interesan a políticos y votantes? Nos atrevemos a confiar en que sea este el caso. Después de todo, no hace tanto que un libro basado en detallados microdatos y cargado de pruebas económicas cuantitativas encabezaba la lista de best sellers: el libro de Piketty Capital in the 21st century.

"Puede que el gran público no sintonice con las cifras abstractas o los cálculos hayan perdido credibilidad"

Es cierto, Piketty no escribía sobre el comercio. Pero otra publicación basada en microdatos, esta vez sobre comercio y empleo, ha recibido también importante atención pública y mediática. Ha ayudado a ello probablemente que The China Syndrome (autor et al., 2013) se centraran en el atractivo tema de las importaciones chinas en Estados Unidos. Sin embargo, lo que realmente contribuyó a que la obra pudiera llegar a gran número de personas fue cómo mostraba los efectos locales, en lugar de los efectos para el conjunto de la economía. Al igual que Piketty, parte del éxito de la publicación puede derivarse de este enfoque pormenorizado, basado en microdatos.

No debe sorprender que las personas estén más interesadas en lo que el comercio hace por su localidad o su puesto de trabajo que en lo que supone para la economía en general. Utilizando datos procedentes de los países europeos y asiáticos, un informe de 2013 de la OMC puso de manifiesto que, a pesar de reconocer los efectos potencialmente positivos de la globalización en su economía, pocas personas esperaban compartir los beneficios.

El reto, hoy, para los economistas es, por lo tanto, demostrar que el efecto de la globalización en el ciudadano medio es positivo.

Una manera de lograrlo es crear un vínculo más directo entre las empresas, los votantes y los responsables de la política comercial. Las estadísticas comerciales a nivel de empresa podrían asimismo facilitar la identificación de empresas que han logrado convertirse en exportadoras y generar empleo como consecuencia de nuevas iniciativas de política comercial.

Un primer instrumento de Trade Policy 2.0, lanzado por la Comisión Europea en el contexto de las negociaciones comerciales transatlánticas, geolocaliza cada exportador de la UE a Estados Unidos. Un dispositivo similar, titulado El CETA llega a la ciudad, también sitúa a miles de exportadores de la UE a Canadá. Exportan a Canadá más de 5.000 exportadores directos españoles (más del 90% de ellos pymes), situados en más de 300 ciudades y poblaciones de toda España. 32.000 puestos de trabajo en España se apoyan en exportaciones de la UE a Canadá. Poner a los exportadores en el mapa ofrece un gran potencial de comunicación, dado que facilita que políticos y votantes evalúen mejor cómo un gran número de empresas en sus comunidades locales comercian a través del Atlántico y es probable que se beneficien del acuerdo comercial. También contribuye a transmitir el mensaje de que no nos conciernen solo las cifras macroeconómicas abstractas, sino puestos de trabajo reales al otro lado de la calle.

Consideremos, por ejemplo, la cuestión de la internacionalización de las pymes, un asunto de interés primordial desde hace décadas para los Gobiernos españoles. Partiendo de la premisa de que, en última instancia, son las empresas quienes comercian, lo que tenemos que hacer es evaluar si aparecen obstáculos al comercio al nivel de la empresa, en su ecosistema inmediato o a nivel de la política nacional.

"Poner a los exportadores en el mapa facilita a políticos y votantes evaluar cómo las empresas comercian"

Este nuevo enfoque facilita que los ciudadanos puedan comprender las ventajas de la globalización en su vida personal. ¿No debería analizar el ciudadano los beneficios para sus colegas trabajadores en la empresa, en lugar de fundar su punto de vista solo en base a pruebas externas, discursos políticos o internet?

Trasladar el discurso sobre el comercio de lo macro a lo micro presenta retos desde un punto de vista analítico y focalizarse en los efectos locales de la política comercial podría complicar aún más el debate político nacional y puede que exija una mayor atención a otras políticas de ajuste. Pero, dado el nivel actual de los sentimientos antiglobalización, intentar encontrar una manera más convincente de comunicar sobre el comercio no puede sino ayudar. Al vincular el comercio a un bienestar personal localizado, una mayor atención a los datos microeconómicos tiene el potencial de generar unas narrativas más potentes y una mayor credibilidad entre los votantes.

Lucian Cernat es jefe de Comercio de la Comisión Europea. Marion Jansen es economista jefe Centro de Comercio Internacional.

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