El Foco

El mundo está en transición a un orden multipolar

Algunos inversores han incorporado el factor geopolítico e incluso se benefician de ello

El mundo está en transición a un orden multipolar

La inestabilidad geopolítica está aumentando y seguirá siendo un tema principal con posibles repercusiones en el ciclo económico y en los mercados financieros. Robert Barro y José Ursúa ya descubrieron que hasta un tercio de 70 desastres históricos en países de la OCDE con efecto en el consumo y la producción estaban relacionados con la guerra. Ahora bien, como ha señalado Niall Ferguson, el número de muertes en conflictos ha disminuido mucho desde la Segunda Guerra Mundial, en gran parte por el menor número de estallidos interestatales. También hay que tener en cuenta que los acontecimientos geopolíticos han incluido la caída del comunismo en el bloque del Este en la década de 1990, las reformas en China y actualmente la gradual apertura de Irán y Cuba. Además, Moisés Naim considera que los cambios en valores, educación y riqueza, el empoderamiento de los individuos, conllevan un mundo más anárquico y la estabilidad también se ve amenazada por actores no estatales, notablemente grupos terroristas yihadistas.

El caso es que el aumento de la inestabilidad geopolítica no es tendencia de paso: tras declinar en 1990 y mantenerse plana en 2000, ha aumentado con conflictos civiles, incidentes terroristas y choques políticos con implicaciones internacionales, incluyendo la anexión de Crimea y el referéndum de rescate de Grecia, las tensiones entre Rusia y Occidente por Ucrania; el conflicto civil en Oriente Medio, que implica a las potencias mundiales en Siria y Yemen; la competencia entre Irán y Arabia Saudí; el creciente autoritarismo y la polarización en Turquía; las tensiones entre India y Pakistán; Corea del Norte con su programa nuclear y amenaza para la estabilidad regional; los Estados fallidos de África, especialmente subsahariana, y la emigración y el auge del populismo en EE UU y Europa. A ello se han añadido en 2016 los grandes shocks con ramificaciones internacionales: voto brexit y elección de Donald Trump en EE UU con aparente disposición a poner en duda aspectos clave del orden geopolítico (como la política de una China o el compromiso de EE UU con la OTAN, aunque había comenzado con Obama y puede ser menos radical. Por ejemplo, hay considerables obstáculos para su acercamiento a Rusia).

"La clave de la economía del siglo XXI es el control y el acceso a la información, el ‘big data’"

En todo esto se nota la aparición de potencias emergentes en un mundo que pasa de un orden unipolar, principalmente de poder económico, dominado por EE UU, a otro multipolar. Aunque Rusia no puede competir, pues su economía es menos de la décima parte de la de EE UU (lo que no impide que Putin afirme la condición de potencia) y la UE, a pesar de su peso económico, está fragmentada políticamente, China está en disputa respecto a quién dominará la próxima década: por moneda de reserva global, organizaciones multilaterales, agencias de calificación de crédito e incluso internet. De hecho, el sistema Bretton Woods tendrá que adaptarse (como con la reforma de derechos de voto en el Fondo Monetario Internacional) o China desarrollará instituciones rivales (el Banco Asiático de Inversión puede rivalizar con el Banco Mundial). De momento, en el Pacífico occidental la marina de EE UU sigue manteniendo la supremacía, pero China representa una amenaza para operar libremente.

También habrá competencia de América Latina y África, pues China no es autosuficiente en muchos recursos. Competirá por las materias primas tradicionales, pero la clave en la economía del siglo XXI es el control y el acceso de la información, el big data (incluso Rusia requiere que las empresas de tecnología almacenen datos sobre usuarios en servidores rusos y recientemente bloqueó a Linkedin por no cumplir). Incluso la supremacía de grandes empresas de tecnología puede desestabilizar el equilibrio geopolítico entre Estados.

Además, las crisis económicas pueden desencadenar inestabilidad geopolítica. Es el caso de la burbuja inmobiliaria y la potencial crisis financiera en China, que puede llevar al Partido Comunista a duras políticas externas para mantener su legitimidad. Además, las dificultades económicas de la eurozona debilitan la cohesión y han ayudado al surgir del populismo, con fracaso para responder a la inestabilidad del norte de África, Oriente Medio y Europa del Este. Adicionalmente, el retorno del proteccionismo en economías desarrolladas endeudadas puede elevar las tensiones y una crisis de confianza en sus divisas debilitar su capacidad para responder a los retos. Tampoco hay que olvidar que la geopolítica puede alterar los ciclos económicos. Así, el brexit probablemente resulte en menores tasas de crecimiento de Reino Unido. También puede afectar a las materias primas –el precio del petróleo sube con las tensiones– y resultar en un rápido aumento de la volatilidad en los mercados financieros, lo que puede disiparse rápidamente.

"Aunque Rusia no puede competir y la UE está fragmentada, China está en disputa respecto a quién dominará la próxima década”

Con la aparición de la Primera Guerra Mundial, el Dow Jones perdió un 18% entre julio de 1914 y mínimos de noviembre. Sin embargo, la primera semana tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, el índice S&P 500 perdió el 11,6%, que recuperó en un mes. El caso es que la creciente interconexión de la economía mundial ha contribuido a la mayor correlación entre clases de activos y los eventos del extranjero pueden afectar las estrategias de inversión domésticas, haciendo aumentar las primas de riesgo, incluso con efecto duradero (como las acciones de las líneas aéreas tras el 11S en EE UU). En casos de extrema tensión pueden limitar la capacidad para operar en los mercados, como en Rusia con las sanciones de EE UU y Europa.

De manera que algunos inversores han incorporado el factor geopolítico en sus escenarios e incluso se benefician de ello. Sin embargo, muchos tienden a ignorarlo, por falta de recursos y familiaridad, por no ser cuantificable y presumiblemente desconocido, debido a la dificultad de distinguir ruido de eventos que pueden causar graves daños y no reaccionar hasta que estalla la crisis, a menudo con efectos transitorios. También es cierto que se trata de un factor entre muchos y generalmente no el más importante. La cuestión es el enfoque. Aunque se emplea la geopolítica como sinónimo de política internacional, no es una ciencia social. Es más útil pensar en términos de relaciones internacionales, disciplina formal con amplia gama de teorías más o menos adecuadas en cada circunstancia. Por ejemplo, el enfoque Liberal tiende a ser considerablemente más optimista respecto al futuro de China. Pero el propósito no es necesariamente predecir eventos con capacidad para mover al mercado, sino más bien identificar riesgos y evaluar escenarios para diseñar estrategias de inversión más robustas.

En concreto, en los próximos años, el análisis big data puede desarrollarse como alerta temprana del aumento de tensiones entre Estados mediante la evaluación de frecuencia de uso de palabras en noticias. En cualquier caso, el análisis cualitativo, dada la complejidad de las relaciones internacionales, seguirá teniendo un papel importante. En última instancia, el entendimiento de geopolítica no es solo cuestión de gestión de riesgos, para lo que lo óptimo es una asignación de activos bien diversificada a largo plazo, con reajuste de los parámetros a los objetivos del inversor.

Christophe Donay es director de análisis macroeconómico de Pictet WM.

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