El Foco

Regreso al pasado de la I+D

Las empresas han reducido la financiación un 4% y la administración pública la ha rebajado un 21%

Regreso al pasado de la I+D

Los últimos datos de gasto en I+D recién publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) no dejan lugar a dudas: España ha retrocedido a niveles de 2007 en lo que a esfuerzo inversor en I+D como porcentaje del PIB se refiere. Las medidas de consolidación fiscal aplicadas durante la crisis, desgraciadamente, no han hecho más que apuntalar una situación de baja intensidad inversora en I+D como hecho diferencial de la economía española. No es de extrañar que las personas con mayor nivel formativo, entre las que se encuentran nuestros investigadores, deban emigrar a otros países donde la tendencia ha sido precisamente la contraria: más inversión en I+D y más empleo de alta cualificación.

El año 2010, momento en el que se produjo la cifra récord, invertíamos un 1,35% de nuestro PIB en I+D, mientras que la media de la eurozona se situaba en el 1,99%, situando nuestra brecha tecnológica con Europa en un 47% (0,64 puntos porcentuales). Desde aquel año hasta el 2015, la inversión española en I+D es un 10% inferior, lo que contrasta con un aumento del 7% en la UEM en el mismo período, situando su esfuerzo inversor en 2015 en el 2,12% de su PIB, frente al 1,22% de España. En consecuencia, la brecha en el esfuerzo innovador ha aumentado hasta el 73% (0,9 puntos porcentuales). Mientras, las universidades y la administración pública mantienen inversiones más próximas a las europeas con cifras del 0,34% y 0,23% del PIB, respectivamente, las empresas españolas invierten en I+D el equivalente al 0,64% del PIB, menos de la mitad que sus homólogos de la eurozona que se sitúan en el 1,36%. Esto convierte al sector empresarial en el eslabón más débil de la cadena.

La caída de la inversión en I+D se concentra sobre todo en sus dos principales financiadores: la administración pública y las empresas. Ambos sectores han reducido sus aportaciones, pero es especialmente llamativo el recorte en la administración pública. Mientras las empresas han reducido la financiación al I+D en un 4%, la administración pública la ha rebajado un 21%, abandonando en estos últimos años su condición de líder como agente promotor de la I+D en nuestro país. El recorte de la financiación que aporta el sector público al I+D es especialmente grave, no solo por lo abultado de la cifra, sino porque ha afectado a todos los sectores que ejecutan gasto de I+D. En consecuencia, las secuelas de la austeridad en el gasto público son enormes, lo que puede dejar cicatrices sobre la tan necesaria mejora de nuestra baja productividad, dada la importancia que tiene la inversión en I+D.

Estas cifras ponen de manifiesto que otra de las grandes víctimas de esta crisis ha sido la tan necesaria colaboración entre empresas, administración pública y universidades. Las empresas invierten menos en los proyectos de I+D de universidades y organismos públicos de investigación y, al mismo tiempo, universidades y organismos públicos de investigación han bajado su inversión en la I+D empresarial. El sector empresarial ha concentrado sus recortes en la colaboración con la administración pública, con una bajada del 28% de la inversión, y con las universidades, con una cifra que se reduce en un 35%, mientras que ha dejado prácticamente inalterada la inversión que realiza en sus propios proyectos de I+D. La administración pública también ha reducido sus aportaciones a la I+D empresarial, alcanzando en 2015 una reducción del 48% frente al dato de 2010, pero ha tenido que aplicar un recorte del 19% a sus propios proyectos y de un 11% a las colaboraciones en I+D con universidades.

"La cifra de investigadores cayó un 9,1% entre 2010 y 2015 en España, frente al aumento del 13,4% en la UE”

Pero el principal afectado del recorte en el esfuerzo inversor ha sido el capital humano dedicado a la I+D. La caída de inversión en España crea un círculo vicioso muy dañino: la debilidad de nuestro sistema de I+D hace que no sea capaz de absorber a personas con alta cualificación que acaban teniendo que emigrar a países más intensivos en I+D, lo que hace más débil aún nuestro sistema. Las cifras muestran una reducción del 9,1% de 2010 a 2015 en el número de investigadores en España, mientras que en la EU-28 ha aumentado un 13,4%.

Si algo bueno está dejando esta crisis es el incremento del esfuerzo en la internacionalización de la I+D, llegando a alcanzar un incremento del 27% respecto a 2010. Mientras administraciones públicas y universidades han hecho un enorme esfuerzo por obtener financiación de fuera (con incrementos de 2010 a 2015 del 82% y del 41%, respectivamente), en las empresas el aumento ha sido menor (6%). No obstante, estos buenos resultados en la captación de fondos extranjeros para I+D solo han supuesto una aportación del 7% frente al total, no siendo suficientes para compensar la fuerte caída en el resto de sectores financiadores.

El contexto actual requiere de una serie de medidas que moderen el repliegue que se ha producido por parte de las empresas en su propio sector y recuperen la inversión de la administración pública en el resto de sectores. Reformas que permitan promover la colaboración en I+D entre administración pública, empresas y universidades, incentivando la financiación de la I+D (también la que aportan los bancos) y con medidas que incluyan incentivos fiscales y menos barreras al crecimiento empresarial, dado que son las empresas más grandes las más intensivas en I+D. Al mismo tiempo es necesario consolidar un modelo de I+D en red de carácter internacional que apueste de manera firme por el Espacio Europeo de Investigación y convertir este viaje en un “regreso al futuro” y no en una “vuelta al pasado”. Si el objetivo del Horizonte 2020 es situar en ese año el esfuerzo innovador en el 2% del PIB, el retroceso que se ha producido en los años de crisis en España supone que esa meta sea misión imposible y uno de los factores que explican que la productividad siga siendo una de las asignaturas pendientes de nuestra economía.

"Es necesario consolidar un modelo en red internacional que apueste por el Espacio Europeo de Investigación"

Joaquín Maudos es catedrático de Economía de la Universidad de Valencia-Ivie-Cunef. Carlos Ripoll es director de Área de la Universidad Politécnica de Valencia.

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