Alta dirección

El directivo inmobiliario, el último fichaje en la empresa

Esta figura, importada de EE UU, analiza y estudia los activos inmuebles de la empresa

Un profesional contento tiene, como media, una productividad un 31% más alta

JLL

No es ningún secreto. Un equipo de profesionales contento repercute positivamente en la productividad de la compañía. Es por eso por lo que, con cada vez más frecuencia, las organizaciones intentan alinear sus planes de negocio para que encajen con la satisfacción de los empleados. Y en este proceso, el espacio de trabajo, su diseño y su localización, tienen un papel importante. Es aquí donde aparece el papel del director de corporate real estate, o asesor inmobiliario, que estudia los activos inmobiliarios de la compañía y los alinea con el plan de negocio.

“Es un concepto que está aterrizando en los principales países europeos, pero que lleva ya varios años completamente establecido en zonas como Estados Unidos, donde ya casi ninguna gran compañía se mueve ni toma ninguna decisión importante sin el visto bueno de este departamento”, explica el director general de corporate solutions de la consultora de servicios inmobiliarios JLL, Borja Basa.

La razón, alude este ejecutivo, es que se trata de un valor estratégico ligado a la productividad y actividad de los empleados. Y lo corrobora con datos: “Un profesional contento tiene, como media, una productividad un 31% más alta, sus ventas son un 37% más elevadas y su creatividad en el trabajo se multiplica por tres”.

Quizá esa sea la razón por la que, al menos ya en EE UU, y según avanza Basa, también en los países europeos en pocos años, este perfil directivo sea una parte indispensable del consejo de administración de las organizaciones, estando en contacto directo con los responsables de marketing, de recursos humanos o del departamento financiero, “ya que las decisiones que toman tienen que estar totalmente alineadas con el negocio”, prosigue.

Estas decisiones se mueven desde la elección de una nueva sede, cuando es necesaria una mudanza, hasta la decisión de, por ejemplo, comprar una oficina o decantarse por el alquiler, en función de los objetivos de la compañía o la situación económica en la que se encuentra la organización; pasando incluso por aspectos tan concretos de una oficina como el número de pisos que tiene el edificio, la cantidad de luz solar que recibe o si está en una zona céntrica o aislada de la ciudad. “Por eso, este profesional, además de estar en contacto directo con los departamentos de la empresa en cuestión, también tiene que estar pendiente de todos los movimientos del mercado o de las oportunidades o amenazas en el sector inmobiliario. Sirva como ejemplo que, únicamente el coste inmobiliario, le supone a una compañía entre el 7% y el 8% total de la facturación. Gestionar esa cantidad supone de una gran responsabilidad, y una decisión bien analizada siempre supone menos riesgos”.

Aproximadamente, señala Basa, entre el 75% y el 80% de los directivos del mundo tiene altas expectativas respecto a la mejora de la experiencia del lugar de trabajo. Un espacio laboral bien escogido, diseñado y amueblado, así como un acceso cómodo a los diferentes servicios, mejora el funcionamiento intelectual y la memoria hasta un 25%. Pero hay mucho más. “Una mejor iluminación, con luz natural o una mejor ventilación en la oficina, con una buena calidad del aire interior, aumentan la productividad del profesional”. De hecho, añade Basa, hasta algo tan simple como poder controlar la temperatura de forma individual puede ser la diferencia entre un profesional motivado y otro menos estimulado.

Con la crisis económica, recuerda Basa, muchas organizaciones buscaron palancas para optimizar los beneficios y ahorrar en costes, y una de ellas fue todo lo relativo a los activos inmobiliarios. “Ahora, cuando en muchas compañías llegan las políticas de expansión, todo lo relativo a los recursos inmobiliarios va a volver a ganar importancia”, avisa.

 

El espacio también atrae al talento

“La gestión eficaz de los activos inmobiliarios puede resultar muy útil para la consecución de los desafíos que la diversidad generacional plantea”, explica el director general de corporate solutions de JLL, Borja Basa.

En su opinión, las compañías se enfrentan, en lo que a esta materia se refiere, a tres retos generacionales: “La atracción y retención de jóvenes talentos, la necesidad de que las distintas generaciones trabajen juntas y la transferencia de conocimientos entre ellas”.

Por eso, a través de medidas como la localización de la oficina en el centro de la ciudad, que permita un fácil acceso por transporte público y una mejor conciliación, se puede atraer ese talento imprescindible para las empresas. De igual forma que, mediante espacios acondicionados para realizar trabajos en equipo, se puede conseguir que el inmobiliario represente un nuevo tipo de gestión más horizontal y participativo, “creando un entorno de trabajo multigeneracional, independiente de la edad”.

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