Editorial

Otra batalla de la guerra del acero

Las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) permiten a la Unión Europea la imposición de aranceles comerciales a los productos de terceros países cuando una investigación exhaustiva demuestre que se están vendiendo a precios inferiores a los de producción en el continente, por considerarlo dumping. Amparado en tales privilegios, la Comisión Europea ha impuesto aranceles por cinco años que oscilan entre el 22% y el 36% a los aceros laminados procedentes de China y Rusia, por entender que reiteradamente se han comercializado por debajo de los costes europeos, y han perjudicado a la industria.

Tanto China como Rusia han desoído reiteradas peticiones europeas para reducir sus niveles de producción, que en este momento del ciclo son a todas luces excesivas. China ha comenzado el ajuste en la minería del carbón y seguramente lo extenderá al mineral de hierro, pero en tanto logra las cuotas adecuadas, seguirá inundando Europa con sus aceros; la prueba es que el último año, con precios tan competitivos, las importaciones de acero chino se elevaron un 48%. Europa tiene derecho a proteger a su industria, sobre todo si su competencia está subvencionada, pero en condiciones y tiempos que no conviertan una batalla comercial en una guerra que ponga en riesgo el libre comercio.

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