Especial Entorno

Una niebla que asfixia lentamente

La contaminación del aire causa 6,5 millones de muertes al año.

contaminación atmosférica
Boira de contaminación sobre el paisaje de rascacielos madrileños.

Alergias, asma, bronquitis, cáncer de pulmón e infartos. Las enfermedades respiratorias se extienden e incluso se agudizan en las ciudades hasta el punto de causar muertes prematuras. ¿Por qué? El aire que respiran los ciudadanos está cada vez más contaminado y el sector energético es el principal responsable, por el uso de combustibles fósiles.

Tanto es así, que esta problemática es la cuarta amenaza global para la salud, después de la hipertensión, la malnutrición y el tabaco, al provocar 6,5 millones de muertes anuales, calcula la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su reciente informe Energía y contaminación del aire, el primero del organismo que aborda este tema y que califica como “una de las mayores crisis de sanidad pública, aún lejos de solucionar”.

Los pronósticos futuros tampoco son muy halagüeños. De continuar esta tendencia, y tomando en cuenta que el 80% de la población vive en zonas urbanas, la AIE prevé que los decesos aumenten hasta los 7,5 millones en 2040, con el consecuente impacto en la sanidad. Sin embargo, aunque los mayores riesgos se encuentran en África y Asia, especialmente en naciones emergentes como China o India, donde todavía predomina la quema del carbón y la ineficiencia tecnológica, el estudio advierte de que ningún país es inmune.

El 85% de las partículas que ensucian el entorno proviene en gran medida de la energía. Solo el 8% del sector usa fuentes limpias, mientras que más del 50% carece de una tecnología efectiva que controle las emisiones, apunta el estudio. Y pese a que el sector es el culpable, puede ser también parte de la solución, considera Fatih Birol, director ejecutivo del organismo.

En las naciones desarrolladas de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), las políticas medioambientales han dado sus frutos. Las emisiones caen en la mayoría de los socios más contaminantes por los esfuerzos en la incorporación de tecnologías limpias, como la eólica y la solar, o una regulación más estricta. Pero también está relacionada con el descenso de la demanda de energía por un crecimiento débil, pero que puede revertir con el ciclo expansivo, explica el informe.

Sin embargo, los costes que supone dicha problemática siguen siendo muy elevados y son adicionales a los del entorno. Un informe de la OCDE publicado en junio cifra el gasto en 2,3 billones anuales en 2060, alrededor del 1% del PIB global, debido al incremento de entre seis y nueve millones de muertes prematuras que se producirán en dicho periodo, proyecta el organismo. El dato se calcula a partir de las bajas laborales, el gasto público sanitario y la baja productividad agrícola que generarán las enfermedades respiratorias.

Las ciudades son el principal foco de infección, porque allí se concentra la población, la actividad económica y los gases más tóxicos. En 2015, el sector energético fue el responsable de liberar 80 millones de toneladas de dióxido de azufre (SO2) a la atmósfera, el 45% de la industria, un tercio de las plantas eléctricas, y el porcentaje restante viene del transporte, los hogares y proveedores de combustibles.

En el caso del dióxido de nitrógeno (NOx), al alza, se emitieron 107 millones de toneladas en dicho ejercicio, que viene fundamentalmente del transporte (50%), la industria (26%) y las plantas eléctricas (14%). Y en cuanto a las partículas en suspensión (PM), el mayor porcentaje derivó de los hogares, industria y de sectores no energéticos como la agricultura.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere a los Estados más de 20 medidas para combatir a este “asesino invisible”, como ha denominado el organismo a la polución. Así, fomentar el transporte sostenible (coches eléctricos o híbridos), las energías renovables, reducir las emisiones en la industria, gestionar mejor los residuos sólidos y mejorar la eficiencia energética en los hogares son las soluciones más urgentes.

Desde la AIE piden que se acelere la transición energética, que implica más inversión en fuentes limpias, avanzar en la eficiencia tecnológica, extender los controles y garantizar una supervisión estricta para mitigar la contaminación. Si se logran estas metas, la institución cree que se pueden recortar un 50% las emisiones de gases de efecto invernadero en 2040, además de evitar unos tres millones de muertes prematuras con tan solo subir las inversiones verdes un 7%. En Europa, en concreto, se necesita elevar un 13% la inversión para la transformación del sector energético, según la AIE.

El coste económico de la polución puede alcanzar el 1% del PIB global en 2060

Además, aconseja establecer límites en los diferentes sectores (transporte, industria, edificios) y fijar unos niveles más restrictivos en la calidad del aire. En tanto, en el ámbito nacional, recomienda crear impuestos para las actividades y particulares que más contaminen y ofrecer ayudas para las iniciativas ecológicas.

En España, por ejemplo, desde el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente se promueve el plan PIMA Aire, que ha destinado 53 millones de euros para la renovación de flotas comerciales, furgonetas o turismos desde su puesta en marcha hace cuatro años. Su objetivo es estimular el uso de vehículos menos contaminantes, como motocicletas o coches eléctricos, híbridos o bicicletas eléctricas.

De ahí que, pese a todo, la OMS reconoce los esfuerzos que están haciendo las urbes para mejorar la calidad del aire, al situar en el 5% la disminución de las emisiones en los últimos cinco años.

Los enemigos de la atmósfera en España

Reducción del límite de velocidad de 90 a 70 kilómetros por hora, restricción de aparcamiento, instalación de medidores de ozono y dióxido de nitrógeno (NOx) e incluso hasta la prohibición de la circulación de los coches diésel en un futuro no muy lejano, 2020.

Estas son las principales medidas puntuales tomadas por el Ayuntamiento de Madrid en el último año por la elevada contaminación, y que han generado el rechazo de gran parte de la ciudadanía. En Madrid, la polución es crítica. El año pasado se superaron en varias ocasiones los límites legales de NOx. Por ese incumplimiento, que ocurre desde 2010, Bruselas ha abierto un expediente de infracción contra España. Y sigue en alza.

Cerca de 46 millones de españoles respiraron en 2015 un aire impuro, revela el último informe de Ecologistas en Acción. De ahí que el 99% de la población y el 95% del territorio estén expuestos a unos niveles de polución que superan las recomendaciones de la OMS, señala el estudio.

En España, solo las partículas finas en suspensión (PM2,5) causan 25.500 muertes prematuras, mientras los NOx provocan 5.900 y el ozono (que se dispara en verano), 1.800, según un informe de 2015 de la Agencia Europea de Medio Ambiente. En toda Europa, las víctimas ascienden a 500.000.

El aumento del tráfico urbano, el uso de combustibles fósiles en la industria (y en las centrales térmicas) y el incremento medio de las temperaturas son las grandes fuentes de polución, citan los ecologistas.

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