Resaca electoral

¿Por qué se equivocaron todas las encuestas?

La abstención, el voto refugio y la poca distancia entre PSOE y UP, claves. Las empresas de demoscopia defienden su método y apuntan a una decisión del voto cada vez más tardía.

Narciso Michavila, presidente de GAD3, y José Miguel de Elías, director de análisis de Sigma Dos, ayer en un desayuno informativo.
Narciso Michavila, presidente de GAD3, y José Miguel de Elías, director de análisis de Sigma Dos, ayer en un desayuno informativo.

Ha vuelto a pasar. Ninguna de las muchas encuestas electorales que han circulado durante las últimas semanas ha logrado aproximar los resultados del 26J. Ni ha habido sorpasso, algo en lo que coincidían casi todos los sondeos, ni el PP se ha mantenido en torno a los 120 diputados que obtuvo en diciembre. Al revés: los populares han añadido 14 asientos respecto al resultado del 20D y todas las demás fuerzas han caído, especialmente Ciudadanos (-8).

¿Por qué nadie acertó? Belén Barreiro, expresidenta del CIS y fundadora y directora de MyWord, recuerda que los sondeos dan un porcentaje de voto determinado a cada partido y que este debe interpretarse dentro del margen de error referido. Luego, muchas de las proyecciones, especialmente con PSOE y Ciudadanos, no se desviaron tanto. “Lo que llama más la atención es que todos hayamos fallado en el ranking de los partidos. Hay que empezar a asumir que estamos en un nuevo sistema político, y que cuanto más próximos estén los partidos entre sí, más fácil será equivocarse”, señala.

Lo que nadie supo calibrar fue el alcance de la mejoría de resultados del PP y el estancamiento de Unidos Podemos. El brexit pudo provocar el trasvase de votos de Ciudadanos a PP. “Aunque la andorrana del sábado no daba cambios en estos dos últimos partidos”, matiza Barreiro. De hecho, esa encuesta subía la estimación de voto directo en Unidos Podemos. Por lo que el error, opina la exresponsable del CIS, podría estar en la selección de la muestra.

Lecciones y puntos a reforzar

La referencia

La encuesta del CISde mayo, de referencia por la amplitud de la muestra utilizada (2.500 personas), daba la siguiente estimación de escaños para los partidos: PP entre 118 y 121; Unidos Podemos (88-92); PSOE (78-80) y Ciudadanos (38-39).

Izquierda dividida
El citado sondeo ya preveía que la coalición Unidos Podemos sería poco fructífera. El CIS de mayo elevó a un 29% de los que votaron a IU el 20-D la proporción de quienes no votarían a Podemos. Y al revés: un 21% de quienes confiaron en la formación morada no lo harían si entraba Alberto Garzón en las listas.

Volatilidad

El sistema político español ha cambiado sustancialmente. De un bipartidismo cerrado se ha pasado a un escenario con cuatro formaciones que se sitúan muy por delante de las demás. Pero poco más se sabe sobre cómo se comporta el nuevo sistema. “Los partidos emergentes tienen un voto muy volátil. En los dos años que hace que les estudiamos hemos detectado subidas emocionales. Tan rápido se hincha como se deshincha. Todavía no tienen fidelidad de votantes”, reflexiona Belén Barreiro.

Datos brutos

Una posible explicación a la inexactitud de las predicciones que atañen a UP podría ser una mala construcción de la muestra. El votante de Podemos tiene más entusiasmo por contestar encuestas que otros, y ese puede haber sido un sesgo de partida.

Voto oculto

Suele señalarse que un buen número de encuestados por las empresas de demoscopia prefieren no desvelar su decisión de voto real. Como apunta Francisco Camas, analista de Metroscopia, la relevancia del llamado voto oculto en los resultados de las encuestas es, en realidad, mínimo.

La empresa demoscópica Gesop elaboró la última encuesta publicada antes de las elecciones, en El Periódico de Andorra. En ella, se calculaban entre 83 y 87 escaños para Unidos Podemos, los mismos que al PSOE, y entre 116 y 120 al PP. Su directora general, Àngels Pont, reconoce la sorpresa del resultado final, sobre todo en el caso de la candidatura liderada por Pablo Iglesias. “No había datos que indicaran una cifra de escaños como la que finalmente se dio. Habíamos detectado una sobrevaloración en su estimación, y rebajamos su intención de voto. Fuimos de los pocos que descartaron el sorpasso, pero no contábamos con ese resultado”.

En ese caso, la abstención aparece como gran motivo. En esta cita electoral hubo 1,2 millones más de votantes respecto al 20D que no ejercieron su derecho a voto, casi la misma cifra que Podemos e Izquierda Unida sumaron, por separado, en diciembre. “Les ha afectado a ellos casi en exclusiva. Tienen un perfil de votante más infiel, más abstencionista”, analiza Pont.

“Hasta ahora creíamos que la abstención afectaba principalmente al PSOE. No ha sido así”, apunta Kiko Llaneras, profesor de la Universitat de Girona y editor de Politikon.es. Francisco Camas, analista de Metroscopia, apunta la posibilidad de que “el voto más moderado de Podemos se haya quedado en casa. El electorado de centro siempre es más proclive a la abstención”.

  • La remontada

Así lo interpretaron también el presidente de GAD3, Narciso Michavila, y el director de investigación y análisis de Sigma Dos, José Miguel de Elías, en un desayuno informativo. La abstención de un millón de votantes de la formación morada ha alterado todas las previsiones. Defendieron la metodología de las encuestas, que “decían que los votantes de Podemos acudirían a las urnas”, subrayó Michavila. “Si hemos fallado es por nuestra falta de capacidad de análisis. No hemos sido capaces de detectar ese movimiento”.

Tampoco era previsible un arreón final como el que experimentó el PP, aunque los expertos encuentran más explicaciones. Àngels Pont, de Gesop. explica que, hasta a escasos días de las elecciones, la indecisión entre los potenciales votantes del PP, que no derivan su voto a otros partidos, era alta. Finalmente, la mayoría solventó sus dudas en favor de la candidatura de Mariano Rajoy.

Francisco Camas, de Metroscopia, coincide al señalar el papel decisivo de las últimas jornadas. En su opinión, el resultado del brexit, y el clima de incertidumbre generado, han tenido un peso clave. “Desde las elecciones europeas de 2014, los españoles retrasan cada vez más la decisión de su voto. Y esta vez se ha dado un fenómeno inédito como el brexit. Esa percepción de inestabilidad ha beneficiado al PP”.

La movilización de última hora no es el único factor que explica las diferencias entre encuestas y votaciones. Los problemas relacionados con la muestra y con la llamada cocina (las correcciones que se le aplican) también pueden haber influido. “Creo que todos hemos fallado al calcular la participación de los jóvenes. Suelen decir que van a votar, pero habrá que revisar cuánta abstención ha habido”, reflexiona Llaneras. Tampoco ha ayudado el hecho de que, según datos del CIS, hubiese unos nueve millones de indecisos.

La inexperiencia de las casas demoscópicas en el nuevo tablero de partidos también habría contribuido a añadir confusión. “Sabemos que el votante del PP, por ejemplo, tiene poco recuerdo de voto, no reconoce por quién apostó la última vez, y por tanto lo corregimos. Pero no sabemos cómo se comporta un votante de Podemos”, apunta Barreiro. En este sentido, el analista de Metroscopia Francisco Camas, apunta a los profundos cambios que el escenario político español ha experimentado en los últimos dos años, lo que aumenta la dificultad a la hora de valorar los datos.