Tribuna

El gran reto europeo

La convocatoria del ‘brexit’ ha provocado una depreciación y un incre-mento de la volatilidad de la libra que no beneficia a España

Dl primer trimestre del año ha sido positivo para la economía europea, como refleja el último dato publicado por la Oficina Estadística Europea en el que la zona euro creció un 0,5%. Pero no cantemos victoria, porque no todo son buenas noticias. El informe sobre perspectivas de la economía mundial del FMI ha revisado a la baja en dos décimas el crecimiento de la zona euro para el 2016 (desde el 1,7% al 1,5%) y en una décima para el 2017 (desde el 1,6% al 1,5%). Al mismo tiempo, el riesgo de la deflación sigue estando presente, si se tiene en cuenta que los precios crecieron en marzo en dos décimas en términos interanuales, hasta situarse en el 0%. Por lo tanto, la gran cuestión que nos debemos plantear es: ¿ha iniciado la economía europea una etapa de consolidación del crecimiento económico?

Para responder a esta pregunta, hay que tener en cuenta los dos principales episodios de incertidumbre a los que se enfrenta actualmente la economía europea. En este sentido, en las últimas semanas hemos asistido a un cruce de mensajes entre el BCE, el FMI y las autoridades alemanas. Mensajes en los que ambos organismos han pedido al país germano que estimule el crecimiento de la zona euro, por el superávit por cuenta corriente con el que cuenta (8,5% sobre el PIB), llevando a cabo un incremento de las inversiones en infraestructuras y la aplicación de reformas estructurales. Por la otra parte, algunos miembros del gobierno alemán, como el ministro de Finanzas, Wolfgang Schäubl, señalan que las compras masivas de deuda pública del BCE son multimillonarias y desincentivan el ahorro de los alemanes.

Pero por si fuera poca la tensión, el FMI ha pedido también que se rebajen las exigencias fiscales al Gobierno griego y que no pague intereses ni el principal de su préstamos internacionales hasta 2040, algo que difícilmente contará con la aprobación de las autoridades alemanas, si se tiene en cuenta que grande parte de la deuda pública de Grecia está en manos de bancos alemanes que precisamente no atraviesan por un buen momento y dada la filosofía de austeridad que Alemania ha instado a aplicar a los países periféricos, por sus grandes déficits acumulados.

A estas tensiones hay que añadir otro factor de incertidumbre no menos importante como es el brexit. En este sentido, la salida del Reino Unido afectaría al presupuesto europeo y al crecimiento de la zona euro, dado que se produciría un cambio en las relaciones comerciales entre la economía británica y el resto del continente. Aunque debe señalarse que se podría llegar a un acuerdo similar al que actualmente tiene la zona euro con Noruega o Suiza. O en el caso de que no se alcanzará un acuerdo, las relaciones comerciales se regirían por los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que reduciría la libre circulación de personas y los flujos comerciales entre Reino Unido y Europa.

A la espera de los resultados del referéndum, lo que es bien cierto es que la simple convocatoria del brexit ha provocado una depreciación y un incremento de volatilidad de la libra esterlina que no beneficia para nada a España, si se tiene en cuenta que un euro más fuerte implica una pérdida de competitividad vía precios de nuestros bienes y servicios. Lo que afectaría negativamente a medio plazo a uno de los principales engranajes de la economía española que es el turismo (representa el 11,7% del PIB), si consideramos que según los datos del Instituto de Turismo de España, el Reino Unido aporta a uno de cada cuatro turistas que se reciben en España. Por no mencionar los efectos que puede tener la salida del Reino Unido en términos de la localización de empresas británicas en España.

A pesar de los dos focos de incertidumbre anteriormente descritos, la economía europea sigue creciendo gracias en parte a las políticas monetarias del BCE, las caídas de los precios de las materias primas (sobre todo del petróleo) y la depreciación del euro respecto al dólar. Pero no debemos olvidar que, para consolidar el crecimiento de la zona euro en el medio plazo, no basta con la aplicación de políticas coyunturales como la monetaria, sino también se requiere de reformas estructurales y políticas fiscales expansivas orientadas a mejorar las infraestructuras, incentivar la inversión y, con ello, el progreso tecnológico. Aquí es justo donde las autoridades nacionales de los estados miembros de la zona euro y principalmente Alemania jugarán un papel muy relevante. En estas circunstancias, la Comisión Europea debería estudiar relajar sus exigencias de déficit público y sanciones a los estados miembros de la UE, si los gastos de los Gobiernos van destinados a estimular reformas estructurales que impulsen el crecimiento en el medio y largo plazo.

Carlos Salvador es profesor de CUNEF.