Incentivos fiscales

¿Por qué invertir en cine si solo unas pocas películas ganan dinero?

Los incentivos fiscales garantizan un beneficio que es independiente del resultado.

Los actores Clara Lago, y Dani Rovira (i), junto al director Emilio Martínez-Lázaro, en un descanso del rodaje "Ocho apellidos vascos".
Los actores Clara Lago, y Dani Rovira (i), junto al director Emilio Martínez-Lázaro, en un descanso del rodaje "Ocho apellidos vascos". EFE

Para producir una película no hace falta ser una gran estudio. Los incentivos fiscales a la producción audiovisual atraen inversores ajenos al sector que persiguen una rentabilidad muy superior a la que ofrecen otros productos financieros y que no depende del resultado comercial de la película. ¿Como puede ser una buena inversión si solo unas pocas producciones generan beneficios? La respuesta es compleja (pero no tanto). La ley del cine introdujo una serie de deducciones para potenciar un sector que supone el 2,5% del PIB y da trabajo a más de un millón de personas. Su complejidad, sin embargo, ha lastrado hasta ahora la utilización generalizada de estas ventajas fiscales.

La normativa tributaria permite a los productores deducirse de su cuota el 20% del primer millón y dos puntos menos (18%) a partir de ahí hasta un presupuesto de 15 millones del total, descontando las subvenciones obtenidas. En algunas regiones españolas, las comunidades han complementado estos porcentajes, como por ejemplo en Canarias donde se bonifica 20 puntos adicionales hasta alcanzar el 40%.

El sistema empieza a funcionar a pesar de llevar en vigor más de un década. “Es un producto muy complicado de entender y, además, planteaba ciertas incertidumbre que con el paso del tiempo ha ido resolviendo la Dirección General de Tributos”, asegura Luis Rodríguez-Ramos, socio del despacho Ramón y Cajal. “Los productores no entendían las ventajas que ofrecía. Hasta ahora eran cinco, con nombre y apellidos, lo que se aprovechaban de ellas. Esto ha cambiado”, añade.

El modelo pueda parecer complejo, pero su funcionamiento es relativamente sencillo. El productor de una película crea lo que se conoce como agrupación de interés económico (AIE), en la que cualquier persona puede convertirse en socio. En función de su participación, el inversor puede deducirse en su declaración de la renta (persona física) o en el pago del impuesto de sociedades (si es una compañía) entre el 18% y el 40% del coste del largometraje. Es un buen negocio, no porque genere grandes plusvalías (es decir, beneficios procedente de la distribución y explotación), sino por las ventajas fiscales. Además, es seguro: el beneficio tributario se obtiene siempre, con independencia que la producción tenga éxito o no.

Rodríguez-Ramos explica que existen requisitos para acogerse a estas ventajas fiscales, como que la nacionalidad de la película sea española y, como mínimo, el 50% del coste del rodaje sea realizado en el país. Un ejemplo práctico: en el peor de los escenarios, es decir, si una película fracasa rotundamente en taquilla, una persona que haya invertido 300.000 euros, lograría un mínimo de 90.000 euros de rentabilidad. Lo único, que en lugar de cobrarlos directamente, se los ahorrará al hacer la declaración de la renta (IRPF) o pagar otros impuestos. Si el largometraje funciona, además tendría derecho a una participación proporcional en los beneficios.

El producto, no es, no obstante, para todos los públicos. Está pensando para empresas, empresarios o profesionales con cuotas fiscales positivas. El efecto es sencillo: compensan saldos y reducen el impuesto que tienen que pagar. La reforma del 2007 modificó una distorsión que hacía que el sistema no funcionase como estaba pensado originalmente. “El productor no podía hasta entonces aplicarse la deducción porque la normativa requería que no superase el 25%de la cuota del impuesto”, explica Rodríguez-Ramos. En la práctica suponía que para poder deducirse 200.000 euros en una producción de un millón, la película debía recaudar 3,2 millones (lo que generaría un impuesto de sociedades de 800.000 euros). La entrada de inversores, a través de la AIE, que aportan sus cuotas positivas para conseguir la deducción máxima, soluciono este problema.

Los números no dejan lugar a dudas. En 2015, se estrenaron 188 películas (70 más que en 2014), un récord que no fue acompañado de buenos resultados de cuota de pantalla y recaudación. El sector ganó 110 millones, casi 15 menos que 12 meses antes. Nadie lo diría, pero invertir en la producción audiovisual -que incluye también televisión, teatros o conciertos- es un rentable (y seguro) inversión.

España, un plató muy atractivo para Hollywood

La diversidad de escenarios a lo largo y ancho de la geografía española siempre atrajo el interés de Hollywood por rodar en nuestro país. Sin embargo, la carga fiscal ahuyentaban estas producciones en favor de otros países del entorno que si bonificaban esta actividad.

La reforma de la ley del cine de 2014, que entró en vigor el 1 de enero de 2015, además de modificar aspectos esenciales del régimen de incentivos para las producciones nacionales, introdujo una deducción del 15% para estos rodajes internacionales. Se daba así respuesta a una de las demandas más reiteradas por el sector.

Sin esta modificación habría sido imposible, entre otros, que la quinta temporada de la serie Juego de Tronos hubiese podido rodar en distintas localizaciones del sur de España. El impacto de estas producciones trascienden al propio sector. Un estudio de JP Media estimó que el impacto conseguido en Peñiscola, Castellón, donde se rodó parte de la sexta temporada de la saga de R.R.Martin ha sobrepasado los 1.000 millones. La industria audiovisual no solo mide su impacto en la inversión directa de sus producciones sino en la proyección mediática en todo el mundo. La ciudad croata de Dubrovnic duplicó sus visitantes al convertirse hace cinco años en el Desembarco del Rey de los libros de Martin.

Algunas comunidades han apostado por complementar la deducción para atraer más rodajes. Es el caso de Canarias, donde se bonifica con 20 puntos adicionales la producción de obras, ya sean nacionales o internacionales. Como consecuencia, estos días se ha desarrollado en Gran Canaria y Fuerteventura, en el rodaje de Allied, con Brad Pitt y Marion Cotillard.