Rescate financiero

El fiasco de Grecia entra en ‘modo’ ajuste de cuentas

Berlín, la CE y el FMI reparten culpas ante la inevitable reestructuración

Bruselas defiende que la operación sirvió para salvar el euro

El comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici (i), conversa con el ministro giego de Finanzas, Euclides Tsakalotos (c) y el vicepresidente de la CE para el Euro, Valdis Dombrovskis (d) durante la última reunión del Eurogrupo celebrada en Bruselas.
El comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici (i), conversa con el ministro giego de Finanzas, Euclides Tsakalotos (c) y el vicepresidente de la CE para el Euro, Valdis Dombrovskis (d) durante la última reunión del Eurogrupo celebrada en Bruselas. EFE

El rescate financiero más caro, largo e infructuoso de la historia ha entrado en la fase del ajuste de cuentas. Y no solo, como hasta ahora, con Grecia, donde los números siguen sin cuadrar. La batalla se extiende a los gestores del rescate, entre quienes empiezan a cruzarse acusaciones sobre la responsabilidad del fracaso. Un fiasco que avanza hacia una gigantesca reestructuración que los acreedores han tardado seis años en admitir y que todavía puede tardar otros dos en llegar.

Tras 11 horas de negociación, los ministros de Economía de la zona euro (Eurogrupo) pactaron en la madrugada del martes el calendario y perfil de esa reestructuración. Las medidas de gracia empezarán con cuentagotas este mismo año, se ampliarán en 2017 y alcanzarán su máxima expresión a partir de 2018, una vez pasadas las elecciones en Alemania del año que viene.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), que se sumó a la troika en 2010 por exigencia de Berlín, reclamó en vano a los ministros una reestructuración inmediata como condición para incorporarse al tercer rescate. El nein del ministro alemán, Wolfgang Schäuble, fue tajante e infranqueable.

Pero Schäuble y sus aliados tuvieron que aceptar a regañadientes el compromiso de establecer un “mecanismo” de reestructuración que se activará si las necesidades de finaciación de Grecia rebasan determinados umbrales (15% del PIB hasta 2038 y 20% a partir de entonces).

Los cálculos del FMI indican que el umbral se traspasará en 2024 como muy tarde. Pero Bruselas da por seguro que mucho antes el Eurogrupo deberá pronunciarse sobre un alivio fulminante y con aspiraciones de ser decisivo para que Grecia se tenga sola de pie.

El objetivo es desplazar hasta finales de siglo el pago de la deuda, para que se diluya con el tiempo. Atenas se libera así de una losa que frena la inversión, imprescindible para que la economía recupere el pulso perdido hace ya siete años. Terminará así una intervención puesta en marcha en 2010 y que muchos analistas dudan que haya conseguido alguno de sus objetivos.

La fallida operación dejará una factura que podría alcanzar los 400.000 millones de euros, entre pérdidas para el inversor privado y fondos sufragados con el respaldo (y el riesgo) del contribuyente europeo.

Las principales capitales implicadas –Berlín, Bruselas y Washington– preparan ya el argumentario para defender tan costosa intervención, pero al mismo tiempo se cruzan dardos ante la previsible exigencia de responsabilidades una vez que finalice la aventura.

El FMI ha sido el más rápido en desenfundar con la publicación, 24 horas antes de la reunión del Eurogrupo, de un demoledor informe sobre la sostenibilidad de la deuda. El documento roza la sorna y la burla en el análisis de los objetivos que se habían marcado en los Memorándum del rescate y la realidad sobre suelo griego (ver abajo). El Fondo recuerda que de las 16 revisiones previstas en los rescates, solo lograron cerrarse cinco. Y que el fracaso del segundo rescate se inició en 2014, antes de la llegada de Syriza al poder, aunque se consumó con Alexis Tsipras como primer ministro.

Schäuble no disimula su malestar con la actitud del FMI, representado en la reunión del martes por Paul Thomsen, el ejecutivo que, según una filtración de Wikileaks, quería amenazar a Berlín con retirarse del rescate para forzar la reestructuración. “Si hubiera estado la directora gerente [Christine Lagarde], hubiéramos ahorrado bastante tiempo”, señaló ayer Schäuble en referencia a la trasnochada del día anterior.

Las instituciones europeas no osan criticar al FMI, imprescindible para que el Parlamento alemán siga apoyando los rescates. Pero recuerdan que el organismo de Lagarde también ha errado en sus previsiones sobre Grecia y ha rectificado su posición. Hasta hace poco, por ejemplo, consideraban imprescindible una quita y ahora ya no la piden.

Bruselas reconoce que la intervención en Grecia supone un hito histórico, tanto por duración, como por volumen de dinero utilizado. Pero subrayan la profundidad de los problemas que tenía la economía griega. Y consideran que el balance es positivo porque en juego no estaba solo el rescate de Grecia, sino también la integridad de la zona euro. Ahora se trata de poner un punto final lo más digno y rápido y que juzgue la historia.

Las primeras medidas de alivio de algún calado podrían empezar a negociarse ya a finales de este año e incluyen la posibilidad de recomprar con dinero europeo los préstamos del FMI para rebajar drásticamente el tipo de interés.

El acuerdo del martes facilitará, además, que el BCE pueda incluir en un futuro cercano a Grecia en su compra de deuda, una perspectiva que ya relajó ayer la prima de riesgo del bono griego. Si el plan se cumple, el fiasco griego quizá ha entrado en el capítulo final.

Tres rescates, medio billón de euros y un país en peores condiciones que antes

La tasa de recaudación de impuestos ha caído 30 puntos desde 2010

La reforma del sistema fiscal en Grecia fue una de las primeras exigencias de la troika (CE, BCE y FMI) cuando se puso en marcha el primer rescate en 2010. Seis años después y con el tercer rescate en marcha, el FMI denuncia en su último informe sobre la sostenibilidad de la deuda griega que la tasa de recaudación ha pasado del 72% al 42% y la deuda fiscal de los contribuyentes equivale al 50% del PIB, la mayor de la UE, donde casi ningún país llega al 5%.

El objetivo de ampliar la base de recaudación también ha fracasado, por la reducción de salarios y pensiones. Según el FMI, más del 50% de los hogares griegos están por debajo del umbral que exime del impuesto sobre la renta, mientras que en el resto de la zona euro suele ser una media del 9%.

Pensiones insostenibles y sanidad en caída libre con una población muy envejecida

Grecia levantó su precario e insostenible Estado del bienestar tras el fin de la dictadura en 1974. Su sistema sanitario llegó a estar en el puesto 14 del ranking de la OMS y rebajó la mortalidad infantil del 17,5% en 1980 al 4% en 2009, un año antes de que llegase la bancarrota, según recuerda Olivier Desolorme en su reciente historia del país. En 2016, después de tres rescates que suman un cuarto de billón de euros, el gasto sanitario se redujo hasta el 4,5% del PIB (casi tres putos menos que la media europea). El FMI cree que ese coste volverá a subir porque Grecia tiene una de las tasas de envejecimiento más elevadas de la UE. Y añade que “el sistema de pensiones es insostenible”. El gasto (17,5% del PIB) es el más alto de la UE y requiere transferencias presupuestarias anuales del 10%.

Una banca lastrada por la morosidad que requiere un colchón de 10.000 millones

La recapitalización de la banca griega era otro de los objetivos del rescate iniciado en 2010 y, según el FMI, se ha tragado 43.000 millones de euros y supone 24 puntos de PIB de una deuda total de 180%. El tercer rescate reservó 25.000 millones de euros de un total de 86.000 millones para apuntalar de nuevo a los bancos griegos. Pero de momento, solo se han utilizado 5.400 millones y Bruselas ya se plantea, incluso, utilizar el resto para otros objetivos del rescate. El FMI, sin embargo, pide prudencia. Y recomienda mantener un colchón de al menos 10.000 millones de euros porque el 44% de los préstamos de la banca griega son fallidos o en riesgo de serlo. Y además, la mitad de su capital, unos 20.000 millones de euros, son activos fiscales diferidos de incierto cobro. El FMI se teme lo peor.