El nuevo líder del sindicato deberá ajustar la plantilla

La difícil (e ingrata) misión de Álvarez en UGT

El nuevo secretario general de UGT, Josep María Álvarez, durante el discurso que ha pronunciado en la clausura del 42 Congreso Confederal del sindicato.
El nuevo secretario general de UGT, Josep María Álvarez, durante el discurso que ha pronunciado en la clausura del 42 Congreso Confederal del sindicato. EFE

José María Álvarez es desde hace 40 años –cuando llegó desde su Asturias natal a Barcelona– Josep María y en el resto de UGT se le conoce como Pepe, pero en su casa le llaman Jose y solo su íntimo amigo José Manuel Fernández Lito –el fallecido y mítico líder del metal– le llamaba Pepin. Todos esos nombres ocupan desde el sábado un solo cargo: la secretaría general de la Unión General de Trabajadores (UGT), el segundo sindicato del país.

Esta variedad de nombres con que se conoce a Álvarez podría ser el ejemplo de un carácter con gran capacidad de adaptación y, sobre todo, con algo que le va a hacer falta:sin miedo al cambio. Ese cambio es por lo que claman la inmensa mayoría de los afiliados y delegados de UGT en toda España, que han visto como la imagen del sindicato ha quedado por los suelos, tras la corrupción en la que se han visto inmersos algunos de sus responsables.

El escándalo de los ERE en Andalucía, las irregularidades en la gestión de los fondos públicos para la formación en varias comunidades o el haberse visto inmerso en el caso de las tarjetas black, han sido una serie de salpicones de desprestigio que se unen indefectiblemente a la mala imagen en general que ha cosechado el movimiento sindical durante los años de la crisis.

“El sindicato no estaba preparado para todo esto”, se ha justificado Álvarez estos días. Es más, el sábado en su primera intervención pública como secretario general se quejó de la “campaña de criminalización” a los sindicatos llevada a cabo por “el capital”, que sabe, según aseguró, que para poder arrebatar los derechos a los trabajadores tiene que acabar con quienes los han conseguido.

Y casi nadie niega que haya una parte de la verdad en esto que dice Álvarez, pero casi nadie tampoco es ajeno a que esa falta de “preparación” y sobre todo una falta absoluta de reacción ante los cambios económicos han vaciado de contenido al movimiento sindical justo cuando más necesario era. Y eso ha sido percibido casi como una traición por los trabajadores, sindicados o no.

Revertir esa situación y hacer la afiliación a UGT como algo “atractivo”, según el adjetivo usado por él mismo, será su trabajo durante los próximos cuatro años. Y nadie mejor que Álvarez puede esgrimir haber conseguido precisamente un buen balance de gestión: cuando llegó a dirigir el sindicato en Cataluña, hace 26 años, UGT tenía menos del 20% de representación y en la actualidad supera el 40%, algo de lo que no puede presumir ningún otro en la organización.

Para ello, UGT tiene claro que debe hacer una auténtica implosión, con una importante reducción de sus estructuras directivas, para drenar los recursos (personales y financieros) a las bases, que son las que tienen que impulsar al sindicato. Este es el plan de Álvarez y de todo el sindicato, según lo aprobado en el 42 Congreso Confederal que terminó el sábado en Madrid.

El nuevo líder de UGT y su Ejecutiva Confederal, deberán meter la tijera a estas estructuras y hacerlo en los próximos dos meses, antes del 22 de mayo, cuando tendrán que estar constituidas las nuevas tres grandes federaciones sectoriales que tendrá el sindicato, tres menos que ahora. Álvarez se ha hartado de decir que “no se trata de fusiones sino de reestructuraciones”, que esto “no se hace para ahorrar dinero”. Y es verdad que quizás no se haga solo por dinero, pero el ajuste de plantilla que deberá hacer UGT será notable. En algunas estructuras deberán salir uno de cada dos trabajadores, aseguran fuentes del sindicato.

No es la primera vez que Álvarez se enfrenta a un ajuste de este tipo, ya que UGT de Cataluña lleva inmersa desde 2012 en sucesivos ERE, con despidos, suspensiones temporales de empleo y recortes de salario y jornada. Y al nuevo líder ugetista no le ha temblado la mano. Pero no solo deberá racionalizar las plantillas, sino que en la reordenación de las estructuras sectoriales tendrá que usar “guante de seda”, como él mismo se propone, para no diluir la personalidad y la fuerte influencia de las secciones sindicales de federaciones históricas, y con mucha representación, como la de la industria química (Fitag) o la enseñanza (Fete). Eso va a ser difícil, pero inevitable, y Álvarez deberá hacer la cuadratura para que el círculo salga bien, y entretanto, no desatender las campañas de afiliación y las negociaciones con las altas esferas del país.

Y una vez hecha toda la reorganización, el nuevo líder ugetista tendrá otra asignatura pendiente y de mayor calado: garantizar la viabilidad económica y la financiación del sindicato más allá de las cuotas de los afiliados. Para ello, sin embargo, no estará solo ya que tanto sus compañeros de CCOO como los empresarios, quieren abordar también con el próximo Gobierno un cambio legal que blinde la financiación de estos organismos a través de la retribución de su principal tarea:la negociación de convenios colectivos. Nadie le dijo a Álvarez que fuera a ser fácil, pero ahí está.