Tribuna

Las bases de la revolución ‘fintech’

En el caso de que no lo sea ya, fintech va a ser una de las palabras de moda en 2016. El término fintech se usa para agrupar a las nuevas empresas de servicios financieros (fin), con base tecnológica (tech). Más de 10.000 startups en todo el mundo se han lanzado a la conquista de una parte de la tarta del sistema financiero. Distintas fuentes estiman que hasta el 30% de sus ingresos están en juego, y algunas empresas, como PayPal o LendingClub, han alcanzado posiciones relevantes en el mercado anglosajón.
Según el fintech adoption index de EY, el 15% de los usuarios de banca en los mercados desarrollados ya ha usado al menos dos productos financieros desarrollados por startups en los últimos seis meses.
¿Qué ha cambiado para que pequeñas startups formadas por equipos de entre cinco y diez ingenieros se lancen a la captura del negocio tradicionalmente reservado a los bancos?
Se trata de tres transformaciones fundamentales que han abierto una puerta en la industria financiera, por las que las fintech tratan de pasar: la primera es la revolución digital fundamentalmente a través del teléfono móvil, la segunda es la disponibilidad de fondos y la tercera es el apoyo de los reguladores.
La revolución digital es una realidad que está transformando la esencia de la relación entre el usuario y la entidad financiera. La industria de la banca ha estado basada tradicionalmente en la relación entre el gestor y el cliente con redes de distribución (oficinas) ubicuas. Hace ocho años, en España había 40.565 sucursales bancarias de las que hoy solo quedan 27.863 (el mismo número que había en 1987).
Los clientes han traspasado ya muchos de sus usos habituales al teléfono: descargar música, reservar un restaurante, pedir un taxi o comprar un billete de avión. Los servicios financieros son solo un paso más, principalmente desde que las mejoras en seguridad y usabilidad permiten ofrecer un servicio sin papeles, seguro y abierto 24 horas. La sustitución del principal canal de distribución (de la oficina al smartphone) supone una transformación radical de las bases del negocio: la estrategia comercial, los procesos de riesgos y la estructura de costes son completamente diferentes. En paralelo, estamos viviendo un periodo de excepcional exceso de liquidez. Masas monetarias muy relevantes provenientes de fondos de pensiones y fondos de inversión están canalizando parte de sus recursos hacia la financiación en la sombra. Estas fuentes de financiación permiten a los nuevos entrantes disponer de los fondos alternativos a los depósitos (fuente tradicional de financiación de la banca). Se estima que hasta el 30% de la financiación que llega al sistema en los países anglosajones proviene de estas fuentes alternativas, con un crecimiento anual del 10% en los últimos dos años.
Finalmente, el regulador (principalmente la Comisión Europea) ha impulsado algunas medidas que permiten a los nuevos entrantes establecer su actividad de forma reglada y en términos competitivos. Sirvan como ejemplo la Directiva europea de Servicios de Pago (DSP2) o la Ley de Fomento de la Financiación Empresarial, que incluye la regulación del crowdfunding.
Aprovechando estas tres transformaciones, las fintech ofrecen un servicio innovador, totalmente digital (sin papeles), barato y operativo 24 horas al día desde cualquier dispositivo.
Obviamente, las entidades tradicionales están tratado de cerrar la puerta a los nuevos entrantes, acelerando su transformación hacia el mundo digital. Disponen para ello de ingentes recursos: dinero, experiencia y tecnología. Carecen sin embargo de una variable crítica: tiempo, y están perdiendo otra muy valiosa: talento.
El talento que son capaces de atraer y la velocidad a la que estas transformaciones están sucediendo son las principales ventajas de las startups que son capaces de desarrollar servicios en días o semanas frente a los meses o años de los bancos tradicionales.
¿Serán suficientemente rápidas las startups para entrar por la puerta mientras esté abierta o serán los bancos capaces de cerrarla a tiempo?

Aitor Chinchetru es Consejero Delegado de wanna