Editorial

Cuenta atrás para solucionar la crisis política

Cuarenta y cuatro días después de las elecciones generales del 20 de diciembre parece que empieza a desbloquearse la crisis política que amenaza con prolongar sine díe la ingobernabilidad del país. Tras varias semanas en las que hasta al menos inalterable de los ciudadanos le ha parecido que se repetía cada día el mismo perezoso bucle de rechazo entre los dos grandes partidos del país, ha terminado siendo en el día de la marmota cuando ha saltado la chispa que ha activado la solución. El monarca ha encargado la formación de un Gobierno a quien ha mostrado disposición a intentarlo, a Pedro Sánchez, secretario general del PSOE que obtuvo 90 escaños en las elecciones generales. Y este ha aceptado aunque carezca, como el mismísimo Mariano Rajoy, de la gracia de las matemáticas para sumar, al menos ahora, los apoyos necesarios. Eso sí: el mecanismo político recogido en la Constitución se pone definitivamente en marcha para desembocar en una solución, sea la de investir a un presidente, sea acudir de nuevo a las urnas transcurridos los dos meses pertinentes desde que se produzca la primera votación fracasada de investidura.

Si las matemáticas no arrojan luz suficiente, es porque las opciones reales de gobernabilidad con los resultados de diciembre son muy complicadas, aun en el caso de que todo el mundo estuviese dispuesto a hablar con todo el mundo. Las diferenciaciones programáticas y las ambiciones personales, además de otros episodios sobrevenidos como la corrupción en la Comunidad Valenciana, han aflorado durante los más de 40 días de quinielas imposibles. Ayer el presidente en funciones y candidato del PP, Mariano Rajoy, volvió a ofrecer la que a su juicio es la mejor solución, y así se la comunicó al Rey: pacto PP-PSOE-Ciudadanos para afrontar las grandes reformas pendientes, preservar la unidad territorial, luchar contra el terrorismo y prolongar el crecimiento económico y del empleo, enviando un mensaje de confianza a los inversores, que cada vez lo demandan más. La alternativa, como se encargó de recordar anoche el líder de Podemos para meter más presión a Sánchez, es un Gobierno de PSOE con Podemos, y que precisaría el respaldo de partidos secesionistas. En definitiva, complicado programáticamente, casi imposible políticamente.

Si Sánchez se pone manos a la obra, debe tener muy en cuenta que la apuesta de Pablo Iglesias es muy exigente en contenidos y en cotas de poder e imposible de cuadrar si no hubiese paridad plena en el Consejo. Y debe medir muy bien cada trecho que ceda a Podemos, porque será irrecuperable para un PSOE que está profundamente dividido sobre la posibilidad de gobernar con 90 escaños y coaligado con Iglesias. Si se trata de una etapa a quemar, que esa sensación da, que se haga cuanto antes. La economía y sus afectados, los ciudadanos, no pueden esperar.