El Foco

Los beneficios de la era digital no llegan a todos

Las cifras de actividad en un día típico de la vida de internet son de vértigo: 207.000 millones de correos electrónicos enviados; 4.200 millones de búsquedas en Google; 803 millones de tuits; 152 millones de llamadas por Skype; 186 millones de fotos en Instagram; 8.800 millones de vídeos vistos en YouTube; 36 millones de compras por Amazon, etcétera. Es la actividad que generan los 3.200 millones de personas que utilizan internet. Si bien estas cifras son astronómicas, aún serían mayores si se redujera la brecha tecnológica que explica que el 60% de la población mundial no tiene acceso a internet y por tanto, no se benefician de las ventajas de la economía digital: acceso a más información y a menor coste.

Como constata un informe recién publicado del Banco Mundial (Digital Dividends), si bien las tecnologías digitales se han extendido rápidamente en gran parte del mundo, sus dividendos no han avanzado en la misma medida, por lo que su impacto agregado está por debajo de lo inicialmente previsto y sus beneficios se han distribuido de forma muy desigual. Por eso, su efecto sobre la productividad y sobre la ampliación de las oportunidades para los pobres y clase media han sido mucho menores de lo esperado. Conclusión: es necesario reducir la actual brecha digital, especialmente en lo que al acceso a internet se refiere.

Las tecnologías digitales (teléfono móvil, internet y todas las demás herramientas para recopilar, analizar y compartir información) han revolucionado los hábitos de vida y la economía en su conjunto. Por ejemplo, internet facilita la comunicación de las personas con discapacidad, influye en lo que hacemos en nuestro tiempo libre y hace que el desarrollo sea más inclusivo. Y en el ámbito económico, internet ha creado nuevos mercados, expandido el comercio, generado empleo, aumenta la eficiencia y promueve la innovación al intensificar la competencia (nuevos sistemas de pago, libros electrónicos, música digital, redes sociales, etcétera).

Sin embargo, los beneficios no llegan a todos y son inferiores a los potenciales, principalmente por dos motivos: porque la brecha digital sigue siendo enorme (además de los 4.000 millones de personas que no tienen acceso a internet; 2.000 millones no tienen un teléfono móvil) y porque algunos beneficios de la era digital se ven contrarrestados por nuevos riesgos, como el aumento de las desigualdades (los que no tienen acceso a la tecnología cada vez se distancian más del resto), la excesiva concentración del poder de mercado y el surgimiento de monopolios, y un mayor control del Estado y las élites sobre los ciudadanos (aumenta la capacidad del Gobierno de influir en el discurso político y social).

Como destaca el informe del Banco Mundial, para maximizar los dividendos digitales es necesario mejorar lo que denomina “complementos digitales”, es decir, los factores que favorecen el acceso a las tecnologías digitales: un entorno en el que todas las empresas puedan conectarse con facilidad y competir, lo que se consigue con una buena regulación; y una distribución de la renta menos desigual, para que todos puedan aprovecharse de las tecnologías digitales.

En el caso de los países en donde el desarrollo de la economía digital está todavía en una fase emergente, la prioridad para reducir su brecha tecnológica es crear las condiciones para aumentar la tasa de adopción y uso de estas tecnologías: mejoras educativas para que la población tenga los conocimientos y habilidades mínimas necesarias para aprovechar las ventajas de las tecnologías digitales; inversiones en infraestructuras y tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC); eliminación de los obstáculos al acceso a la era digital (como los aranceles a los bienes digitales que se aplican en algunos países), etcétera. En este grupo de países, en alguno el precio de los servicios típicos de telefonía móvil es 50 veces superior al del país más barato, siendo el coste 100 veces mayor en el caso del acceso a la banda ancha. La paradoja que se da en estos países en desarrollo es que hay más hogares que poseen un teléfono móvil que los que tienen acceso a la electricidad o a agua potable.

En los países donde la utilización de las tecnologías digitales empieza a ser considerablemente elevado, la prioridad debe ser asegurar que las oportunidades en el acceso sean las mismas para todos, sin que haya sectores protegidos. Finalmente, en los países donde la economía digital está plenamente instaurada, la misión debe ser solucionar los problemas que ocasiona internet, como que una empresa tenga posición de dominio.

En este contexto, el objetivo que plantea el Banco Mundial es lograr que internet sea más universal, asequible, abierta y segura para que sus beneficios lleguen a todos. Para ello es necesario generar un entorno empresarial en el que las empresas puedan utilizar internet para competir e innovar en beneficio de los ciudadanos; conseguir poseer el capital humano (conocimientos, habilidades) necesario para aprovecharse de las ventajas de las tecnologías digitales, y contar con instituciones que rindan cuentas a sus ciudadanos y que utilicen la red para ofrecerse servicios. Acceder a las tecnologías digitales es condición necesaria pero no suficiente para que sus dividendos lleguen a todos. Además, hay que conseguir que empresas y ciudadanos puedan utilizarlas de forma eficaz.

Joaquín Maudos es Catedrático de Economía de la Universidad de Valencia, Director Adjunto del Ivie y colaborador del CUNEF