Considera que eliminar la retribución le perjudiaría aún más

Repsol mantendrá el dividendo pese a la crítica situación del crudo

Acelerará las desinversiones y recortará aún más las inversiones en exploración

El plan estratégico establece el pago de dividendo por encima de 50 dólares el barril de media

Sede de Repsol, en Madrid.
Sede de Repsol, en Madrid.

El pasado 8 de enero, Repsol liberó un dividendo a cuenta de sus resultados de 2015 que supuso una salida de caja de 227 millones de euros (para los accionistas que han optado por recibirlo en cash) y una ampliación de capital de otros 41 millones para quienes han optado por recibir acciones (un 65% del capital). Pese a las críticas de muchos analistas que consideran altamente arriesgado que la compañía mantenga su política retributiva en tanto no se recomponga el precio del crudo, la petrolera insiste, según fuentes próximas a la misma, en cumplir lo prometido en el plan estratégico presentado en octubre y que aquellos consideran caduco.

En Repsol consideran que lo contrario perjudicaría aún más su castigada cotización, que ha caído casi a a la mitad (8,94 euros por acción el viernes) y ha llevado la capitalización por debajo de los 13.000 millones, se escuda en que es lo mismo que están haciendo otras competidoras, como Total. “El dividendo es el único atractivo para los inversores, tanto para los que quieran entrar como los que están en el capital”. Otras interpretaciones apuntan a la presión de los principales accionistas, Sacyr y Caixabank, para que la retribución no se toque.

En el plan estratégico 2016-2018, anunciado por Repsol cuando el precio del barril-, la petrolera se comprometió a pagar dividendo siempre que el precio del barril se mantuviera en una media de 50 dólares el barril en 2016, 2017 y 2018. Se trataba de “un escenario ácido” en el que contaba con caja para pagar. Las fuentes antes citadas aseguran que hay margen para ver si se alcanza esa media este año. Algo complicado pues los augurios más optimistas apuntan a un precio de 60 dólares a finales de año. Es la previsión de algunos bancos de inversión, como City, y la que el presidente de la petrolera Saudí Aramco hizo el jueves pasado en la Cumbre de Davos. Las más pesimistas apuntan a 20 dólares.

El mercado solo está reflejando un 0,60% del valor de Repsol en libros

Con un elevado riesgo de que la petrolera llegue a tener caja negativa, se convierta en bono basura y que los márgenes del área de marketing y refino (downstream)no puedan compensar la fuerte caída de ingresos del upstream, la situación se complica.

De poco sirven las críticas por la compra de la canadiense Talismán en diciembre de 2014 (6.670 millones y la asunción de 3.776 millones de deuda), cuando el brent cotizaba a 60 dólares, y cuyo objetivo fue recuperar tamaño tras la expropiación de YPF. Ahora se trata de ver qué es lo que puede hacer la compañía que preside Antonio Brufau ante una coyuntura que algunos consideran “sin control”.

En principio, la estrategia es acentuar y acelerar los objetivos del plan presentado en octubre basado en cuatro ejes: más sinergias, más eficiencia, menos inversiones a corto plazo y más desinversiones en activos no estratégicos. En este último caso, Repsol recuerda que de los 3.100 millones previstos, ya se han ejecutado más de la mitad: la venta a Redexis Gas y Gas Natural Fenosa del grueso de su red de propano por 650 millones y unas plusvalías de 367 millones y la venta de su 10% en CLH al grupo Ardian, por 325 millones y una plusvalía de 300 millones.

Otras operaciones van encaminadas a reducir o aplazar las inversiones en exploración (la producción se mantiene en unos 900 millones de barriles, incluida Talismán). Tal fue el caso de la alianza con Statoil para el intercambio de participaciones entre Eagle Ford y un campo noruego, para reducir compromisos de inversión. La idea es que el recorte de inversiones del 35% en dos años sea mayor. También se analizan operaciones “imaginativas” o financieras, como la recompra de bonos de Talismán, que permitió reducir el coste anual de la deuda en 65 millones de dólares.

En medio de la psicosis y ante la incertidumbre de cuánto durará la situación, no falta quien vuelve a apuntar a una solución con su participada Gas Natural Fenosa, en la que tiene un 30% del capital, tanto una fusión como la venta de acciones.

 

Pulso saudí o problema de demanda

Nadie tiene una bola de cristal en la que poder vislumbrar la evolución del precio del barril de Brent en el corto y medio plazo. El derrumbe de su cotización la semana pasada por debajo de los 28 dólares, ha hecho creer que el pulso no pude durar mucho más, aunque no faltan pesimistas extremos que apuntan a que la caída podría continuar hasta los 20 dólares. La cuestión es que no se trata solo de un pulso de Arabia Saudí para castigar a Rusia, Venezuela o Estados Unidos, para hundir el precio de la producción más cara (fracking) a través de una reducción de su oferta, sino un problema de demanda (por el menor crecimiento de China o un invierno cálido).

Es cierto que Arabia (no así sus socios de la OPEP) podría aguantar con precios bajos compensando la pérdida de ingresos, por ejemplo, con la salida a Bolsa de su petrolera estatal, Saudí Aramco. Pero si la demanda no se recupera, la cuestión se complica.

En el caso de Repsol, y de otras petroleras de menor tamaño que los colosos mundiales, la crisis le llega en plena digestión de la canadiense Talismán, que compró en diciembre de 2014, y que vale ahora una tercera parte. También YPF se ha depreciado por debajo de que lo que pagó a Repsol por la expropiación.

En la petrolera española confían en compensar la fuerte caída de ingresos con mayores márgenes del refino (el que se beneficia de los menores precios del barril), que han pasado de 44,4 dólares barril el año pasado a 9,1 dólares.

Por el momento, Repsol, cuyo consejo se reúne este miércoles, no tiene intención de modificar su plan estratégico, solo exprimirlo. Al menos, hasta la presentación de sus resultados anuales, prevista el 25 de febrero.