La urbe es uno de los principales centros de arte medieval en todo el mundo

Pisa, la ciudad de los milagros

Los restos de una muralla rodean la ciudad como escudo protector de los tesoros que exhibe su plaza del Duomo.

Vista lateral del Duomo y detalle de la Piazza dei Miracoli, siempre llenos de turistas.
Vista lateral del Duomo y detalle de la Piazza dei Miracoli, siempre llenos de turistas.

Si no fuera por las leyes de la física parecería un milagro que la Torre de Pisa perdure con tal inclinación; otro prodigio es que no saltara por los aires durante la II Guerra Mundial y va ser un portento que se mantenga en pie durante los próximos 300 años.

Pero estamos en Pisa, en la bucólica Toscana, para muchos la ciudad de los milagros. No se conoce muy bien su origen, pero en el siglo IX ya era una potencia naval; hoy es uno de los principales centros del arte medieval del mundo y Patrimonio de la Humanidad.

La ciudad es un runrún de cámaras fotográficas, un trajín de idas y venidas del gentío y de risas que a cada rato interrumpen las divertidas poses de unos intentando enderezar la torre y de otros queriendo tumbarla definitivamente, ambos para la foto de recuerdo. Todos los turistas saben desde que ángulo inmortalizar el momento.

El único misterio que envuelve la Torre inclinada es el nombre del arquitecto que la diseñó

Y si no fuera por tamaña algarabía, la vieja Pizza dei Miracoli, también conocida como la Piazza del Duomo, sería un lugar que invitaría al recogimiento y la contemplación.

Sobre su suelo, a tramos empedrado, a tramos lleno de césped, se erigen majestuosos su famosa Torre inclinada, el Duomo (la catedral medieval), el Baptisterio y el Camposanto, todos construidos entre los siglos XI y XIV. En la construcción de la mayoría de estos monumentales edificios, el mármol blanco se impone y contrasta con los tonos ocres del resto de los inmuebles de la ciudad.

El monumento más icónico de Pisa, su Torre, es el campanario de la catedral. Se empezó a construir en 1173 y no estuvo terminada hasta 200 años después. Tiene 55 metros de altura y su ladeo de 4 grados no tiene ningún misterio, se debe a un error de base: está cimentada sobre terreno pantanoso.

La famosa torre inclinada de Pisa.
La famosa torre inclinada de Pisa.

El único enigma es el nombre de su arquitecto. Se cerró al público durante una década para corregir su desnivel y ha sido declarada estable durante los próximos tres siglos. Hoy se puede visitar en grupos reducidos y solo se puede permanecer en su interior 30 minutos. Subir y bajar sus casi 300 escalones en ese tiempo le requerirá cierta forma física.

En el centro de la plaza se levanta el Duomo, la catedral medieval consagrada a la Asunción de la Virgen. Destaca su imponente fachada adornada por hermosas arcadas y en su interior, el púlpito con su impresionante tallado, que milagrosamente se salvó de un pavoroso incendio ocurrido en el siglo XVI.

Frente a la catedral está el Baptisterio, dedicado a San Juan Bautista, el más grande de Italia, con sus 107, 25 metros de diámetro. De estilo románico y algún toque gótico, llama la atención su enorme interior, sin decoración y con una magnífica acústica. La pila bautismal data del siglo XIII.

Al norte de la plaza se ubica el cementerio (Camposanto Monumentale). Se dice que se erigió sobre una carga de suelo sagrado procedente del Gólgota.

Curiosidades

Restos de la antigua muralla que rodean Pisa.
Restos de la antigua muralla que rodean Pisa.

Objetivo militar. En la II Guerra Mundial, Pisa sufrió duros bombardeos y se puso fecha de voladura a su inclinada torre. En su avance, el Ejército de EEUU destruía todas las atalayas, monumentales o no, para evitar francotiradores enemigos, pero los avatares del combate propiciaron una retirada a tiempo que evitó que la Torre se convirtiera en un daño colateral.

Una de bomberos. Antes de la guerra, en 1934, el líder italiano Benito Mussolini se empeñó en enderezar la Torre a como diera lugar y ordenó verter cemento en sus cimientos. La idea pretendía evitar filtraciones, pero en realidad provocó que la Torre aumentara su grado de inclinación y se hundiera más.

Lagarto, lagarto. La entrada principal del Duomo destaca por sus numerosas figuras en relieve, entre ellas, la más famosa es un pequeño y desgastado lagarto. La leyenda cuenta que trae suerte a quien lo toca y por aquello de no desafiar a la fortuna, los turistas ni lo dudan.

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