Editorial

La inflación es una cuestión nacional

La inflación ha vuelto. Tras dos años en tasas negativas por la parálisis del consumo privado y la necesidad de bajar los precios para mantener cierto tono en las ventas, los empresarios han comenzado a subir los precios. España ha sido siempre un país inflacionista, por considerar sus agentes económicos, ingenuamente, que la inflación es el mejor amigo del hombre. Este pequeño ciclo de desinflación ha estado amparado por una tendencia contractiva de los salarios y el resto de costes, y en absoluto se han deteriorado los márgenes empresariales. Todo lo contrario: han podido cebar sus cuentas manteniendo precios estables, o incluso reduciéndolos.

Pero parece que han creído llegado el momento de tirar de los precios hacia arriba porque la demanda crece, aunque lleve con tendencia ascendente solo unos trimestres. Es llamativo que la inflación subyacente, medida con un índice que excluye los alimentos frescos y la energía, esté en una tasa interanual del 0,8%, desconocida desde septiembre de 2013, y alimentada casi en exclusiva por los servicios que se prestan en el mercado nacional y que no están sometidos a competencia alguna del exterior. Hay varios ejemplos concretos, pero el más lacerante es el de los precios de los servicios turísticos, que camuflan sus subidas tras la fiebre de la demanda y del récord de visitantes. Los viajes organizados han subido en julio el 10,6%; los precios de los hoteles y otros alojamientos, un 6,6%, y el transporte aéreo, también muy dependiente de la actividad turística, ha subido un 4,2%; todos ellos bien alejados del entorno de la estabilidad, con avances en solo un mes que cuadruplican o sextuplican la tasa media de inflación subyacente. Los servicios turísticos acumulan una subida del 2,9% en los siete primeros meses del año y un 1,4% (el doble que la subyacente a la que contribuyen) en doce meses.

Estos avances han empujado a los precios en el grupo de servicios un 0,9%, con la enseñanza, las publicaciones y los servicios médicos a la cabeza de las alzas. Por contra, en la industria, donde el mercado es el mundo, donde la competencia es muy dura y hay economías que producen y venden más barato, los precios interanuales han bajado un 1,5%, con un pequeño repunte en los de uso duradero.

En definitiva: los bienes y servicios que no dependen del mercado nacional para la formación de los precios (la energía y los bienes industriales) siguen en tasas negativas, mientras que los que dependen de decisiones internas, nacionales, porque operan en mercados locales, repuntan con fuerza. Con estos mimbres y las tendencias que marcan, parece que la estabilidad de precios, básica para mantener la competitividad de la economía sin recurrir a nuevas bajadas de salarios, es flor de un día, de un par de años. Pasado el miedo paralizante de la recesión, los señores de la oferta han vuelto a las andadas.

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