Tribuna

¿Podemos hablar de convergencia contable?

El camino hacia la convergencia contable ha sido, y sigue siendo, un sendero plagado de obstáculos e incertidumbres. Uno en el que los distintos usuarios de la contabilidad han tenido que lidiar con multitud de retos de índole muy variopinta.

Se podría pensar en este proyecto como si de un gigantesco puzle se tratase, donde todas las piezas deben encajar correctamente para que el resultado alcanzado se asemeje lo más posible a la imagen fiel deseada. Sin embargo, el centenar de pequeñas piezas que componen el puzle de la convergencia no son tan fáciles de ensamblar y, en muchas ocasiones, la visión limitada y predominantemente cortoplacista del ser humano acarrea consecuencias de magnitudes más que significativas.

Y es que resulta innegable que todo tipo de agentes económicos, desde el contable de una pequeña empresa, hasta el CEO de una gran corporación, vienen solicitando de forma más intensa, una mayor cantidad de información financiera, a la vez que han exigido un mayor rigor, calidad y transparencia de la misma. El porqué de este sustancial incremento en la demanda de información contable podría resumirse en una única palabra: Globalización.

Dado el interés asociado a este fenómeno, parece incuestionable la importancia de alcanzar el objetivo de convergencia. Entonces, si tal es la relevancia de este proyecto, y sus beneficios y objetivos son tan claros, ¿por qué después de tanto tiempo no se ha alcanzado aún la meta establecida?

Retomando nuevamente el símil del puzle, ¿qué ocurriría si todos los agentes encargados de su construcción no fuesen capaces de comunicarse de forma eficiente? O, dando un paso más, ¿qué sucedería en el caso de que algunos de ellos, por alguna razón, de antemano desconocida, no se sintiese incentivado a facilitarles la tarea a sus “compañeros de juego”?

Es evidente que existe un gran número de obstáculos a la hora de establecer el Marco Contable Único. A continuación se recogen los más relevantes. Como ya señalaba Konrad Engelmann en 1954, el proceso de convergencia es, ante todo, un fenómeno contable y, como tal, se encuentra influenciado por la filosofía contable pre-existente. Las diferencias a este respecto influirán en la interpretación, aceptación y aplicación de las normas, sobre todo cuando la filosofía contable nacional no se encuentra alineada con la corriente de pensamiento del organismo emisor de las normas internacionales, el International Accounting Standards Board (IASB).

Podría decirse que la cultura ejerce una influencia generalizada en la sociedad. Concretamente, las barreras culturales se manifiestan a través de determinadas incompatibilidades entre el sistema de valores imperante y algunos métodos de valoración, o a través de los niveles de transparencia y conservadurismo con los que se difunde de la información.

El proceso de convergencia conlleva una necesidad de cambio y adaptación de los distintos sistemas legales, políticos e institucionales. Además, de forma similar a lo que sucedía con la filosofía contable, en cada país existen principios fundamentales sobre los que el resto del marco legal se encuentra sustentado. Numerosos estudios han demostrado que efectos tales como el establecimiento de un mayor o menor nivel de regulación, la calidad del mismo, o la eficiencia del sistema judicial, varían en función del tipo de familia legal.

Defendidos ya por Adam Smith en 1776, la persecución del propio interés, el orgullo nacional y la búsqueda de la autorrealización de los objetivos individuales, así como la influencia ejercida por instituciones gubernamentales o incluso del ámbito privado, pueden desembocar en problemas de conflicto de intereses. Este tipo de impedimentos ha llevado a concluir que el marco contable único no es más que una utopía ya que la existencia de organismos independientes, con distintos incentivos, no puede llevar más que a alcanzar conclusiones incompatibles.

El establecimiento de procesos de traducción e interpretación puede afectar al grado de convergencia efectiva, al influir en los objetivos de comparabilidad y homogeneidad de la información. El problema aparecerá como consecuencia de la distorsión del significado de determinados términos, o incluso por la incapacidad de comprender algún concepto, al no existir un término semejante al original.

Como se ha podido comprobar, el fenómeno de la globalización ha traído consigo una imperante necesidad de información contable, hasta ahora respondida por los organismos normalizadores internacionales mediante el desarrollo e implantación del Marco Contable Único. Sin embargo, a medida que el proceso de globalización ha ido ganando en complejidad, parecen haber surgidos nuevos impedimentos que nos alejan del objetivo deseado.

Ian Mackintosh, Vicepresidente del IASB, señaló el pasado año que, una vez alcanzada la etapa de madurez de las normas internacionales, y dada la inevitabilidad del Marco Contable Único, los esfuerzos deberán centrarse en mantener dichas normas y cooperar para asegurar una aplicación adecuada de las mismas. Entonces, ¿quiere esto decir que todas las piezas del puzle de la convergencia han sido ya tenidas en cuenta? O, por el contrario ¿estamos persiguiendo un sueño que nunca podrá cumplirse, pues algunas de las piezas se han perdido a lo largo de un camino lleno de obstáculos?

Alejandro Cuesta Delclos es Doctorante en Sistemas de Información y Análisis Contable de la Universidad de Oviedo.

* Ganador del Premio AECA 2015 (Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas)

Normas