Pánico tras tres semanas de caídas

Las ventas masivas paralizan el 75% de la Bolsa china

Un inversor, en una casa de valores de Shanghai.
Un inversor, en una casa de valores de Shanghai. Getty Images

Ni parando la cotización de las acciones consigue China frenar la sangría bursátil. Aunque el índice de Shanghai se desplomase un 5,9% esta noche (ya cae un 32% desde máximos), lo peor es la avalancha de papel que afronta el mercado: entre las acciones suspendidas de negociación (1.300 empresas) y las que ya marcan la caída máxima admitida por la Bolsa (10%), entre el 75% y el 90% del mercado está, de hecho, sin operar. Hay tantos inversores pretenden vender a la vez que no pueden. El mercado está roto.

Las diversas medidas tomadas por el Gobierno para frenar la sangría no han tenido fruto. China había subido un 150% en un año impulsada por las compras de acciones a crédito. Los préstamos para invertir en Bolsa suman los 300.000 millones de euros, y se han multiplicado por nueve en dos años. Ahora que la Bolsa baja, las acciones aportadas como garantía por estos inversores valen menos, con lo que éstos tienen que, o bien poner más dinero, o bien vender la cartera. O ambas cosas: Las liquidaciones de contratos de préstamo de acciones crecen tan deprisa a la vez que baja la Bolsa.

De hecho, las ventas se han extendido a otros mercados como vía para que los inversores consigan liquidez. El índice Hang Seng de Hong Kong también se ha desplomado el 7% (la mayor caída desde Lehman), castigado por las ventas tanto de inversores chinos como extranjeros. La deuda china a un año ha subido su rentabilidad 40 puntos básicos en un día.

El CSFC, entidad encargada de financiar las compras de acciones a crédito, necesita 75.000 millones en liquidez, según fuentes del sector citadas por Bloomberg, para estabilizar las cotizaciones y cuadrar préstamos con carteras. Los analistas de Bank of America ya alertan de que, si continúa la caída de las acciones, los bancos y las firmas de valores más pequeñas pueden tener problemas de solvencia, convirtiendo la caída de la Bolsa en un episodio de inestabilidad financiera más generalizado. En Goldman Sachs, por el contrario, aconsejan comprar ahora, previendo una subida del 27% en 12 meses.

Unos 90 millones de chinos invierten en Bolsa a título particular (tantos como afiliados al Partido Comunista), y son los principales inversores en un mercado prácticamente vetado a los extranjeros. Su alto número y elevado endeudamiento hace que sean más sensibles a las caídas, y explica la fuerte apuesta del Estado por parar las ventas. “La confianza es más valiosa que el oro”, titulaba uno de los diarios oficiales de Beijing. Pero, de entrada, el contagio ya ha salido de China y el Nikkei ha bajado más del 3%.

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