El Foco

Economía de la pólvora sin humo

De los posibles riesgos que tendrán impacto en el mundo durante este año, ninguno es de carácter económico. Desde el año 2007 al año 2013, los riesgos económicos han sido siempre los más numerosos en la clasificación elaborada cada año por el prestigioso y autorizado World Economic Forum (WEF) de Davos junto a algunas compañías de seguros y universidades. Sin embargo, en el estudio realizado en febrero de este año, para 2015, los riesgos económicos han desparecido de las primeras cinco posiciones del mapa de riesgos mundiales. ¿Quiere decir esto que la economía mundial actúa ya a favor de la estabilización? En absoluto.

Siete años después de la erupción de la crisis financiera internacional, la recuperación se mantiene “atenuada e incierta” a juicio del FMI, porque el crecimiento global es del 3,3% en 2014 y del 3,8% en 2015, existe una lucha contra la deflación en algunas economías y más de 200 millones de personas están desempleadas. Hay que añadir que la economía mundial puede entrar en un prolongado periodo de crecimiento lento y débil creación de empleo y, como dice la Comisión Europea en sus previsiones de invierno, la lentitud en la aplicación de las reformas estructurales podría implicar el mantenimiento de tasas de crecimiento muy bajas durante mucho tiempo. Por tanto, es difícil creer que no haya un asunto económico con impacto global este año.

Bien es cierto que cuando esa misma institución analiza los riesgos globales en términos de la probabilidad de que puedan ocurrir, más que como un impacto seguro, aparece, en los primeros lugares, el nivel alto de paro estructural o el subempleo y sus consecuencias desestabilizadoras, incluso para los países desarrollados. En estos se refleja el descenso del comercio mundial, que con un crecimiento del 9% anual entre 2004 y 2007, ahora apenas alcanza el 3%. Esta es una debilidad generalizada que alimenta vulnerabilidades y riesgos.

Esa lentitud en las reformas que preocupa a la Comisión Europea no es aplicable a España, donde la creación de empleo, la caída del precio del petróleo y la reducción del IRPF van a contribuir a la recuperación de la renta disponible de este año y del próximo. Las nuevas operaciones de financiación al consumo van a seguir aumentando en los próximos trimestres, en un contexto de desapalancamiento del saldo vivo del crédito y harán posible mantener el gasto de las familias a medio plazo, sobre todo, en bienes duraderos. De esta forma, se prevé que el consumo privado se sitúe en torno al 2% durante los dos próximos años.

Esa lentitud en las reformas que preocupa a la Comisión Europea no es aplicable a España

Las cosas suceden de un modo y a un ritmo que las palabras no pueden acelerar, por mucho que lo pretendan. Esto se comprueba cuando se analizan los datos de las perspectivas de consumo. De los indicadores del comportamiento del consumidor que realiza MillwardBrown, se concluye que, si bien es cierto que ha cambiado la visión social de la situación, los comportamientos persisten. Están bajo un clima de “expectativas limitadas”.

Aquellos que han podido superar la crisis ven el futuro con cierta tranquilidad, perciben que el empleo se estabiliza y que está cerca la salida de la crisis, pero limitan sus expectativas a una nueva realidad y se mantiene la pulsión por el control de los gastos, aunque con cierta flexibilidad en algunos de ellos, como en los coches y también en los pisos, que en este caso se consideran como una oportunidad.

En el extremo opuesto, las personas más afectadas por la crisis, cerca de un tercio de los consumidores, constatan inestabilidad laboral y de retribuciones y su control de gastos es elevado.
Limitadas las expectativas, la prioridad para las familias ahora es eliminar las deudas y destinar los excedentes, en el caso de las clases medias altas y altas, a la compra de coches, mientras que una minoría opta por la inversión en Bolsa.

Todavía cuesta consumir, hay dudas sobre la recuperación económica, sobre todo por lo que pueda ocurrir en Europa. Sin embargo, se considera un buen momento para las actividades relacionadas con la formación, y para la adquisición de productos de belleza, ocio, cultura, hostelería, pequeños o grandes electrodomésticos, accesorios para el hogar.

Otro indicador que muestra signos positivos es el del momento para realizar compras, que ha mejorado regularmente durante 2014 y avanza lentamente. La perspectiva de los consumidores ante el desempleo también muestra una mejora, ha descendido el número de personas que opina que empeorará el desempleo.

La economía española se encuentra ante una muy buena oportunidad para crecer por sí misma, con un alto grado de autonomía y, por tanto, con capacidad para seguir cambiando el modelo productivo y corrigiendo desequilibrios. De la misma forma que a la crisis en España se llegó por un cúmulo de errores y de circunstancias adversas, ahora nos encontramos con un entorno de signo contrario; que, además, tiene la particularidad de producirse solamente en nuestro país.

Entre otras cuestiones, la prima de riesgo se encuentra en niveles muy bajos, el Tesoro se financia casi a tipos de interés negativos, existe abundante liquidez para prestar y los costes laborales se han contenido. El turismo sigue creciendo y la construcción ha sido unos de los tres sectores más activos en contratación, hecho este de gran trascendencia en la medida en que, por cada punto de PIB que varía la construcción, se crean o se destruyen 230.000 puestos de trabajo. La construcción ha representado el 12% antes de la crisis y ahora está en el 5%, por debajo de su nivel medio.

Asimismo, las transacciones de vivienda en España, en términos trimestrales, han subido a un ritmo cercano al 15%, lo que acelerará la desaparición del stock (casas construidas sin vender), que los expertos sitúan en 580.000 viviendas. Cabe recordar que fueron 35.000 las casas construidas al año (julio 2013-julio 2014) mientras que las ventas de nuevas casas ascendieron a 150.000 el pasado año, frente a un máximo histórico de 326.000 viviendas. En una economía estabilizada se venden aproximadamente 200.000 viviendas al año, por lo que entra dentro de lo normal pensar en un mayor dinamismo del sector inmobiliario.

En la economía y en la tecnología, las circunstancias favorables, y a veces fortuitas, tienen tanta relevancia como el trabajo sistemático, incluso en Alemania. En 1845, el químico alemán Schonbein, haciendo un experimento en su casa, derramó una mezcla de ácido nítrico y sulfúrico y, para secarlo, utilizó el delantal del algodón de su mujer. Colgó el delantal a secar en la estufa, pero, una vez seco, detonó y desapareció. Había convertido la celulosa del delantal en nitrocelulosa. La nitrocelusa hizo posible la pólvora sin humo, esencial para la industrialización, que permitió un aumento de la renta de cada español en más de un 60 por ciento entre 1840 y 1900. Por su potencial como propulsor en los proyectiles de artillería recibió el nombre de algodón pólvora. Esta técnica imposibilitaba, luego del disparo, revelar la posición estratégica de la pieza. En algunas guerras, como en la de Cuba, dio ciertos beneficios al ejército español, pero razones ajenas a la tecnología y el uso de la pólvora, hicieron malograr esas ventajas adquiridas. Nuestra economía puede que tenga a su alcance pólvora sin humo, pero incluso ese recurso hay que utilizarlo con inteligencia, en un país que, como decía Ortega se mueve “en compañía del enojo y la esperanza, pareja española”.

 

Carlos Balado es subdirector general y director de Comunicación, Marca y Relaciones Corporativas de Popular

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