Editorial

Un sector exterior que ayude a despegar

La ofensiva internacional que España ha llevado a cabo en los últimos años ha sido uno de los escasos, pero fundamentales, motores con los que ha contado nuestra economía durante la crisis. Los años de bonanza en los que las grandes empresas españolas afianzaron su presencia en el exterior han ido seguidos de un renovado esfuerzo por abrir mercados, lo que ha llevado al sector exterior a pasar de exportar el equivalente al 24% del PIB en 2009 al 35% actual. Esa gesta fue amplia y justamente reconocida ayer en el encuentro empresarial sobre el Plan Estratégico de Internacionalización y Mercados Prioritarios 2014-2015, organizado por el Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC), el Gobierno y la patronal CEOE, bajo la presidencia del Rey, que reunió a una amplia representación del mundo empresarial.

Como señaló el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, de no ser por el potente impulso exportador, la tasa de paro en España habría llegado al 30% y el deterioro económico habría sido sustancialmente mayor. El mérito de ese esfuerzo pertenece inequívocamente a las empresas españolas –en especial, a las grandes compañías– que han demostrado con creces su profunda capacidad de transformación ante los cambios y las dificultades. España ostenta hoy el segundo puesto entre los países que más incrementan sus exportaciones en la zona euro, y ha logrado pasar de una situación de déficit por cuenta corriente hasta 2012 a un superávit de alrededor del 1,5% del PIB este año. Pese a ello, el mercado exterior ofrece todavía un amplio recorrido que debe aprovecharse. Aumentar el peso de las exportaciones en el PIB, diversificar unas ventas demasiado concentradas en la zona euro y elevar el número de empresas exportadoras son algunos de los retos que tiene en este terreno la economía española.

A ello hay que sumar lo que constituye el siguiente paso en el proceso de globalización del tejido empresarial: internacionalizar las pymes y aumentar el tamaño de las compañías exportadoras. Como recordó ayer el presidente del CEC, César Alierta, de las 160.000 compañías que exportan en España, solo el 0,7% son grandes empresas. Si ese porcentaje aumentara, España podría crear un millón de empleos hasta 2018, un objetivo lo suficientemente atractivo como para poner todos los recursos posibles a su servicio. En esa tarea la gran empresa española tiene una misión específica: servir de guía para las pequeñas compañías que todavía no han logrado dar el salto internacional. Así lo contempla el plan para competir en el exterior que el Gobierno y las organizaciones empresariales están diseñando en común y que previsiblemente deberá estar listo en 2015. La hoja de ruta de ese proyecto es muy clara: elevar el peso del sector exterior en el PIB e involucrar en ese proceso a todos los agentes con capacidad para llevar a cabo aportaciones valiosas, desde las grandes empresas hasta las comunidades autónomas e instituciones.

Los beneficios de ese proyecto van mucho más allá del sector exterior y pueden suponer un potente impulso para la recuperación económica. La Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas) revisaba ayer al alza su previsión de crecimiento para este año y el próximo, que cifra en un 1,4% y en un 2,4%, respectivamente. Funcas, que va más allá de las cifras del Gobierno, apunta a las medidas del Banco Central Europeo, la caída del precio del petróleo, la rebaja del IRPF y la depreciación del euro como sustento de sus cálculos. Ello es cierto, como también lo es que junto a esos mimbres coexisten riesgos. Bruselas y el BCE alertaron ayer de la vulnerabilidad de la economía española ante posibles cambios en la confianza de los mercados y criticaron la lentitud de nuestro país en materia de reformas: laborales, fiscales, de liberalización de servicios profesionales y unidad de mercado, entre otras. Mariano Rajoy ha reiterado hasta la saciedad su intención de seguir reformando la economía, al tiempo que ha demostrado con creces que es capaz de tomar decisiones difíciles. Ahora le toca reanudar ese esfuerzo y culminar una tarea que aún no está terminada.