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Cameron se aleja del abismo

El primer ministro de Reino Unido, David Cameron, estaba a punto hace un mes de defender la introducción de cuotas de inmigrantes de la Unión Europea. Habría sido imposible poner en marcha esta política. Habría sido como burlarse de uno de los principios fundamentales de la Unión Europea –la libre circulación de personas–.

Si Cameron hubiera hecho tal promesa y no la hubiera cumplido, habría tenido que hacer campaña para sacar a Reino Unido de la UE en el referéndum que quiere celebrar a finales de 2017. La gente podría haber seguido la idea del primer ministro y la economía británica podría haber quedado gravemente dañada, aunque solo fuera porque las empresas habrían perdido el pleno acceso al bloque del mercado único.

Todo esto, por supuesto, habría estado supeditado a que Cameron ganara las elecciones generales de mayo. Sin ello, no estará en condiciones de mantener su promesa de un plebiscito sobre la pertenencia o no a la UE.

Al final, el primer ministro reaccionó. La canciller alemana, Angela Merkel, y otros líderes le pidieron que descartara las cuotas, igual que algunos empresarios británicos. En su discurso del 28 de noviembre, Cameron centró la atención en frenar el acceso de los migrantes a las prestaciones del gobierno, algo que parece realizable.

El primer ministro hizo hincapié en las ventajas que Reino Unido recibió de la inmigración: “Somos Reino Unido debido a la inmigración, no a pesar de ella.”

El primer ministro británico quiere negar a los inmigrantes de la UE el acceso a ciertos beneficios

La dureza de Cameron sobre la inmigración es el resultado de la presión a la que se ve sometido tanto por parte de los euroescépticos de su propio partido conservador como por la creciente fuerza del Partido por la Independencia de Reino Unido, que quiere que el país salga de la UE.

Esto se debe principalmente a que prometió reducir la migración neta anual –el número de quienes llegan al país, menos el de los que salen– a decenas de miles, pero no pudo cumplir. En el primer semestre, la cifra fue de 260.000, un 43% más que el año anterior.

La pieza central de la nueva política de Cameron es negar a los inmigrantes de la UE el acceso a los beneficios relacionados con el trabajo a no ser que hayan estado viviendo en Reino Unido durante cuatro años. Cree que estos subsidios –principalmente concebidos para cubrir los bajos salarios, ayudar en la crianza de los hijos y subvencionar el alquiler– son una de las principales razones por las que los trabajadores no cualificados del resto de la UE se sienten atraídos por Reino Unido, que genera muchos nuevos puestos de trabajo. Para alguien con salario mínimo y dos hijos, ascienden a 700 libras (casi 900 euros) al mes.

Privar de este subsidio a los trabajadores con salarios bajos –y otras medidas similares– tendrá algo de impacto en las cuentas británicas, pero no está claro que vaya a tener gran efecto.

La cuestión es si Cameron puede cumplir un programa que dependa de negociaciones con sus colegas de la UE. Esto no es algo que pueda imponer unilateralmente. Negar a los ciudadanos de la UE las prestaciones a las que pueden acceder los nativos es discriminatorio y contrario a las leyes del bloque.

Cameron parece pensar que tiene que cambiar los tratados de la UE para seguir adelante. El problema es que este es un proceso laborioso, que requiere el acuerdo unánime de los 28 estados miembros. Cualquiera de ellos podría poner un palo en las ruedas o exigir algún tratamiento especial a cambio de su apoyo.

Sería, por lo tanto, mejor proceder simplemente cambiando la legislación de la UE. Algunos expertos, como Damian Chalmers, profesor de Derecho de la UE en la London School of Economics, piensan que sería suficiente. Solo haría falta una mayoría cualificada de los miembros –que representa el 65% de la población de la UE–.

Tal vez a algunos países del este de Europa no les guste esta política, pero les resultaría difícil bloquear la votación. Cameron también ha insinuado que podría hacer campaña para abandonar la UE si no se sale con la suya.

Es una lástima que haya invertido tanto capital político en este tema. Hay otras cuestiones económicamente más importantes en la agenda de la UE, tales como completar la creación de un mercado único de servicios, negociar un tratado de libre comercio con Estados Unidos o unir los mercados de capitales. Pero todo el mundo puede respirar aliviado ya que Cameron no ha saltado al abismo.